Cuando el balón rodó en La Realidad

Os propongo un viaje a México, tierra de olmecas y mayas, de grandes monumentos, pirámides y cenotes, de deliciosa gastronomía, de mezcal y tequila, de peculiares músicas y danzas, de alegres y nostálgicas canciones. En resumen, tierra de multiculturalidad. Pero el viaje no va a ser al uso, porque vamos al México menos conocido, al México más olvidado, al México indígena. Viajamos al rincón sureste del país, frontera con Guatemala, al Estado Libre y Soberano de Chiapas.
Podría decirse que Chiapas es la región de la diversidad por excelencia, a todos los niveles. Por un lado diversidad morfológica, biológica y climática. La mezcla de zonas selváticas, valles y grandes llanuras le otorga a esta región una complejidad geográfica excelente. Posee varias zonas declaradas reservas de la biosfera debido a la riqueza de sus ecosistemas, con especies de animales y plantas endémicas. Diversidad también a nivel humano. En esta región existe una gran variedad de etnias y grupos indígenas, hasta doce etnias diferentes coexisten en su territorio. Chiapas tiene los más altos niveles de desnutrición, analfabetismo y pobreza extrema de todo México. La tercera parte de la población es de origen indígena y ha sufrido constantemente racismo y discriminación. Por ello, no resulta casual que en esta región se haya vivido una de las historias de lucha y resistencia indígena más importantes de cuantas se conocen. Al hablar del conflicto indígena en Chiapas rápidamente nos vienen a la mente unas siglas: EZLN.

 Campamento zapatista en la selva Lacandona, 1994.

Campamento zapatista en la selva Lacandona, 1994.

El 17 de noviembre de 1983 tres indígenas y tres ladinos (indígenas o mestizos que usan el castellano como primera lengua) instalaron el primer campamento en la selva Lacandona, de lo que sería a la postre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Desde ese día empezó a ondear la estrella roja sobre fondo negro en lo que se ha denominado “el último rincón de la patria”: las montañas del sureste mexicano. Existen varias teorías sobre la llegada de este grupo a la selva de Chiapas. Unas sostienen que eran parte de un plan nacional, en el que pequeñas células se dividieron el territorio mexicano, para que cada una creara la situación propicia para dar un cambio político y social a través de las armas. Otras, que la geografía chiapaneca, junto a la existencia de semillas de organizaciones sociales que pudieran con el tiempo mutar en organizaciones combatientes, llevaron al grupo a la selva Lacandona. Sea cual fuera la razón de su llegada, este pequeño grupo se convirtió, una década más tarde, en un ejército que mantuvo en jaque al poder mexicano. A partir de 1985, las demandas de las organizaciones chiapanecas cambiaron. A la lucha por la tierra se sumaron las demandas por la libertad política y democracia, y junto a ellas, las de carácter indígena: dignidad, igualdad y respeto a su cultura. Estos cambios constituyeron la base de una conciencia indígena más amplia y unas reivindicaciones más allá de lo local, base de las demandas del EZLN.
En esos años, el EZLN reclutó combatientes y se comenzó a aclimatar a la vida en la selva. El contacto de los rebeldes con las comunidades indígenas generó un crecimiento en sus filas que resultaría imparable, gracias a la buena adaptación del plan revolucionario original a la realidad y necesidades de los habitantes de la región. Para 1990 contaban ya con varios miles de hombres y mujeres en armas. Aunque su esquema de regiones hacía poco operativo su funcionamiento, la propia capacidad organizativa de las comunidades indígenas era la que solucionaba el problema. Representantes de las siete etnias que componían el EZLN (tzotzil, tzeltal, tojolabal, chol, mame, zoque y mestiza) dieron vida a una amplia estructura que fue, a partir de entonces, la que dirigiera políticamente el ejército rebelde.

Entrenamiento del EZLN en Chiapas, mayo de 1994.

Entrenamiento del EZLN en Chiapas, mayo de 1994.

El 12 de octubre de 1992, cuando se cumplía el 500 aniversario del descubrimiento de América y del “inicio del genocidio y masacre de los pueblos amerindios”, 8.000 indígenas ocuparon las calles y plazuelas de San Cristóbal de las Casas, población mayoritariamente racista. No fue una movilización común. La presencia de cientos de mujeres y su disciplina, rozando lo militar, llamó la atención. Se dice que el grueso del EZLN participó en la toma de la ciudad. Sin duda fue el precedente de lo que sucedería en el 94.
El 1 de enero de 1994, media hora después del inicio del año, el EZLN entró por las calles de San Cristóbal de las Casas. Más de 900 combatientes tomaron la ciudad para recordar a México y al mundo que existía otro México que no era el firmante del TLC (Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá), un México olvidado. Cayeron además en manos del ejército insurgente las cabeceras municipales de Ocosingo, Margaritas, Altamirano, Chanal, Oxchuc y Huistán. De camino a sus destinos, los grupos del EZLN fueron desarmando a cientos de guardias blancas (grupo paramilitar del PRI, partido gobernante), que personificaban la represión sufrida por los indígenas.

Ejército Zapatista en la toma de San Cristóbal de las Casas, 1994.

Ejército Zapatista en la toma de San Cristóbal de las Casas, 1994.

Sin duda alguna, la toma más importante fue la de San Cristóbal, donde siempre habían sufrido racismo y humillación. Esta población fue entonces la ventana por donde se asomaron a explicar al mundo quiénes eran y qué reivindicaban. Las paredes de la ciudad fueron tapizadas con la 1ª Declaración de la selva Lacandona, con el lema “Hoy decimos ¡basta!”, donde se explicaban las razones del alzamiento y se proclamaba una Declaración de Guerra desafiando al Ejército Mexicano. Incluía además seis órdenes para el ejército insurgente como instrucciones a seguir.

“Pero nosotros HOY DECIMOS ¡BASTA!, somos los herederos de los verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad, los desposeídos somos millones y llamamos a todos nuestros hermanos a que se sumen a este llamado como el único camino para no morir de hambre ante la ambición insaciable de una dictadura de más de 70 años encabezada por una camarilla de traidores que representan a los grupos más conservadores y vende-patrias.
Por tanto […] emitimos la presente DECLARACIÓN DE GUERRA al ejército federal mexicano, pilar básico de la dictadura que padecemos, monopolizada por el partido en el poder y encabezada por […] su jefe máximo e ilegítimo: Carlos Salinas de Gortari.”

Extraído de la 1ª Declaración de la Selva Lacandona.

Quienes leían esta Declaración explicaban igualmente el porqué de sus pasamontañas. No era por miedo. No querían caer en protagonismos. Querían dejar claro que su dirección era colectiva. Con el pasamontañas no había rostros, cualquiera podía ser zapatista. Como Marcos dijo en una entrevista años después: “decidimos esconder nuestro rostro porque antes no nos veían. Los indios eran invisibles, inexistentes. Paradójicamente, ha sido escondiendo nuestros rostros como nos han visto y nos hemos convertido en visibles”.

 Guerrilleros en la selva, 1994.


Guerrilleros en la selva, 1994.

Los insurgentes se refirieron a las causas de su sublevación. En la plaza central de San Cristóbal hablaban de hambre, de miseria y marginación, de carencia total de tierras. Explicaron que las únicas respuestas del Gobierno a las justas demandas del pueblo habían sido represión, desalojo, encarcelamiento, tortura y asesinato. Indicaban la explotación brutal a la que les sometían, la falta de servicios, las mentiras y engaños por más de setenta años. Hablaban de derechos humanos, un concepto que nunca llegó a entenderse del todo en Chiapas. Entre las pintadas que realizaron las tropas zapatistas destacaba una que resumía en once los puntos básicos que, según los zapatistas, eran necesarios para que los mexicanos volvieran a ser “seres humanos”. Decía así: “Queremos techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”.

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Como era de esperar, las reacciones de los fusiles federales no se hicieron esperar y el Gobierno respondió con duras acciones que llenaron las páginas de los periódicos nacionales. A los pocos días, cuando los zapatistas ya estaban en clara retirada con el objetivo cumplido, los bombardeos aéreos indiscriminados fueron una constante. Así fue hasta el cese del fuego el 12 de enero y la Ley de Amnistía del 20 de enero. Marcos respondió al ofrecimiento del perdón con un comunicado que decía:

“¿de qué tenemos que pedir perdón?, ¿de qué nos van a perdonar?, ¿de no morirnos de hambre, de no callarnos nuestra miseria? […], ¿de habernos levantado en armas cuando encontramos todos los otros caminos cerrados? […], ¿de luchar por libertad, democracia y justicia? ¿Quién tiene que pedir perdón y quién otorgarlo?”

Los acontecimientos se sucedieron demasiado rápido. El EZLN no pensó que se llegara a un alto el fuego tan temprano, nunca imaginaron que la respuesta de la sociedad civil se convertiría en una auténtica ofensiva de paz. Aunque el Gobierno propició el diálogo, las causas no fueron la bondad e inteligencia de los gobernantes. Como tampoco lo fueron la habilidad política ni militar del Ejército Zapatista. La presión del sector popular, las páginas que llenó el conflicto en la prensa, junto con la necesidad del Gobierno de ganar tiempo y ver con quién estaba peleando, fueron las verdaderas causas que originaron el diálogo.

Subcomandante Marcos y Comandante Tacho en La Realidad, Chiapas 1999.

Subcomandante Marcos y Comandante Tacho en La Realidad, Chiapas 1999.

En este contexto y a lo largo de los años, el EZLN supo ir avanzando en sus negociaciones con el Gobierno. Realizó diversas acciones reivindicativas de hondo calado y fue abandonando progresivamente la vía militar para dar cabida a las demandas políticas. Un curioso instrumento apaciguador fue el deporte. En concreto el fútbol, que siempre ha sido el deporte más popular en los territorios zapatistas. Por supuesto, el fútbol no está a la altura en importancia que alimentación, sanidad, educación o transporte. Sin embargo el deporte puede resultar un instrumento importante para acercar objetivos y ganar representatividad y popularidad. Y lo cierto es que a través de él se recabaron importantes apoyos.
Javier “El Vasco” Aguirre, ex jugador internacional, fue uno de los que mostró su simpatía por la lucha insurrecta zapatista. De sobra conocido en España por su trabajo como entrenador en varios clubes de nuestra liga (Osasuna, Atlético de Madrid, Real Zaragoza y Espanyol), también en la propia Selección mexicana. En marzo de 1999, en el marco de la consulta nacional sobre derechos y culturas indígenas, se concretó una actividad inédita hasta entonces: un partido de fútbol. De un lado, la Selección insurgente del EZLN, del otro, un combinado de ex futbolistas entrenados por Javier Aguirre, que incluso disputó unos minutos. La brega concluyó con un combativo 3-5 favorable a los ex profesionales, pero el lema zapatista estaba claro: la única derrota es no seguir luchando. Javier Aguirre respecto a este partido comentó: “Los zapatistas llegaron al campo sin zapatos de fútbol, con botas militares, por lo que tuvimos que prestárselos nosotros. No quisieron desprenderse del pasamontañas para jugar”.

EZLN vs. Combinado ex-futbolistas mexicanos. Javier Aguirre de fondo. Marzo de 1999.

EZLN vs. Combinado ex-futbolistas mexicanos. Javier Aguirre de fondo. Marzo de 1999.

En campamentos como La Realidad, tanto hombres como mujeres disfrutan dando patadas al balón aunque no tengan ningún campo de fútbol. Como decía Aguirre, no tienen zapatos de fútbol y algunos tampoco poseen medias adecuadas. Pero todos, desde el portero hasta el delantero centro, portan sobre su rostro el pasamontañas. Sobre el fondo negro de sus camisetas, las grandes letras en el pecho enseñan que el once inicial no es otro que la selección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. El emblema es la estrella roja y el saludo al público de las gradas lo realizan llevando su mano izquierda hasta un extremo de la frente. Sobre la importancia del fútbol en las comunidades zapatistas es interesante una carta del Subcomandante Marcos dirigida a Eduardo Galeano, su lectura sirve para hacerse una idea de la pasión por el balompié en Chiapas, además de revelar la simpatía del líder zapatista hacia Peñarol.

 Selección de fútbol del EZLN.

Selección de fútbol del EZLN.

Años más tarde, el fútbol volvió a ser protagonista de otro episodio curioso. En abril de 2004 un grupo de paramilitares atacó e hirió a familias en bases de apoyo zapatistas y dañó el sistema de transporte de agua a indígenas en Zinacantán. A través de un dirigente, Bruno Bartolozzi, los graves incidentes llegaron a oídos de directivos y jugadores del poderoso Inter de Milán. El capitán interista, Javier Zanetti, es fundador y mecenas de la Fundación Pupi, una entidad que dedica esfuerzos y dinero a atender chavales en extrema pobreza en Argentina. Junto a su esposa Paula, el trasandino es también ferviente indigenista. “Con la Fundación Pupi apoyamos la lucha del pueblo mapuche de la Patagonia, donde les están quitando sus tierras”, cuenta la señora Zanetti. Ahora bien, con Chiapas el asunto fue distinto. “Como Javier es el capitán del Inter, una vez que Bartolozzi habló con él, los jugadores destinaron 2.500 euros para reparar el acueducto dañado en el ataque”, aclaró Paula. Javier Zanetti justificó la acción de su ayuda con estas palabras: “Creemos en un mundo mejor, en un mundo no globalizado, sino enriquecido por las culturas y costumbres de cada pueblo. Es por esto que queremos apoyarlos en esta lucha por mantener sus raíces y pelear por sus ideales”. Zanetti confesó, junto a sus compañeros, estar convencidos de compartir los mismos principios e ideales “en donde se ve reflejado el espíritu zapatista”.
La unión entre el EZLN y el Inter de Milán se tradujo en la visita de una delegación del club italiano a comunidades zapatistas, en la que se ofreció ayuda económica y regalos por parte del Inter. El dinero fue destinado a reparar una ambulancia y ayudar a un hospital en infraestructura y medicinas. Los zapatistas agradecieron el apoyo desde la selva Lacandona: “Estamos alegres, pues sabemos que no estamos solos en nuestra lucha. Estamos alegres porque en todo el mundo hay hermanos y hermanas como ustedes que tienen conciencia y que quieren construir un mundo con justicia y dignidad”.

Bruno Bartolozzi, representante de la delegación del Inter de Milán en Chiapas, 2004.

Bruno Bartolozzi, representante de la delegación del Inter de Milán en Chiapas, 2004.

Resultado de este contacto fueron también una serie de cartas cruzadas entre el Subcomandante Marcos y Massimo Moratti, el entonces propietario del club interista. En la primera de ellas, en 2005, el líder del zapatismo en México retó de manera amistosa a una serie de partidos a los nerazzurri. “Le escribo para desafiarlo formalmente a un partido entre su equipo y la selección del EZLN en lugar, fecha y hora que ya definiremos. Visto el gran afecto que sentimos por ustedes, estamos dispuestos a no ganarles por goleada y darles una paliza, sino a derrotarlos con un solo gol para que su noble afición no los abandone”, ironizó el insurgente.
La respuesta desde Milán fue sorprendentemente positiva. “Me permito también expresar mi pensamiento en respuesta a su gentilísima carta, jugaremos nuestro partido y le agradezco por ello, será un gran partido”, dice una carta firmada por Massimo Moratti. “Nosotros traeremos los balones y vosotros el pozol agrio (bebida refrescante de maíz). Empezaremos a discutir la organización con los respectivos representantes y directivos, esperamos se pueda jugar pronto”, agregó Moratti, quien calificó de “simpática provocación” el reto que lanzó Marcos en semanas anteriores. “El partido será de verdad un momento importante. Cada revolución comienza en su propia área de penalti y finaliza en la puerta adversaria”, señaló el directivo italiano.

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“A la libertad por el fútbol”. Graffiti de Bansky durante su visita a territorio zapatista.

En respuesta a esta misiva, el líder del EZLN dirigió otra carta a Moratti donde establecía, con fuertes notas de humor, algunos detalles del encuentro. Mención especial a este fragmento en contra del fútbol moderno: “Con todo esto (y algunas otras sorpresas) tal vez revolucionaríamos el balompié mundial y, entonces, tal vez, el fútbol dejaría de ser sólo un negocio y sería, otra vez, un juego divertido. Un juego hecho, como usted bien lo dice, de sentimientos verdaderos”. En la redacción de esta fantástica propuesta, el Subcomandante Marcos escribe repetidamente “y, tal vez”. El zapatista busca hacer notar que ese partido, con todo lo que él detalla, probablemente jamás iba a suceder. Sin embargo, agradece el apoyo brindado. Por el momento, el partido no se ha llevado a cabo, pero “tal vez y sólo tal vez” como dice Marcos, la ayuda del Inter siga en Chiapas. La carta completa, como digo repleta de guiños y notas de humor, no tiene desperdicio.

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Tras años de incesante actividad del Ejército Zapatista, de dura represión por parte del Gobierno mexicano, de treguas y diálogos, en 2005, a través de la emisión Sexta Declaración de la Selva Lacandona, el EZLN anunció que se transformaría en un grupo de acción política para seguir luchando por sus intereses. El cambio fue consecuencia del reconocimiento zapatista de que la guerrilla no lograría avances en el objetivo de mejorar las condiciones de vida de los indígenas. “Hemos llegado a un punto en que no podemos ir más allá y, además, es posible que perdamos todo lo que tenemos si nos quedamos como estamos y no hacemos nada más para avanzar”, reconoció en su Sexta Declaración el EZLN.
Ese mismo año, el EZLN mantuvo reuniones con organizaciones políticas de izquierda, organizaciones indígenas, organizaciones sociales, organizaciones no gubernamentales, grupos y colectivos culturales y de artistas, y con adultos, ancianos y niños que a título individual, familiar, de comunidad, calle, barrio o vecindad habían suscrito la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. En dichas reuniones se acordaron los puntos para el desarrollo de La Otra Campaña, iniciativa política independiente y partidaria de la participación popular impulsada por el EZLN y el movimiento zapatista. Desde el punto de vista del EZLN, La Otra Campaña buscaba “escuchar al pueblo mexicano, a los organizados y a los que no lo están, a todos aquellos que desde abajo y a la izquierda busquen cambiar el actual estado de la sociedad, siempre regidos por ciertos principios, como son: el anticapitalismo, la horizontalidad y la equidad”.

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Voice Of The People

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