Urban goals

Pocas reliquias de la infancia agitan tanto los recuerdos como lo puede llegar hacer una portería mal pintada en una pared que se desmorona. Y sinceramente, ¿quién coño no ha jugado alguna vez en aquellas porterías? Innumerables tardes de felicidad jugando horas y horas con el sonido del balón de fondo hasta que nuestras queridas madres nos llamaban a gritos para que subiéramos a cenar de una vez.

Con el paso de los años uno cambia el balón y los cromos por el alcohol y las mujeres, pero por mucho que pase el tiempo siempre vuelven los recuerdos al ver que en aquella plaza donde pasabas las tardes siguen pintadas esas tres rayas. Su pintura no solo refleja un elemento decorativo más de cualquier barrio obrero, sino el romanticismo del fútbol, un espacio ajeno a los millonarios acuerdos de televisión y traspasos astronómicos.

Uno de los muchos nostálgicos de este arte urbano es Michael Kirkham, un reputado fotógrafo de Liverpool conocido a nivel internacional, que actualmente se encuentra sumergido en una serie de proyectos personales, entre los que destacan “Tough Love”, centrado en la vida de las personas implicadas en el mundo del boxeo, y “Urban Goals”, un reportaje fotográfico en proceso que recorre los suburbios de todo el Reino Unido retratando esas joyas de nuestra infancia.

Para los que estéis interesados en su trabajo lo podéis seguir en urbangoals.tumblr.com

Korleone

beeston-leedstranmere-birkenheadsouthwark-londonoakdale-wallaseyeverton-liverpoolcrosby-liverpoolburngreave-sheffield

Anuncios

Nietos de los obreros que nunca pudisteis matar

1

Hace cuestión de unos días recibí la visita de Voice Of The People, un nuevo buen amigo. Cuando llegó a mi ciudad Vitoria-Gasteiz me tocó hacer de guía y, como buen anfitrión, le enseñé la catedral, la plaza de la Virgen Blanca, la plaza Nueva, las murallas… Pero quise enseñarle algo más, un episodio intrínseco a la memoria colectiva de la ciudad y que no todos los turistas conocen: el 3 de marzo de 1976. Un trozo de nuestra más cruda historia contemporánea, escondida y manipulada por unos y orgullosamente ensalzada por otros.

Antes de comenzar a destripar los sucesos en cuestión de nuestro particular Bloody Sunday, haré una pequeña introducción de una de las épocas más convulsas en nuestra provincia. Franco había muerto, no así el franquismo, y la Vitoria de “curas y militares” estaba cambiando. Los trabajadores llegados en los años 60 y 70 de otras partes del Estado ya no se dejaban pisar, sacando ese orgullo de clase que ya quisiéramos hoy día. Desplazados en nuevos barrios como Zaramaga o Errekaleor, creados por el Ministerio de Vivienda franquista para apiñar a los trabajadores como si de simple mercancía se tratase. Al más puro estilo de la Revolución Industrial, las casas de estos “nuevos gasteiztarras” hacían de muro entre el nocivo humo que escupían las chimeneas de las fábricas y el pulcro centro de la ciudad.

2

Tras unos agitados meses de asambleas y movilizaciones, los trabajadores de forjas alavesas decidieron pasar a la acción convocando una jornada de huelga para el día 3 de marzo, secundada por la mayoría social vitoriana. El día transcurrió turbio desde por la mañana donde los piquetes se enfrentaron a la policía en los barrios. Los hechos acabaron focalizándose en el barrio de Zaramaga, donde el cura de la iglesia de San Francisco de Asís permitió la celebración de una asamblea bajo el techo de su iglesia, pensando que eso apaciguaría los golpes y disparos que las fuerzas represivas ejercían frente a los obreros y estudiantes. Nada más lejos de la realidad, pues aquello irritó aún más a la policía, la cual introdujo gas lacrimógeno en el interior de la iglesia, obligando así a salir a los aturdidos y asustados manifestantes. Lo que fuera les esperaba era una manta de palos y las balas represivas que hirieron a cientos de personas y mataron a cinco de ellas: Pedro María Martínez Ocio, José García Castillo, Romualdo Barroso, Bienvenido Perea y Francisco Aznar.

La desfachatez llegó a su cima cuando Manuel Fraga, Ministro de Gobernación y máximo responsable de los sucesos, decidió acudir el sábado a la ciudad a intentar fotografiarse con los heridos, para así mostrar una imagen de conciliación. Y digo intentar porque no lo consiguió, los heridos mandaron a Fraga por donde había venido.
Sin lugar a dudas, ese día se escribió uno de los episodios más oscuros de la historia de Euskal Herria y el mayor atropello a la clase trabajadora vasca.

3

Cabe destacar la presencia de más de 50.000 ciudadanos (siendo de 150.000 personas el censo de toda la ciudad) en el funeral de los 5 mártires de aquel triste día, donde una silenciosa masa quiso despedir a los suyos bajo la atónita mirada de la policía en la catedral nueva de Vitoria (símbolo franquista vitoriano por antonomasia). Este lamentable episodio fue reflejado de una manera inmejorable en el tema “Campanades a morts” por el artista catalán Lluis Llach. Desde entonces, año tras año, una multitudinaria manifestación recorre las calles portando el testigo que ellos nos cedieron tiempo atrás.

40  años han pasado ya, 40 largos años donde no se ha dejado de recordar con ternura a los nuestros, de señalar a los culpables y de exigir justicia. Basta con darse un paseo por Zaramaga para ver cómo se reclama justicia en forma de murales y esculturas repartidas por cada esquina del barrio.

4

A modo de conclusión diré que sería un error olvidarnos de Juan Gabriel Rodrigo, de Tarragona, y Vicente Antonio Ferrero, de Basauri, asesinados por las balas de los “grises” días después por acudir a las protestas convocadas como respuesta ante las masacres de Vitoria, ellos también son 3 de marzo.

5

“El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”.

¡Gasteiz no olvida!

Martín Ttipia