Fight between romanian football hooligans

 

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Origen del pantalón Chino

La historia de éste pantalón tiene un origen tan simple como poco pulcro. Sir Harry Lumsden, comandante inglés destinado en India cuando era colonia británica, decidió teñir los uniformes de sus tropas, que hasta ese momento eran blancos. El motivo no era otro que disimular la suciedad, y el color resultante, el famoso caqui.
Hoy, denominamos a éste tipo de pantalón “chino” porque fue China el país que los exportó a Filipinas. Allí los descubrieron los soldados norteamericanos durante la guerra de 1897. Al volver a su país, consiguieron popularizarlos entre sus compañeros, y la mayoría preferían exportarlos de Filipinas a continuar utilizando los que estaban disponibles en las tiendas del ejército. Hasta la década de los 30 no se estandarizó como parte del uniforme de verano.
Después, la literatura y los tintes heroicos del conflicto, lograron extender la fama de estos pantalones por todo el mundo.

En definitiva una prenda elegante y cómoda.

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The Fir por el mundo: Bangkok

Hoy me salgo de los artículos habituales, en los que comento mis experiencias en partidos de fútbol en campos, por así decirlo “exóticos”, para contar lo que fue una velada de Muay Thai en Bangkok.

Como buen enfermo de las artes marciales, no podría dejar pasar la oportunidad de ver una velada en uno de los sitios emblemáticos del Muay Thai, el Lumpinee Boxing Stadium.

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En Bangkok, hay veladas los martes, los viernes y los sábados en el Lumpinee Boxing Stadium y los lunes, miércoles, jueves y domingo en el Estadio Ratchadamnoen.

El Lumpinee depende directamente del ejército Tailandés y los beneficios que generan van directamente a sus arcas.

En Tailandia, el Muay Thai es el deporte rey. Es una de las pocas vías que tienen los Tailandeses para salir de la pobreza.

A la mañana fuimos a por las entradas, y de paso aprovechamos para comprar material para la práctica de este deporte, en la tienda contigua al estadio. Por la noche nos acercamos al recinto a disfrutar de la velada Compramos unas entradas a pie de ring, y como todo, tuvo su parte positiva y su parte negativa.

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La positiva; que pudimos observar a los luchadores y sus entrenadores a 3 metros de distancia, disfrutando con todos los detalles, la negativa, aguantar los comentarios de otros turistas que estaban viendo la velada como parte de su “tour”.

Comentarios del tipo “Eso tiene que doler”, “Esto es un teatro, no se pegan de verdad”, hacían que a uno le entraran ganas de liarse a sillazos.

El “stadium”, de “stadium” solo tenía el nombre, era una especie de nave hexagonal no muy alta, con un tejado de uralita agujereado del que colgaban una serie de ventiladores, la temperatura en el interior era altísima. No se si habréis visto la película Kickboxer de Jean Claude Van Dame, pero era lo más parecido al escenario de la misma.

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El Ring, en el centro del recinto, perfectamente iluminado, dejando el resto de la estancia medio a oscuras, lo que hacia más auténtico el recinto. Alrededor del cuadrilátero, las sillas, ocupadas principalmente por turistas y detrás, una especie de gradas en las que el personal se desgañitaba animando y apostando.

Las gradas contaban con sus vallas para evitar que el público saltara a la zona del ring, y antes de cada combate, los luchadores realizaban la danza Wai khru ram muay, en la que simulan movimientos de diferentes animales.

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En la velada que presencié se enfrentaron luchadores de dos gimnasios.Uno era el del gran luchador Buakaw Por Pranuk (campeón del K1 MAX en los años 2004 y 2006).

Muchos de los luchadores tailandeses, para darse a conocer, adoptan el nombre del gimnasio al que pertenecen, de esta forma, el gimnasio era Por Pranuk.

Los primeros combates que presenciamos eran de niños de no más de 13 o 14 años, era espectacular y cruel a la vez observar a esos niños luchar, combatiendo como si les fuera la vida en ello, celebrando el toque de campana como si estuvieran poseídos, pero era aún peor ver el comportamiento de sus familias desgañitándose en las esquinas animando a su pequeño luchador.

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Visto esto, es normal que sea difícil luchar contra Tailandeses, llevan combatiendo desde la infancia, lo que les hace ser muy duros, y adquirir una experiencia que en Europa se alcanza con una edad mucho mayor.

Los combates eran por orden de pesos, siendo primeros los más ligeros.

El nivel de los combates, bastante bueno, aunque en algunos casos, se veía a luchadores desfondados demasiado pronto, sobre todo a los más jóvenes que descargaban su energía en los primeros envites.

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En mitad de la velada, dos luchadores realizaron un combate de exhibición, en el que dos luchadores con las manos vendadas, simulaban un combate haciendo todo tipo de piruetas y malabarismos.

Una experiencia que recomiendo para todo aquel que visite la capital Tailandesa, ante la imposibilidad de ver un partido de fútbol, considero que es una muy buena alternativa. Muy auténtico el sitio y espectacular el ambiente en el graderío.

Si alguna vez estáis por Bangkok, os aconsejo ir al estadio y adquirir las entradas allí, ya que si lo haces por medio de hotel o de algún agente turístico, el precio de las mismas se disparará.

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