Sir Vinnie Jones

Criado en una familia de clase obrera de Watford, Hertfordshire, se marchó de casa con apenas 16 años para tratar de hacer realidad su sueño: convertirse en jugador profesional de fútbol. Primero probó en el modesto Wealdstone como amateur, alternando sus entrenamientos con un trabajo a tiempo parcial como peón de obra. Después viajó a Suecia, para firmar por el IFK Holdsmund, donde permaneció a prueba y en 1986, previo pago de 10 000 libras, fichó por el Wimbledon, un recién ascendido a Primera División. Allí no tuvo precisamente un buen debut, como él mismo recuerda: “El día de mi debut con el Wimbledon, el viejo utillero del equipo entró en el vestuario y le pregunté cómo estaba jugando y me contestó ‘Tengo 85 años y si me dieran la camiseta con el 4, lo haría mejor”. Sin embargo, Vinnie se sintió como en el jardín de su casa jugando para los “dons”, sobre todo después de su hacerse famoso por haber retirado del fútbol a Gary Stevens después de una entrada terrorífica. Rey de las malas artes y provocador constante, Vinnie pronto alcanzó fama de enterrador de estrellas rivales y se labró una reputación de violento que comenzó a ser legendaria en los estadios. Y él, lejos de arrepentirse de sus acciones, se jactaba de ellas en los periódicos: “Si vas a por mí, mejor que acabes conmigo o seré yo el que vuelva a por ti. 

Y es que Vinnie Jones jamás amenazaba en vano. Paul Gascoigne, entonces estrella emergente del Newcastle, pudo comprobarlo. Vinnie sometió a Gascoigne a un marcaje que nadie podría olvidar jamás. Su ‘hazaña’ consistió en derribar 14 veces a Gazza, en escupirle en la cara y amenazarle de muerte. Gascoigne señaló: “Se me acercó y me dijo: ‘Me llamo Vinnie Jones, soy gitano, gano mucho dinero. Te voy a arrancar la oreja con los dientes y luego la voy a escupir en la hierba. ¡Estás solo, gordo, solo conmigo!’”. Jones fue mucho más lejos, tal y como muestra una de las fotografías más famosas del fútbol británico, agarró de los huevos a Gascoigne como si pretendiera arrancárselos. Una vez consumada la agresión después del partido, Gazza contestó a su manera a Jones enviándole un ramo de rosas con una nota y Vinnie, sin demasiado sentido del humor, devolvió el obsequio y le mandó una escobilla de water. Años después remató la cuestión (“es increíble que Paul pueda seguir usándolos ¿verdad?”) y propuso que un reality show lanzara a Gascoigne en una isla desierta para ver cómo se las apañaba (“creí que sería bueno para su cuerpo y su mente”).

Otro ilustre del fútbol mundial, el holandés Ruud Gullit, también fue víctima de Vinnie: “Es una cucaracha ladrona, pero si todo falla con Gullit, siempre puedes esperar al primer córner y atar sus trenzas al poste de la portería”. En esa ocasión, por fortuna para Gullit, Vinnie no cumplió su amenaza. La pelota no era su fuerte, todo lo contrario, prefería verla bien lejos y no le importaba reconocer sus limitaciones: “No puedo correr, no sé pasar, no puedo frenar a nadie y no sé disparar… pero todavía estoy aquí”.

Su entrenador,Dave Basset, tenía claro a quién dirigía: “En este club los únicos hooligans son los jugadores”. Instalado en la zona noble de la tabla a base de patadas y un fútbol tan feo como efectivo, el Wimbledon se puso de moda durante tres años, años en los que se le atribuyó el apodo de “The Crazy Gang” (La pandilla de los locos). Tommy Docherty, mítico entrenador escocés, les definía así: “El Wimbledon tiene tanto encanto como una botella rota de cerveza”. Un pensamiento compartido por Gary Lineker, que en su faceta de comentarista de la BBC no dudó en proclamar:“Al Wimbledon es mucho mejor seguirle en el teletexto que en el campo”. Al calor de Vinnie Jones, quebrantahuesos y líder espiritual del equipo más sucio de la historia contemporánea del fútbol británico, se hicieron populares los nombres de Dennis Wise (que llegó a morder el brazo de Marcelino, jugador del Mallorca), de Dave Beasant (“este equipo es una fábrica de moratones”) y de Lawrie Sánchez (uno de los pocos virtuosos del equipo). Precisamente Sánchez fue el autor del único título de aquel Wimbledon, que dio la sorpresa al derrotar al Liverpool en la final de la FA Cup en Wembley. Aquella tarde, los “dons” destrozaron a uno de los equipos más técnicos del país; Vinnie Jones se mostró exultante y Tommy Docherty, mito del fútbol británico, hizo una broma que quedó para los anales de la historia: “El himno del Liverpool es ‘Nunca caminarás sólo’, el del Wimbledon es ‘Nunca volverás a caminar’”. Algunos jugadores del Wimbledon, con el paso del tiempo, reconocieron que la noche antes de aquella final ante el Liverpool todos se cogieron una borrachera antológica en un pub donde, según cuenta la leyenda, Vinnie se marchó…sin pagar.

Esa época dorada del Wimbledon fue el escaparate perfecto para que Vinnie Jones, se mudase a pastos más verdes. El Leeds United decidió contratarle por 600.000 libras. Howard Wilkinson, su entrenador, dijo que se había decantado por Vinnie para “imprimir carácter” a su equipo y él se lo tomó al pie de la letra. En su primer día de entrenamiento se dedicó a “imprimir carácter” a uno de sus compañeros, Bobby Davison, que tuvo que marcharse del campo después de recibir un puñetazo en plena cara. Una vez transmitido su mensaje en el vestuario, Jones asumió la jefatura y fue líder de un equipo histórico en horas bajas que, a final de temporada, logró ascender. Tras un breve periplo en el Sheffield United y en el Chelsea, el hijo pródigo del Wimbledon regresó a casa y jaleado por su hinchada Jones fue un paso más allá. El 28 de noviembre de 1992 protagonizó y comercializó un vídeo llamado Soccer’s Hard Men, un recopilatorio de entradas duras e imágenes violentas en el que Vinnie explicaba, con todo lujo de detalles, cómo efectuar un piquete de ojos, cómo amedrentar a un delantero o cómo pegar una patada que pudiera lesionar al contrario.“No hay para tanto en el vídeo sólo imparto lecciones de lo que hago en el campo”. El presidente del Wimbledon, Sammy Hammam, no daba crédito: “Este chico tiene un cerebro de mosquito”. Pero a pesar de los esfuerzos de las autoridades inglesas por retirar el vídeo de los comercios, la cinta fue un éxito de ventas sin precedentes y él se jactaba: “Cuando derribo a un rival le ayudo a levantarse, le pongo las manos en las axilas y le tiro con fuerza de los pelos”. Vinnie, que llegó a acumular más de 40 sanciones disciplinarias, tuvo que pagar una multa de 20.000 libras esterlinas por su vídeo. “¿Yo un provocador? No, soy sólo Vinnie Jones, juego al fútbol y me gustaría marcar diez goles esta temporada, pero no creo que la Federación me deje jugarla entera”. También fue amenazado con una suspensión indefinida, pero él siguió a lo suyo: “La Federación me ha dado una palmadita en la espalda porque he acabado con la violencia en las gradas. Yo la he llevado al campo”.

“Demasiado loco y sucio” como para poder actuar en la selección inglesa, Vinnie jugó un puñado de partidos con la selección de Gales gracias a la ascendencia de su abuela materna. Al conocer la convocatoria de Jones un mito del fútbol británico, Jimmy Greaves, definió la internacionalidad de Vinnie así: “Que me apedreen, tenemos la cocaína, la corrupción, incluso el Arsenal marcó dos goles en casa el otro día, pero justo cuando piensas que no te queda nada por ver en el fútbol resulta que te cuentan que Vinnie Jones es internacional“. Con Gales, faltaría más, tambíen brilló con luz propia por ensañarse con los delanteros rivales y también dejó una frase lapidaria para el recuerdo:“¿Que si quiero jugar el Mundial? hombre, soy Vinnie Jones, pero eso es imposible, juego con Gales”. Nunca llegó a jugar una fase final de la Copa del Mundo, es más, su paso por la selección galesa fue un vía crucis: no ganó ni un solo partido. Tras siete partidos como nuevo jugador de su último equipo, el Queen’s Park Rangers, colgó las botas con 330 encuentros disputados y una hoja de servicios terrorífica. En su currículum aparecían 12 expulsiones (segundo jugador más expulsado de la historia de la Premier) y un récord mundial: la expulsión más rápida de la historia (vio la tarjeta roja en tres… segundos).

En sus últimos días como jugador de fútbol, la vida de Vinnie se cruzó con la de Guy Ritchie  que le ofreció un papel como actor principal del film Lock and Stock (1998), donde interpretó a Big Chris, un matón a sueldo que le vino a Jones como anillo al dedo. La película lanzó al estrellato a Ritchie y sirvió para que recibiera el ‘Empire’ a mejor actor debutante. La crítica no salió de su asombro cuando, de la mano de Guy Ritchie, Vinnie alcanzó fama mundial al interpetar a ‘Tony Dientes de bala’ en la caótica y genial Snatch: Cerdos y Diamantes (2000), junto a Brad Pitt o Jason Statham. Gracias a Snatch las puertas de Hollywood se abrieron, de par en par, para Vinnie. Mean Machine, X-Men60 segundos y Operación Swordfish —con John Travolta y Halle Berry— le catapultaron a la condición de icono del cine. Increíble, pero cierto. El tipo más violento y áspero de la historia del fútbol se convirtió en una estrella del cine de acción. “Con el tiempo me veo en pelis de acción con Bruce Willis, eso me gustaría”. Él, por supuesto, asume su éxito en las taquillas pasando la correspondiente factura a los críticos, como cuando rompía la tibia de un rival: “Cada vez que ruedo una película los críticos dicen que será la última película de Vinnie Jones. La próxima que voy a rodar será en Australia, y será mi película número treinta”.

Entre patada y patada, entre película y película, ha tenido tiempo para publicar su autobiografía Vinnie: The Autobiography, para lanzar un disco al mercado, Respect, y para colaborar con el Partido Conservador. También fue condenado a 100 horas de servicio a la comunidad por asaltar a un vecino, amenazó de muerte a la tripulación de un vuelo y fue detenido en Dakota del Sur por una pelea de bar en la que fue agredido con una botella de cerveza. Tiene cinco tatuajes en su cuerpo: una rosa en el antebrazo izquierdo, un tatuaje de la Copa FA en su pierna derecha, otro del Leeds en su pierna izquierda, otro en honor a su capitanía con Gales en el pecho y los nombres de su familia: Tanya, Aarón y Kayley en mitad de sus hombros. Se define a sí mismo como “la persona más agradable que conozco” aunque en la puerta de su casa se encuentra un letrero que reza así: “No tengas cuidado con el perro, pero sí con el dueño”.

Todo un personaje. !Salud!

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