El Desastre de Burnden Park

Inglaterra 1946

Al término de la Segunda Guerra Mundial, la población británica hubiera esperado una mejor vida. Sin embargo, la pobreza y la adversidad permaneció por muchos años. Hubo escasez de trabajos y alojamiento para aquellos que regresaban de combatir en la guerra, además de escasez de alimentos (el racionamiento de comida en el Reino Unido duró hasta 1955). La infraestructura británica fue duramente golpeada durante la guerra y muchas ciudades acabaron en ruinas. Londres, Coventry y Portsmouth fueron atacadas fuertemente por la Luftwaffe y terminaron siendo más zonas bombardeadas que ciudades. En 1946 había sido elegido un nuevo gobierno laborista, apartando a Winston Churchill y su Partido Conservador del poder. Tras un triunfo electoral aplastante, la administración laborista liderada por Clement Attlee presidió una serie de cambios trascendentales. El Banco de Inglaterra fue nacionalizado junto con el ferrocarril, que recibieron una gran inversión del gobierno.

En 1948 fueron creados el National Health Service (NHS) y un nuevo sistema de seguridad social, diseñados para ofrecer protección de por vida a toda la población. Fueron implementados a su vez cambios radicales en materia de educación y una masiva construcción de viviendas de protección oficial. El gobierno laborista entre 1945-51 fue una pieza clave en la formación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y además Gran Bretaña devolvió la independencia a la India, Pakistán, Ceilán y Birmania, a la vez que fortaleció la Commonwealth. Este gobierno laborista fue de lejos el más progresista en la historia de Gran Bretaña.

Bolton

Bolton es una ciudad en el noroeste de Inglaterra, a diez millas de la ciudad de Mánchester. Históricamente parte del condado de Lancashire hasta 1974, Bolton se convirtió en el distrito metropolitano de Bolton enmarcado dentro del Gran Mánchester. Con una importante industria molinera en el pasado, Bolton ha sido un centro de producción textil desde que los tejedores flamencos se establecieron en la zona en el siglo XIV, introduciendo una tradición de tejido de lana y algodón. Bolton experimentó un crecimiento sin igual en el siglo XIX, alcanzando su máximo en 1929 con 216 molinos de algodón y 26 talleres de blanqueado y tintado, que hicieron de la ciudad uno de los centros de hilado de algodón más grandes y productivos del mundo. La población de Bolton en 1946 era cerca de 165.000, siendo alrededor de 940.000 la de todo Lancashire; Bolton era pues la ciudad más grande del condado en aquella época.

Bolton Wanderers Football Club

El Bolton Wanderers Football Club fue fundado en 1874 por el reverendo Joseph Farrall Wright, coadjutor de la Christ Church Bolton, y Thomas Ogden, maestro en el colegio religioso adyacente, como Christ Church F.C. En un principio comenzó en la iglesia del mismo nombre en Dead Road, Bolton, en mismo sitio donde actualmente se encuentra la Universidad de Bolton. El club abandonó el lugar tras una disputa con el vicario y cambió su nombre por Bolton Wanderers en 1877. El motivo de añadir Wanderers al nombre fue para conmemorar su larga búsqueda para encontrar una sede definitiva. Bolton Wanderers fue uno de los doce clubes miembros de la inaugural Football League junto con Accrington FC, Aston Villa, Blackburn Rovers, Burnley, Derby County, Everton, Notts County, Preston North End, Stoke City, West Bromwich Albion y Wolverhampton Wanderers.

Bolton Wanderers ha Ganado la FA Cup en cuatro ocasiones a lo largo de su historia, tres de ellas durante los la década de 1920 contra West Ham United, Manchester City y Portsmouth FC respectivamente. Bolton regresó a Wembley en 1953 para una de las más famosas finales de la FA Cup de todos los tiempos, la cual fue conocida como la Stanley Matthews Final, contra sus rivales locales del Blackpool.

El club jugó en Burnden Park durante 102 años, desde 1895, y en 1997 se mudaron al actual The Reebok Stadium. El estadio fue renombrado como el Macron Stadium en julio de 2014, como resultado del nuevo acuerdo de patrocinio con la compañía de ropa deportiva italiana Macron.

foto1El sábado 9 de marzo de 1946 se produjo en Bolton una de las peores tragedias en la historia del fútbol, en la que fallecieron 33 personas y otras 400 resultaron heridas, El Bolton Wanderers estaba jugando contra el Stoke City un partido correspondiente a la 6ª ronda de la FA Cup en Burnden Park.

Además de despertar un gran interés local, acudió gente de todas partes. Era la primera vez que se jugaba la final de la FA Cup en Reino Unido después de la Segunda Guerra Mundial y las cosas habían empezado a “volver a la normalidad”. El Portsmouth FC había ganado la FA Cup en 1939 y, debido al estallido de la guerra, hubo que detener la copa durante siete años hasta 1946.

El público, sabiendo que se juntaría en un número mucho más alto de lo habitual, acudió masivamente al partido. El partido tenía un interés extra debido a la presencia de Stanley Matthews del Stoke City, el David Beckham de aquella época – aupado por la leyenda y la fama. El orgullo del condado fue también un motivo del poder de convocatoria del partido, ya que el Bolton Wanderers era el único representante de Lancashire en la competición. Esto, junto con la renovada atracción por el fútbol tras ese paréntesis de siete años, creó una gran expectación alrededor no solo de este partido sino del fútbol en su conjunto.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, la mayor asistencia a Burnden Park había sido de 69.912 personas en 1933. En 1946, antes de este partido, el máximo fue de 43.000. A la hora del saque inicial (15:00) los tornos habían contabilizado 65.000 personas (la asistencia oficial alcanzó los 65.419 asistentes).

Sin embargo, las cosas se complicaron aún más aquel día ya que varios tornos habían quedado inutilizados. Una zona de Burnden Park que normalmente albergaba 2.789 aficionados había sido requisada por el Ministerio de Guerra como espacio de almacenaje para suministros armamentísticos y no había sido devuelta para su uso normal, lo que provocó que los más de 28.000 aficionados de la Railway Embankment Stand tuvieran que acceder desde otra parte del campo. Además los que tenían entrada en la Burnden Paddock Stand también pudieron entrar por esta área y luego ser escoltados bordeando el césped hasta sus lugares asignados, derivando en una enorme aglomeración en la esquina noroeste del campo.

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Hacia las 14:40h los tornos fueron cerrados pero los espectadores continuaron accediendo a la Railway Embankment Stand a través de varios métodos: una parte del público simplemente saltó por encima de los tornos y las paredes. Otra gente rompió secciones del vallado que se extendía junto a la vía del tren y consiguió entrar a la grada, y 10 minutos antes del saque inicial unos 1.000 espectadores consiguieron entrar saltando por otra entrada. Tantos aficionados aparecieron aquel día que incluso un tren parado en la vía paralelamente a la grada estaba cubierto de gente que quería ver el partido. Ese exceso de gente en el estadio fue demasiado. La gente comenzó a ser aplastada. En un momento dado, un padre decidió sacar a su hijo del estadio rompiendo una cerradura que abría una puerta hacia la salida. Aunque el padre y su hijo se salvaron, cientos de aficionados del exterior se colaron a través de la puerta abierta sumándose a la multitud.

Poco antes del saque inicial el público de las gradas de la esquina noroeste se balanceaba sin control, lo que provocó la rotura de dos barreras dentro de la grada causando una avalancha; 33 aficionados murieron asfixiados y otros 400 resultaron heridos. A medida que los cuerpos empezaban a amontonarse y muchos aficionados iban saliendo al campo, la policía hizo lo que pudo para despejar el césped. Los cuerpos sin vida fueron depositados junto a las bandas y el público fue desalojado del terreno de juego. El árbitro George Dutton, pese a ser consciente de la gravedad, decidió continuar con el partido, que fue vigilado por una gran presencia policial.

El partido continuó durante 12 minutos ya que cientos de espectadores salieron a la pista rodeando el campo antes de que finalmente la gravedad de la situación se hiciese evidente y los jugadores fuesen sacados del campo.

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El juego se reanudó a las 15:25h después de que miles de espectadores fuesen trasladados desde la Railway Embankment Stand a la Burnden Paddock Stand. El partido continuó son más incidentes y el resultado, que ahora resulta algo intrascendental, fue de empate a cero.

Finalmente se estimó que unas 85.000 personas habían estado en el estadio durante el partido, 20.000 más que la cifra oficial de 65.419. La investigación a raíz del desastre fue abierta el 22 de marzo de 1946 y fue formalmente presentada al gobierno el 25 de mayo del mismo año, liderada por el Honorable C. R. Moelwyn Hughes quien llegó a la conclusión de que 5 fueron los principales problemas causantes del desastre:

  1. Subestimación de la asistencia de público.
  2. Mediocre control de entrada.
  3. Lenta reacción a la situación por parte de los oficiales.
  4. Una mal organizada reacción al problema.
  5. La entrada no autorizada y la mala colocación de las barreras de seguridad.

En Burnden Park los muertos fueron colocados a los largo de la banda y cubiertos con abrigos, mientras que una nueva línea de banda marcada con serrín separaba a los jugadores de los cadáveres. Stanley Matthews dijo más tarde que se puso enfermo cuando se permitió continuar el partido. El 24 de agosto de 1946 Inglaterra jugó con Escocia y empató 2-2 en un enfrentamiento adicional en ayuda del Disaster Fund. Todas las entradas del partido en Maine Road (el campo del Manchester City) fueron vendidas y se recaudaron £12.000 de entonces (que corresponderían a £453.500 en 2015).

Incluso hoy en día el Desastre de Burnden Park permanece como un desastre “escondido bajo la alfombra” pese a que fue el desastre con más muertes ocurrido en un estadio en la historia británica hasta el Desastre de Ibrox Park en Escocia en 1971, donde 66 personas murieron y otras 200 resultaron heridas, en un partido entre el Rangers FC y el Celtic FC.

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En 1992 se colocó una placa conmemorativa en Burnden Park. En 2000, tras el traslado del Bolton Wanderers a su nuevo estadio (The Reebok Stadium), la placa fue reubicada en la pared del supermercado que ahora ocupa el lugar de la tragedia. Para la temporada 2015/2016 el Bolton FC vistió una equipación especialmente diseñada para conmemorar el 70 aniversario del desastre, el 9 de marzo de 2016. La camiseta, fabricada por Macron, tenía los nombres de los 33 fallecidos impresos en la tela. Además incluía la rosa de Lancashire y la fecha del Desastre de Burnden Park – 09-03-1946 – en el reverso y el cuello.

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Jack Napier

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The Disaster of Burnden Park

England 1946

Following the end of World War II, people in Britain expected a better life but poverty and hardship remained for many years to come. There were shortages in jobs and housing for those returning from the war as well as shortages in food – rationing of food in the UK lasted until 1955. Britain’s infrastructure was hit hard during the war and many cities were in ruins when it ended.  London, Coventry and Portsmouth were hit hard by the Luftwaffe and were more bombsite than city. A new Labour Government had been elected in 1946 taking Winston Churchill and his Conservative Party out of office. After a landslide election victory the Labour administration led by Clement Attlee presided over a series of far reaching changes. The Bank of England was nationalised along with the railways, which received heavy government investment.

In 1948 the National Health Service (NHS) was created and a new system of social security designed to provide protection for all ‘from the cradle to the grave’ was created. Radical changes in education and the mass building of council houses were implemented. The Labour Government of 1945-51 were instrumental in forming the North Atlantic Treaty Organisation (NATO) and Britain gave back independence to India, Pakistan, Ceylon and Burma and strengthened the Commonwealth. This Labour Government was by far the most progressive in modern British history.

Bolton

Bolton is a town in the North West of England. It is 10 miles of the city of Manchester. Historically part of Lancashire until 1974, Bolton became a constituent part of the Metropolitan Borough of Bolton in Greater Manchester. A former mill town, Bolton has been a production centre for textiles since Flemish weavers settled in the area in the 14th century, introducing a wool and cotton-weaving tradition. Bolton was a 19th century boom-town reaching its peak in 1929 with 216 cotton mills and 26 bleaching and dying works made it one of the largest and most productive centres of cotton spinning in the world. The population of Bolton in 1946 was around 165,000 and for Lancashire around 940,000 – meaning that Bolton was the largest town in Lancashire in 1946.

 Bolton Wanderers Football Club

Bolton Wanderers Football Club was founded by the Reverend Joseph Farrall Wright, curate of Christ Church Bolton, and Thomas Ogden, the schoolmaster at the adjacent church school in 1874, as Christ Church F.C. It was initially run from the church of the same name on Deane Road, Bolton, on the site where the University of Bolton now stands. The club left the location following a dispute with the vicar, and changed its name to Bolton Wanderers in 1877. The Wanderers part was added to commemorate their long search for a permanent headquarters. Bolton Wanderers were one of the twelve members of the inaugural Football League along with Accrington FC, Aston Villa, Blackburn Rovers, Burnley, Derby County, Everton, Notts County, Preston North End, Stoke City, West Bromwich Albion and Wolverhampton Wanderers.

Bolton Wanderers have won the FA Cup on four occasions throughout their history, with three of those successes coming during the 1920’s against West Ham United, Manchester City and Portsmouth FC respectively. Bolton returned to Wembley in 1953 for one of the most famous FA Cup finals of all time which became known as the Stanley Matthews Final, against local rivals Blackpool.

The club played at Burnden Park for 102 years from 1895 and in 1997 to their current home The Reebok Stadium. The stadium was renamed the Macron Stadium in July 2014, to reflect the club’s new deal with Italian sportswear company Macron.

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On Saturday 9th March 1946 one of the saddest tragedies in football history surged upon the Lancashire town of Bolton in which 33 people died and 400 people were injured.  Bolton Wanderers were playing Stoke City in the 6th round of the FA Cup at Burnden Park, home of Bolton Wanderers.

Besides a lot of local interest, people came from far and wide. This was the first year the FA Cup was played in the UK after World War II and things had started to get ‘back to normal’. Portsmouth FC had won the FA Cup in 1939 and due to the breakout of war had held the cup for 7 years until 1946.

The crowd, believed to be gathering at a much higher rate than usual, they came in their thousands to see the game. The game had extra interest due to Stoke City’s Stanley Matthews, the proverbial David Beckham of the age – steeped in legend and fame. County pride was also a source of pulling power as Bolton Wanderers acted as Lancashire’s sole representative in the competition. This twinned with the re-founded appeal of football following this 7 year hiatus created greater anticipation around not only this game but football as a whole.

Before World War II the previous highest attendance at Burnden Park had been 69,912 in 1933. In 1946 prior to this game the highest had been 43,000. By kick-off time (3pm) the turnstile count had reached 65,000 (official attendance was given at 65,419).

However, matters were further complicated that day as several turnstiles had been made unusable. A section of Burnden Park which normally held 2,789 had been requisitioned by the Ministry of War as storage space for army supplies and had not yet been returned to normal use, resulting in the 28,000 plus on the Railway Embankment Stand having to enter from another part of the ground. In addition ticket holders in the Burnden Paddock Stand were also admitted through entrances in this area and then escorted round the pitch to their allocated places, resulting in a huge build-up in the north-west corner of the ground.

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At around 2.40pm the turnstiles were closed but spectators continued to gain access to the Railway Embankment Stand via various methods: a section of the crowd simply climbed over the turnstiles and walls. Some people broke down sections of fencing that ran along the railway line and gained access into the Railway Embankment Stand, and with 10 minutes to go before kick-off an estimated 1,000 spectators gained entry by climbing over another entrance. So many spectators turned up this day that even a stationary train that ran parallel to the Railway Embankment Stand was covered in people wanting to see the game. All these extra people were too many to handle. People began to get crushed. At one point a father acted on the pleas of his son to get him out of the ground. This man deemed the only necessary option was to pick open a lock leading to an exit gate. However as this occurred and the man and his son struggled to safety, hundreds more supporters on the outside flooded through the open gate adding to the crush.

Shortly before the 3pm kick-off the crowd on the terraces on the North West corner swayed uncontrollably causing two crash barriers within the stand to snap thus causing a mass crush. Under the pile of humanity, 33 people were asphyxiated and around 400 other people were injured. As the bodies began to mount and many supporters were spilling onto the pitch the police did what they could to clear the pitch. The bodies of the dead were laid along the touchlines and the crowd was cleared from the pitch. The referee George Dutton, despite being fully aware of the severity, decided to carry on with the match which was enforced by a large police presence.

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The game continued for 12 minutes as hundreds of spectators spilled back onto the track surrounding the pitch before eventually the seriousness of the situation was realised and the players were taken from the pitch.

Play resumed at 3.25pm after several thousand spectators were moved from the Railway Embankment Stand to the Burnden Paddock Stand. The game continued without further incident and the result, which now seems almost immaterial, was a 0-0 draw.

85,000 people were eventually estimated to have been in the ground during the game, 20,000 over the official gate of 65,419. An enquiry followed this disaster opening on the 22nd March 1946 and was formally presented to the government on the 25th May 1946, fronted by Honourable Q.C. Moelwyn Hughes who came to the conclusion that 5 main issues were accountable for this disaster:

  1. Underestimation of crowds.
  2. Poor entrance control.
  3. Slow reaction from officials to the situation.
  4. Badly organised reaction to the problem.
  5. Unauthorised entry and poor positioning of the crash barriers.

At Burnden Park the dead were laid along the touchline and covered in coats with a new sawdust lined touchline separating the players from the corpses. Stanley Matthews later said he was sickened that the game was allowed to continue. On 24th August 1946 England played Scotland and drew 2-2 in an additional fixture in aid of the Disaster Fund. All tickets to the match at Maine Road (Manchester City’s ground) were sold and raised £12,000 (2015 – £453,500).

Even to this day the Burnden Park Disaster remains a disaster very much ‘swept under the carpet’. The Burnden Park Disaster was the deadliest stadium-related disaster in British history until the Ibrox Park Disaster in Scotland in 1971 where 66 people were killed and 200 people were injured in a game between Rangers FC and Celtic FC.

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In 1992 a memorial plaque was unveiled at Burnden Park. In 2000, following the move of Bolton Wanderers to a new ground (The Reebok Stadium), the plaque was relocated to the wall of the supermarket which now occupies the site of the tragedy. The 2015/2016 season saw Bolton FC wear a specially made kit to commemorate the 70th anniversary of the disaster on 9th March 2016. The Macron-manufactured shirt had the names of the 33 people who died that day printed within the fabric. The Lancashire rose and date of the Burnden Park Disaster — 09-03-1946 — featured on the reverse and collar of the shirt.

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Jack Napier

Gaolhouse Denim

Son muchas las firmas que se especializan en la fabricación de un vaquero de calidad pero, hasta donde llega mi conocimiento, ninguna lo hace como Gaolhouse. Lo que hace destacar a esta desconocida firma sobre el resto es la historia que hay detrás de ella, un made in England bastante curioso.

En 2012 puso en marcha su colaboración con el R.P.S (Royal Prison Service) con la idea de crear un producto exclusivamente diseñado y fabricado por los presos británicos, sin olvidar el objetivo de proporcionar un oficio, trabajo remunerado y rehabilitación a los internos, mientras se apoya la fabricación en el Reino Unido.

Con el lema “La elegancia reside en la simplicidad”, cada par de vaqueros están fabricados a mano. En la primera colección que salió a la luz solo fueron fabricadas 29 unidades. En la actualidad manejan cifras de unas 200 unidades y se prevé que en un futuro pueda seguir aumentando la cantidad.

El material con el que se fabrican es un algodón bruto procedente de Carolina del Norte (EE.UU.), los botones y etiquetas están fabricados en Inglaterra, el bolsillo de tela cruzado proviene del condado de Yorkshire (Inglaterra) y los remaches y parches de cuero vienen de China. Pero insisto, lo que hace especial a estos vaqueros es que todo el diseño y montaje se realiza en las prisiones del Reino Unido.

El precio de estos vaqueros ronda las 125 libras, teniendo en cuenta que está fabricado en Europa, los materiales de calidad usados en el proceso y los pocos pares que salen a la venta no es un precio muy elevado.  Si alguno de vosotros está interesado en adquirir uno de estos vaqueros “made in prison” por aquí os dejo su página web.

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Spåkenes Anorak-1/S

Nuestro buen amigo Zoltan de Finest Fabrics nos presenta su nueva creación Spåkenes Anorak-1/S. Spåkenes está situado al pie de los Alpes de Lyngen en Noruega, de ahí el nombre de este anorak reversible que consta de dos partes, cada una con un tejido diferente.

Lado “A”

Un clásico 3 bolsillos con cierre mediante botones de presión. El material es un poliéster ligero.

Lado “B”
Los rasgos característicos de este lado son su tejido de pana y los dos bolsillos con un diseño poco ortodoxo.

 1 / S

1 / S es un nuevo proyecto, que se centra en la introducción de una tabla ampliada de 7 tamaños para garantizar un mejor ajuste al cliente. Con esta serie limitada su objetivo es ser capaz de hacer piezas más especiales y únicas.

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Urban goals

Pocas reliquias de la infancia agitan tanto los recuerdos como lo puede llegar hacer una portería mal pintada en una pared que se desmorona. Y sinceramente, ¿quién coño no ha jugado alguna vez en aquellas porterías? Innumerables tardes de felicidad jugando horas y horas con el sonido del balón de fondo hasta que nuestras queridas madres nos llamaban a gritos para que subiéramos a cenar de una vez.

Con el paso de los años uno cambia el balón y los cromos por el alcohol y las mujeres, pero por mucho que pase el tiempo siempre vuelven los recuerdos al ver que en aquella plaza donde pasabas las tardes siguen pintadas esas tres rayas. Su pintura no solo refleja un elemento decorativo más de cualquier barrio obrero, sino el romanticismo del fútbol, un espacio ajeno a los millonarios acuerdos de televisión y traspasos astronómicos.

Uno de los muchos nostálgicos de este arte urbano es Michael Kirkham, un reputado fotógrafo de Liverpool conocido a nivel internacional, que actualmente se encuentra sumergido en una serie de proyectos personales, entre los que destacan “Tough Love”, centrado en la vida de las personas implicadas en el mundo del boxeo, y “Urban Goals”, un reportaje fotográfico en proceso que recorre los suburbios de todo el Reino Unido retratando esas joyas de nuestra infancia.

Para los que estéis interesados en su trabajo lo podéis seguir en urbangoals.tumblr.com

Korleone

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Nietos de los obreros que nunca pudisteis matar

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Hace cuestión de unos días recibí la visita de Voice Of The People, un nuevo buen amigo. Cuando llegó a mi ciudad Vitoria-Gasteiz me tocó hacer de guía y, como buen anfitrión, le enseñé la catedral, la plaza de la Virgen Blanca, la plaza Nueva, las murallas… Pero quise enseñarle algo más, un episodio intrínseco a la memoria colectiva de la ciudad y que no todos los turistas conocen: el 3 de marzo de 1976. Un trozo de nuestra más cruda historia contemporánea, escondida y manipulada por unos y orgullosamente ensalzada por otros.

Antes de comenzar a destripar los sucesos en cuestión de nuestro particular Bloody Sunday, haré una pequeña introducción de una de las épocas más convulsas en nuestra provincia. Franco había muerto, no así el franquismo, y la Vitoria de “curas y militares” estaba cambiando. Los trabajadores llegados en los años 60 y 70 de otras partes del Estado ya no se dejaban pisar, sacando ese orgullo de clase que ya quisiéramos hoy día. Desplazados en nuevos barrios como Zaramaga o Errekaleor, creados por el Ministerio de Vivienda franquista para apiñar a los trabajadores como si de simple mercancía se tratase. Al más puro estilo de la Revolución Industrial, las casas de estos “nuevos gasteiztarras” hacían de muro entre el nocivo humo que escupían las chimeneas de las fábricas y el pulcro centro de la ciudad.

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Tras unos agitados meses de asambleas y movilizaciones, los trabajadores de forjas alavesas decidieron pasar a la acción convocando una jornada de huelga para el día 3 de marzo, secundada por la mayoría social vitoriana. El día transcurrió turbio desde por la mañana donde los piquetes se enfrentaron a la policía en los barrios. Los hechos acabaron focalizándose en el barrio de Zaramaga, donde el cura de la iglesia de San Francisco de Asís permitió la celebración de una asamblea bajo el techo de su iglesia, pensando que eso apaciguaría los golpes y disparos que las fuerzas represivas ejercían frente a los obreros y estudiantes. Nada más lejos de la realidad, pues aquello irritó aún más a la policía, la cual introdujo gas lacrimógeno en el interior de la iglesia, obligando así a salir a los aturdidos y asustados manifestantes. Lo que fuera les esperaba era una manta de palos y las balas represivas que hirieron a cientos de personas y mataron a cinco de ellas: Pedro María Martínez Ocio, José García Castillo, Romualdo Barroso, Bienvenido Perea y Francisco Aznar.

La desfachatez llegó a su cima cuando Manuel Fraga, Ministro de Gobernación y máximo responsable de los sucesos, decidió acudir el sábado a la ciudad a intentar fotografiarse con los heridos, para así mostrar una imagen de conciliación. Y digo intentar porque no lo consiguió, los heridos mandaron a Fraga por donde había venido.
Sin lugar a dudas, ese día se escribió uno de los episodios más oscuros de la historia de Euskal Herria y el mayor atropello a la clase trabajadora vasca.

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Cabe destacar la presencia de más de 50.000 ciudadanos (siendo de 150.000 personas el censo de toda la ciudad) en el funeral de los 5 mártires de aquel triste día, donde una silenciosa masa quiso despedir a los suyos bajo la atónita mirada de la policía en la catedral nueva de Vitoria (símbolo franquista vitoriano por antonomasia). Este lamentable episodio fue reflejado de una manera inmejorable en el tema “Campanades a morts” por el artista catalán Lluis Llach. Desde entonces, año tras año, una multitudinaria manifestación recorre las calles portando el testigo que ellos nos cedieron tiempo atrás.

40  años han pasado ya, 40 largos años donde no se ha dejado de recordar con ternura a los nuestros, de señalar a los culpables y de exigir justicia. Basta con darse un paseo por Zaramaga para ver cómo se reclama justicia en forma de murales y esculturas repartidas por cada esquina del barrio.

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A modo de conclusión diré que sería un error olvidarnos de Juan Gabriel Rodrigo, de Tarragona, y Vicente Antonio Ferrero, de Basauri, asesinados por las balas de los “grises” días después por acudir a las protestas convocadas como respuesta ante las masacres de Vitoria, ellos también son 3 de marzo.

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“El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”.

¡Gasteiz no olvida!

Martín Ttipia