Carlos Henrique Raposo “kaiser”

La historia del ‘futbolista’ brasileño Carlos Henrique Raposo es de las más curiosas vista en el deporte rey. El jugador fue profesional durante 20 años sin necesidad de pisar un terreno de juego.

Este personaje tenía muchos contactos que le llevó a jugar en grandes equipos de Brasil, México y Francia. A finales de los años 80 comenzó su andadura por el mundo del fútbol, tras llevarse bien con futbolistas como Ricardo Rocha, Romario, Edmundo o Bebeto entre otros.

La discoteca era su lugar de trabajo, se preocupaba de que no le faltara nada a ninguno de sus amigos futbolistas, además se encargaba de convencerles de que era un gran jugador, físicamente era muy parecido a Beckenbauer, por ello le apodaban el Kaiser.

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El primer contrato le llegó en el Botafogo en 1986, donde no jugó ni un solo partido. Según cuenta el exjugador, “Hacía algún movimiento raro en el entrenamiento, me tocaba el muslo, y me quedaba 20 días en el departamento médico. En esa época no existía la resonancia magnética. Cuando los días pasaban, tenía un amigo dentista que me daba un certificado de que tenía algún problema. Y así, pasaban los meses”.

Pese a no jugar ni un minuto en el Botafogo firmó por el Flamengo, donde estaba su amigo Renato Gaúcho, quien asegura que era muy malo, “Sé que Kaiser era un enemigo del balón. En el entrenamiento acordaba con un colega que le golpeara, para así marcharse a la enfermería”. Su segundo equipo y de nuevo cero minutos disputados.

Cuando empezaban a dudar de su profesionalidad, Carlos Henrique se montaba una película nueva, como llevar un teléfono de último modelo y hablar inglés para que todos se creyeran que negociaba con un club europeo. Hasta que un doctor británico que trabajaba en el Flamengo le pilló, al tener una conversación sin sentido y ver que el móvil era de juguete.

Otros de sus fieles amigos era la prensa, Raposo hacía regalos y se llevaba bien con todos los medios, por lo que a cambio de algunos favores hablaban bien de él.

Cansado de engañar en Brasil se fue a México, al Puebla, donde tampoco disputó ningún minuto, “yo firmaba el contrato de riesgo, el más corto, normalmente de unos meses. Recibía las primas del contrato, y me quedaba allí durante ese periodo”

En 1989 volvío a Brasil y ocurrió una de las mejores anécdotas de esta surrealista vida. Primera vez en su carrera que el jugador es convocado para un partido y lo más sorprendente, le mandaron a calentar para jugar unos minutos. Carlos Henrique, procuró no jugar peleándose con un aficionado por lo que fue expulsado.

El entrnador en el vestuario iba a gritarle cuando el futbolista le dijo, “Dios me dio un padre y después me lo quitó. Ahora que Dios me ha dado un segundo padre –refiriéndose al técnico- no dejaré que ningún hincha le insulte”.

Después pasó por el América, Vasco de Gama o Fluminense, y seguía sin jugar un minuto, “nos concentrábamos en un hotel. Yo llegaba dos o tres días antes, llevaba diez mujeres y alquilaba apartamentos dos pisos debajo del piso en que el equipo se hospedaría. De noche nadie huía de la concentración, lo único que teníamos que hacer era bajar las escaleras”, así es como el futbolista se ganaba a sus compañeros.

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El exjugador del Real Madrid Ricardo Rocha era uno de sus grandes amigos, pero era consciente que no era futbolista. “Es un gran amigo, una excelente persona. Pero no sabía jugar ni a las cartas. Tenía un problema con el balón. Nunca lo vi jugar en ningún equipo. Te cuenta historias de partidos, pero nunca jugó un domingo a las cuatro de la tarde en Maracaná, estoy seguro”, comenta el que fuera jugador del Real Madrid, que añade “en una disputa a mayor mentiroso, Pinocho perdería con Kaiser“.

Entonces llegó a Europa, en Francia debutó con el Ajaccio, y el día de su presentación vio un estadio lleno de aficionados y muchos balones por lo que decidió enviar todos los balones a la grada mientras se besaba el escudo para evitar dar un solo toque.

“El estadio era pequeño, pero estaba lleno de aficionados. Pensaba que sólo tenía que saltar al césped y saludar, pero entonces vi que había muchos balones en el campo, y que tendríamos que entrenar. Me puse nervioso, en mi primer día se darían cuenta de que no sabía jugar”.”Salté al campo, y comencé a coger todos esos balones y patearlos hacia los aficionados. Al mismo tiempo saludaba y me besaba el escudo. Los aficionados enloquecieron. Y en el césped ya no quedaba ni un balón”.

El futbolista jugó durante 20 años y en total jugaría unos 20 partidos como mucho, todos en el equipo francés, colgó las botas con 39 años sin arrepentirse de nada de lo que hizo, “No me arrepiento de nada. Los clubes han engañado y engañan mucho a los futbolistas. Alguno tenía que vengarse por todos ellos”.

Así terminó la larga y peculiar carrera del mayor estafador del fútbol de élite.

Pablo Pla

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