Desde Sevilla con amor

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Favourite five: Fred Royle (Good Measure)

Soy solo uno de los responsables de Good Measure, por lo que estas elecciones son totalmente personales, Carl es aficionado del Queens Park Rangers y no ve películas.

I am one of the owners of Good Measure, these choices are mine and mine alone, Carl is a QPR fan and does not watch films.

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Chaqueta / Jacket

Me quedo con la Allgrön Jacket de Klättermusen, aquí en Mánchester llueve un montón por lo que es perfecto para un día de fútbol pero también, al ser una prenda muy técnica, para un viaje a la montaña. Klättermusen es una de mis marcas favoritas, tienen una visión ligeramente diferente a los demás sobre algunas cosas. Esta chaqueta, por ejemplo, está fabricada con poliéster reciclado, un material elástico y de protección 20K contra el agua. Tiene una cremallera de doble apertura, ¡y hasta incluye una brújula!

Klättermusen Allgrön Jacket is my go-to, it rains a lot here in Manchester, perfect on match day but also super tech for a trip to the hills. Klättermusen are one of my favorite brands, they have a slightly different take on things. The Allgrön is recycled polyester and is a stretch fabric 20K water proof and has an asymmetric two way zipper. It’s even got a compass!

 

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Futbolista / Football player

Leonard Shaun Goater (MBE) alias the GOAT, que parecen las siglas de “Greatest Of All Time”, pero no. Como aficionado de toda la vida del Manchester City, he podido vivir toda una trayectoria de altibajos, principalmente momentos malos hasta que recientemente vimos la luz al final del túnel. Hemos tenido mejores jugadores pero este es mi favorito, sus cuatro temporadas seguidas como máximo goleador, en una época de descensos y ascensos continuados, dan buena cuenta de mi elección. Marcó un centenar de goles para el City, incluido este, su gol número 99 precisamente contra el equipo donde empezó su carrera, el United.

Leonard Shaun Goater MBE AKA the GOAT, not “Greatest Of All Time”. As a long standing City fan I have seen highs and lows, mostly lows until recently and in the dark periods he was a shining light. We have had better players but for me he is my favourite, top scorer 4 seasons in a row during a period we were relegated and promoted. He scored a hundred goals for City including this one, his 99th against United who he started his career with.

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Zapatillas / Trainers

Ya no uso zapatillas, me siento demasiado viejo para ello. Cuando lo hacía, las clásicas Adidas Stan Smith eran las que más llevaba. En cambio mi calzado favorito ahora son las Clarks Desert boots, tengo unos cuantos pares pero las mejores son el modelo en colaboración con 6876. Nuevamente es un clásico del calzado, me encanta la historia que este zapato arrastra detrás y tiene un diseño simple y clásico.

I don’t wear trainers anymore, I’m too old. When I did, a classic Adidas Stan Smith was my go-to. My favourite shoe is now Clarks Desert boots, I have a few pairs but the best is the 6876 collaboration one. This is a classic shoe again, I love the history of the shoe, it’s a simple design classic.

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Película / Film

True Romance (Amor a quemarropa), una gran historia de Tarantino y un reparto estelar, la escena con Christopher Walken y Dennis Hopper es sobresaliente, y quién no se enamoraría de Alabama… ¿Y qué me decís de la banda sonora de Hans Zimmer?

True Romance, great story by Tarantino and a stellar cast, the scene with Christopher Walken and Dennis Hopper is a stand out, and who wouldn’t fall in love with Alabama… Hans Zimmer soundtrack what’s not to like?

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Lugar / Place

Peak District National Park

Tengo la gran suerte de haber viajado mucho a lo largo de los años, por lo que esta es una difícil elección. Podría decir Vancouver, Vietnam o algún otro lugar exótico, pero prácticamente en frente de casa tengo este Parque Nacional, el cual ha sido una constante en mi vida, desde viajes de camping en la infancia hasta paseos de fin de semana, esta es la razón de mi elección. No es tan dramático ni remoto como muchos otros sitios que me encantan como el noroeste de Escocia, no impresiona tanto como un horizonte donde se juntan mar y cielo, pero tiene su encanto no obstante. Durante generaciones, en mi familia hemos escapado de la ciudad para conectar con la naturaleza y respirar algo de aire fresco.

I am lucky enough to have travelled extensively, so this is a tough choice. I could say Vancouver, Vietnam or somewhere exotic but right on my door step there is a beautiful National Park and from childhood camping trips to weekend walks it’s been a constant in my life and for that reason my pick. It’s not as dramatic and remote as many places I love such as the Northwest of Scotland, it’s not as impressive as the sea to sky highway, but it has a charm none the less. Generations of my family have escaped the city to get connected with nature and get some fresh air.

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Futbolistas de mi adolescencia: Martín Lasarte

Seguimos con los jugadores de mi adolescencia, en esta ocasión uno de mis defensas favoritos. Seguramente vi a mejores jugadores en su puesto, pero tengo grandes recuerdos de él por ser en mis primeros años en Riazor y por su entrega en el terreno de juego. Podría decir que fue a finales de mi infancia y principios de mi adolescencia, pero eso es lo de menos. Este defensa, con bigote como los de antes, no es otro que Martín Lasarte y jugó en el Deportivo de la Coruña desde la temporada 89 a la 92. El Depor fue su único equipo como jugador fuera de Uruguay. En su país como jugador vistió las camisetas de Rentistas y Nacional entre otros, logrando con este último en el año 1988 la copa Libertadores y la copa Internacional.

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Como jugador del Depor logró el ascenso a primera división en la temporada 90-91 y al año siguiente la permanencia. Como anécdota Arsenio le dijo al uruguayo, al que se abrazó emocionado tras la permanencia en el Villamarín -«Ay, Martín, cómo hemos sufrido». Esa temporada fue capitán deportivista y la última como jugador blanquiazul.

Como entrenador destacar que ascendió a la Real Sociedad a primera división. En Uruguay y en Chile fue campeón de liga con Nacional y Universidad de Chile respectivamente.

Martín sigue soñando con algún día entrenar al Deportivo, esperemos que así sea. Como dice el cantico que se le canta en Riazor “saca el machete, Lasarte, saca el machete”.

Suburra

La historia se desarrolla a caballo entre Roma y un pueblo costero cercano a la capital italiana, que se ha convertido en el paraíso de las actividades ilegales y en el campo de batalla entre el crimen organizado, políticos corruptos y el Vaticano. Todo esto se mezcla en Suburra, donde los hijos de tres familias se convierten en las protagonistas de la serie.

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Dirigida por Michele Placido junto con Andrea Molaioli y Giuseppe Capotondi, es una serie que crece en emoción e intriga con el paso de los capítulos.

Con una cuidada ambientación, muchas de las escenas están grabadas en las calles de Roma, dotándola así de un realismo actual que engancha. Es una serie que tranquilamente podría estar basada en hechos reales por la realidad (también a veces ficción, como en muchas series) y la credibilidad de las acciones que ocurren.

Son 10 capítulos de alrededor 50 minutos de duración que alargarán un poco más la historia que se llevó al cine en 2015 (película con el mismo título y personalmente mejor valorada que la serie) y que se basa en el libro homónimo del juez y novelista Giancarlo de Cataldo.

Porque la serie es una precuela donde muestra a los protagonistas más jóvenes, los cuales están implicados en el mismo mundo pero con procedencias muy dispares. Gabrielle, hijo de un ejemplar comandante de la policía, Spadino, de etnia gitana y hermano del capo de la mafia gitana y Aureliano, hijo de otra de las familias mafiosas e importantes de Roma.

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Y todo esto con la corrupción en la política y el vaticano de por medio, capaces de hacer cualquier cosa para preservar sus intereses y conseguir sus objetivos.

Si os gusto Gomorra o Roma criminale, con el mismo director y mismo estilo de serie, no debéis dejar de verla

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Favourite Five: Simen (Branchmen – The Dandy Scandis)

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Chaqueta / Jacket

Fjällräven No. 68

Tiene que ser una chaqueta de Fjällräven. Me encanta C.P. Company y Stone Island, pero llevo Fjällräven dentro de mi alma y mi corazón. Desde una edad muy temprana, los niños escandinavos ya somos introducidos al entorno natural. Al principio nos encanta, luego pasamos a odiarlo antes de darnos cuenta y empezar a apreciar el hecho de que somos “gente de campo”. Nos encanta esta marca sueca, a fin de cuentas nos hemos criado con ella. La No. 68 es una chaqueta perfecta para hacer senderismo, con un montón de bolsillos y espacio para todo tipo de equipamiento. Fue mi primer abrigo caro además. Es ideal tanto para ir al bosque como para lucirla en días de fútbol. Es increíblemente funcional y está muy guapa. La No. 68 captura de verdad el alma de Escandinavia. Su capucha te mantiene alejado tanto de los mosquitos como de las opiniones ajenas.

It has to be a Fjällräven jacket. C.P. Company and Stone Island, love it, but Fjällräven is in my heart and soul. From a very early age Scandinavian children are forced out into nature. At first we love it, then we hate it before we start appreciating the fact that we are “outdoor people”. We are crazy about the Swedish brand we´ve grown up with. The No. 68 is a great jacket for hiking with plenty of pockets with room for all kinds of equipment. It was my first expensive jacket. It looks and feels amazing in the forest as well as on away days. It’s extremely functional and a looker. It really captures the Scandinavian soul. Its hood keeps both mosquitoes and other people’s opinions out.

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Equipo y jugador de fútbol / Football team and player

Strømsgodset IF and Preston North End FC

SIF es mi equipo local, de la ciudad de Drammen. Es uno de los mejores equipos de Noruega y de lejos el más maravilloso. La mayoría de los que formamos Branchmen somos lads del Godset. Ganamos la Premiership por última vez en 2013, el mismo año en que nació mi hija mayor. Por eso fue un año muy especial para mí. Durante mi infancia y adolescencia el club hizo de todo, desde ganar copas a descender de división. Ha habido muchos momentos buenos y otros tantos malos. Estoy muy orgulloso de decir que Strømsgodset es mi equipo.

Por otro lado, todo el mundo en Noruega apoya a un equipo inglés. Teniendo en cuenta la pobre calidad de nuestro fútbol, sumado a que a los nórdicos nos encanta cruzar el Mar del Norte, el vínculo con el fútbol británico es realmente fuerte. A lo largo de los años hemos tenido la oportunidad de conocer a mucha gente excepcional de Preston. El fin de semana que viene les toca jugar en Fulham y los chavales han contratado un ferri para beber allí antes del partido. Lo pasaremos bien. De estos últimos años, mi mejor recuerdo tiene que ser la final de playoffs contra Swindon. El descanso en un partido en Tranmere hace algunos años también me viene a la mente si pienso en buenos recuerdos con el Preston North End.

SIF is my local team from the city of Drammen. It’s one of the best teams in Norway and by far the prettiest. Most of us Branchmen boys are Godset lads. The team won the premiership last time in 2013 – the same year my oldest daughter was born. This makes that year very special to me. Growing up the team did it all – from winning cups to being relegated. So much fun and yet so much hurt. Very, very proud of calling Strømsgodset my team.

All Norwegians have an English team. The poor quality of the national league combined with us northerners loving to cross the North Sea the bond to UK football is abnormally strong. We have gotten to know and love some many great people from Preston over the years. Next weekend is Fulham away and the lads have hired a ferry to get drunk on before the game. Good times. As of recent years the playoff final against Swindon has to be my best memory. A half time at Tranmere some years back also comes to mind when remembering great moments with PNE.

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Jostein Flo

Este hombre es una leyenda en mi tierra. Jugaba como delantero centro y también extremo derecho. Es todo un gigante de 1,95 metros, en la selección nacional solían jugar con él mediante balones largos que cabeceaba hacia nuestros goleadores o centrocampistas. Esta jugada era conocida como el “pase de Flo” y contribuyó a que la selección de Noruega consiguiese el poco éxito que ha tenido. Quizás su participación con la selección más recordada fue en un partido contra Brasil en el Mundial de Francia, el 23 de junio de 1998. Partiendo como suplente, salió al campo y ayudó a remontar el 0-1 y transformarlo en un 2-1 para desgracia de los defensores del título mundial.

Flo colgó las botas tras la temporada 2002, habiendo marcado 120 goles en 184 partidos con el Strømsgodset. Tras su periplo como futbolista, trabajó en el departamento de márketing del club antes de pasar a ser director ejecutivo. Actualmente Flo es el director deportivo del Strømsgodset. ¡Su corazón es azul marino!

This man is a legend where I´m from. He played center forward and right winger. He is a giant (6.4 feet) and on the national team we used to play long balls up to him which he headed down to our strikers or central midfielders. This was known as the “Flo pass” and brought the Norwegian national team what little success it has had. Perhaps his most famous appearance for the national side was the World Cup match against Brazil on 23 June 1998, when he came on as a late substitute and contributed heavily to turning a 0-1 deficit to a last-gasp 2-1 upset of the reigning World Cup champions.

Flo retired after the 2002 season, having scored 120 goals in 184 games for Strømsgodset. After his playing career, he worked with marketing for the club before he filled the role of executive director. He is currently the director of football of Strømsgodset. His heart is navy blue!

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Zapatillas / Trainers

Adidas 350

Esto podría llevarme un buen rato… Las Beckenbauer Allround son unas de mis favoritas. Sin embargo no me convence demasiado el talón, aun así he tenido un par de pares a lo largo de los años. Me gusta comprar algún que otro par de Reebok o New Balance de vez en cuando, pero realmente soy un hombre fiel a Adidas. Si hablamos de colores, me gustan mucho tanto las Malmø como las Stockholm. Azul y amarillo es una gran combinación de colores para calzado. Pero me quedo con un par que compré el año pasado en Wolverhampton. Hicimos noche tras un partido que jugábamos allí y acabamos de pedo con la Subway Army. Estas zapatillas son increíblemente cómodas y son muy bonitas.

This could take a while… The Beckenbauer Allround is a favourite. Although I believe they’ve got the heel wrong, I’ve had a couple over the years. I do like an odd pair of Reeboks and New Balance from time to time but I´m an Adidas man. Color wise I like both the Malmø’s and Stockholm’s a lot. Blue and yellow is a strong footwear combination. I’ve landed on a pair I bought last year in Wolverhampton. We stayed behind after an away game and ended up getting drunk with the Subway Army. The trainers are absolute heaven to wear and they look brilliant.

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Película / Film

Titanes, hicieron historia (Remember The Titans)

Me ha llevado algo de tiempo responder a esta. Mención especial en esta categoría merecen La Roca, Snatch y Los Elegidos. Todas ellas son grandes películas. Sin embargo, Titanes, hicieron historia que me hace olvidarme de mis enemigos y recargar las pilas. Cuenta la verdadera historia de un entrenador afroamericano y su equipo de instituto, en la primera temporada como una unidad racialmente integrada. Es una película de Disney, así no hay ni sexo ni palabrotas, pero está bien. Tiene una gran banda sonora y gran reparto, como Denzel Washington y un joven Ryan Gosling.

Used some time to get this right. Honorable mentioned in the category are The Rock, Snatch and Boondock Saints. All great movies. But Remember The Titans is a movie that makes me forgive my enemies and recharge my batteries. The true story of a newly appointed African-American coach and his high school team on their first season as a racially integrated unit. It’s a Disney movie so no sex and swearing but that’s ok. It has great music and great actors – Denzel Washington and a young Ryan Gosling.

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Lugar / Place

Dovrefjell

Quizás no sea mi lugar favorito, pero desde luego es un sitio que me causó una impresión realmente duradera. Fui allí por trabajo, para retirar material de munición no detonado durante una semana. Volamos hasta allí en helicópteros y pasábamos la mayor parte del día caminando arriba y abajo por las laderas de los montes. En cualquier momento, bueyes almizcleros traídos de Groenlandia y renos podían cruzarse en nuestro camino. Estuve cerca de la muerte en varias ocasiones, en un paisaje que parece directamente salido de El Señor de los Anillos y que incluso hace que un duro escandinavo quede impresionado por nuestra naturaleza.

Maybe not my favourite place but certainly one that made a long lasting impression on me. I was up there with work removing unexploded ordnance for a week. We flew in with helicopters and spent most of the day just walking up and down the rolling hillsides. At any time musks imported from Greenland many years ago and reindeers could drop by with their families. Close to death on several occasions in surrounding straight out of Lord of The Ring makes even a hard core Scandinavian impressed by our nature.

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My journey from ‘Trouble to Bubble’

En el número 2 de la revista Etiqueta Grada, Darren Tutt y otros chavales del Newport County nos contaron acerca de sus andanzas en el mundo de las gradas en los años 80, en un artículo de nuestro amigo Álex.

Me puse en contacto con Darren para que nos contara de primera mano su experiencia en los años que pudo disfrutar de las escenas rave, club y acid house, y de las drogas que en aquel momento se consumían en Europa y Gran Bretaña.

* * *

Tras años y años viajando a lo largo y ancho del país, gastando miles de libras en ropa y levantándome para ver partidos de, precisamente, no buen fútbol, no tardaría en volver a empezar todo de nuevo. Esta vez, mis lugares habituales no serían estadios de fútbol y pubs, sino descampados, naves y clubes… Y esta vez, el “material” en el que gastaba mi dinero sería diferente [N.d.T: “gear” en la versión en inglés, término coloquial válido tanto para ropa como para droga].

De casual a raver

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Antes de la llegada del acid house, los clubes nocturnos de Gran Bretaña eran en su mayoría lugares deprimentes donde la gente iba a emborracharse, conocer alguien del sexo opuesto o pelearse con alguien del mismo sexo. Hacia el final de los ochenta, la música house, impulsada por la explosión de las drogas recreativas, convirtió a los clubes nocturnos en lo que se suponía era su razón de ser: un lugar para bailar.

Mi primera experiencia personal de este cambio fue en el Halikarnas Nightclub, en Turquía, durante el verano de 1989. La música allí era diferente, penetrante e hipnótica, la cual, inconscientemente, me hacía sentir un rollo diferente, una energía nueva entre la multitud. A pesar de estar borracho, bailé durante toda la noche.

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Hasta entonces, mi experiencia en los clubes nocturnos había consistido en fines de semana de borrachera, plantado al borde de las pistas de baile, malhumorado, sin más intención que echar un polvo. Un mes después de regresar de Turquía fui a Blackpool para una despedida de soltero. Una de las noches, dos de nosotros nos separamos del resto del grupo, pasó que dos relaciones que estaban muy buenas nos convencieron para ir a un club llamado Shaboo. Mientras estábamos allí, una chica nos pasó algo de speed. Mi experiencia con las drogas hasta entonces habían sido unas setas cuando era skinhead a principio de los ochenta y un corto tonteo sin importancia con speed y cannabis en el 86. Pero fue eso nada más, esta vez era diferente, se sentía bien, me sentía bien.

Recuerdo que estaban pinchando Graeme Park y Mike Pickering. El ambiente era eléctrico, la gente bailaba y todo el mundo estaba de muy buen rollo. Era algo totalmente diferente. Era un gran contraste con ese ambiente predominante en los clubes, al que estaba acostumbrado, de una amenaza de violencia siempre presente en el aire. Todo en lo que podía pensar entonces era cómo lo pasé aquella noche y sabía que estaba a punto de engancharme a aquello.

De vuelta a casa en Newport, pronto quedó claro que más gente empezaba a formar parte de esta nueva escena. Empezaron a aparecer sudaderas con capucha y pantalones anchos. Conocía a muchos de estos tipos. A algunos personalmente, otros eran amigos de amigos y otros solo caras conocidas. Un pequeño grupo de esta gente pronto se convirtió en mi grupo de amigos. La gente empezó a amasar grandes colecciones de vinilos y una enorme variedad de cintas con mezclas de DJs que empezaron a verse por todas partes.

En esta época solo había un puñado de lads locales del fútbol que estuviesen en el rollo (pronto serían seguidos por más). Unos pocos chavales del County habían vivido lo que estaba sucediendo con la escena rave mientras trabajaban en Jersey y se juntaban con otros lads del norte y sur del país.

Yo no necesitaba renovar mi armario. Para mí, la ropa siempre fue un aspecto importante como aficionado al fútbol, y la transición de las gradas a las raves fue bastante continua y natural. Mis camisetas Chippie, pantalones de campana C17 y mi Armani estaban listas para las raves. Sí que recuerdo comprar un par de sudaderas con capucha, algunos pantalones de chándal caídos y un par de Joe Blogg acampanados para combinar. Todo se volvió un poco más ancho, un poco más colorido.

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A principios de los 90 yo compraba Naf Naf, una marca francesa que se hizo popular debido a sus diseños anchos y tan coloridos. Me compré otro par de botas Kickers rojas, las cuales venían con una etiqueta de cuero en la bota derecha, y no tardé en “conseguir” diez etiquetas de diferentes colores también para mi bota izquierda. Tal fue la fiebre por este pequeño complemento, que la gente iba a las tiendas a probarse las Kickers solo para robar las etiquetas. Las tiendas pronto dieron buena cuenta del asunto y empezaron a venderlas a una libra cada una.

Mi relación sentimental de entonces pronto empezó a notar los efectos de mi nueva afición. Definitivamente ella no era del tipo de tomar drogas y salir por ahí toda la noche, por lo que pronto me vi inventando excusas para esto y lo otro, y las diferencias aparecieron rápidamente. El grupo de gente con el que había empezado a juntarme dio la casualidad que incluía a mi ex novia. La atracción fue instantánea y pronto volvimos a salir otra vez.

En nuestro club nocturno de confianza, Metro’s, de repente comenzaron a pinchar acid y house. El DJ residente de aquella era nuestro colega DJ Clark-E-Boy. El público se convirtió en nuestra gente, la mayoría de nosotros íbamos allí por la misma razón. Y además todos tomábamos las mismas drogas, ácido o speed, aunque a menudo eran ambas.

Aunque los porteros sabían perfectamente lo que estaba pasando, fumar canutos descaradamente no era buena idea. Esto, por supuesto no nos quitaba de fumar alguno a escondidas. El club instaló iluminación ultravioleta [luz negra] y allí pasamos muchas noches memorables. Se trataba de nuestro club, nuestra música, nuestra peña. Cuando el club cerraba, solíamos ir a casa de alguno de nosotros, para relajarnos o para seguir de fiesta, dependiendo de en qué estado fuese cada uno.

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En esta época, durante mis viajes psicodélicos provocados por el ácido, siempre revoloteaba un pensamiento de “agujero negro” que nunca conseguía quitarme de la cabeza, un pensamiento que siempre me hacía sumirme en lo más profundo. Era una escena habitual ver canutos rulando sin parar alrededor, aquel dulce olor tan familiar estaba por todas partes. La primera rave que montamos, en diciembre de 1989, fue organizada por algunos tipos de fuera en una sala grande. Resultó un poco fallida pero yo conocía a todo el mundo que estaba allí así que con eso me bastó para pasármelo bien. Entonces solía tomar ácido, en ocasiones acompañado de speed, pero por alguna razón acabé tomando quince pastillas Pro Plus que me pusieron eléctrico, perfecto para bailar.

Las juergas entre semana con un cuarto o medio ácido más algún canuto eran de lo más habitual, junto con un colega solíamos ir a clubes normales simplemente para pasarlo bien. El “agujero negro”, del que a veces me olvidaba, ocasionalmente volvía a aparecer, pero ya os contaré más sobre eso después.

Hacia enero de 1990 empezamos a movilizarnos y nos aventuramos a visitar los clubes de Londres, que está a menos de tres horas en coche desde Newport. Yo me encargaba de alquilar una furgoneta y allí íbamos el grupillo de mejores colegas en busca de la música, las luces y el bullicio. Recuerdo una vez que aparcamos y decidimos buscar la fiesta de aquella noche en un club, The Astoria. Aquello era otro nivel, los porteros de allí estaban bien enterados, sabían cómo era el rollo y por qué estábamos allí. Nuestra pinta delataba nuestras intenciones. Recuerdo que entramos nada más llegar. Dentro había flashes, humo y fondos fluorescentes que brillaban bajo una iluminación UV siempre presente. Podíamos sentir la profunda vibración del sound system en nuestros huesos, los golpes secos del ritmo y el retumbar de los bajos. Habíamos entrado en el paraíso.

Más tarde, aquella noche, recuerdo estar delante de la cabina del DJ como a tres metros, mientras pinchaba Paul Oakenfold, en frente de un altavoz cuyos bajos me destrozaban y estaba totalmente fuera de mí. Fue otra noche increíble.

Las tres horas conduciendo de camino a casa, de Londres a Gales, eran por sí mismas toda una experiencia. La furgoneta de alquiler la conducía cualquiera que se sintiese en condiciones de hacerlo. Circulando a toda velocidad por la M4, llena de humo, podía parecer sin duda una furgoneta salida de una película Cheech y Chong [N.d.T: dúo humorístico cuyas películas trataban el estilo de vida hippie de los años 70 y 80, y en las que el consumo de marihuana era un tema recurrente].

Después de haber consumido tanto LSD y speed, la nueva droga que llego a mis manos se convirtió en mi favorita. La siguiente rave que organizamos en 1990 fue tremenda y allí tomé mi primer E [N.d.T: éxtasis], una pastilla marrón y ocho horas de pura energía… Euforia.

Aquella noche fue absolutamente increíble, así fue, la juerga había llegado a un nivel completamente nuevo. Para las noches locales y más suaves tomaba ácido, pero para las grandes citas ya siempre elegiría éxtasis. Existía una sensación de emoción cada semana que iba creciendo más y más… ¿Dónde íbamos a parar? Viajando a todas partes… Éxtasis, éxtasis y más éxtasis. Las noches de los viernes se convertían en todo un fin de semana, con la energía sin fin que nos proporcionaba el éxtasis, una noche para nada era suficiente a partir de entonces.

De uno de esos largos fines de semana me viene a la mente el Kaos 2. Tras haberme metido éxtasis la noche del viernes, decidí tomar un par de Smileys el sábado por la noche. Estaba tan puesto que pensé que estuve toda la noche bailando la misma canción, The Power de Snap. Resultó que por lo visto casi todos los DJs que pincharon esa noche pusieron ese tema. Así que mi recuerdo fue un colocón continuo bailando toda la noche con eso.

Las mejores pastillas de éxtasis que encontrábamos entonces costaban 20 libras, lo que suponía mucho dinero a inicios de los noventa y, a este precio, el aumento de la demanda hizo ganar mucho dinero a los camellos, muy rápido. Entonces empezamos a pillar una buena cantidad de cada vez para conseguir un mejor trato, solo para nosotros, para consumo personal. La cantidad de diferentes tipos de éxtasis que llegaban al mercado era desorbitante. Todos con diferentes nombres, distinta fuerza, pero todos te cambiaban el estado de ánimo… Todo puesto de éxtasis, colocado y con todo el subidón… Euforia total.

Durante una época, me convertí en dependiente de tres sustancias diferentes y necesitaba las tres para pasar una noche en condiciones. Éxtasis, cannabis y popper (nitrito de amilo). Con esto no había problemas en fiestas privadas y gratis, pero el popper era lo más complicado de colar en los clubes y raves organizadas. De todas formas, siempre lo acababa consiguiendo. Lo más curioso es que el Popper era una sustancia legal por aquel entonces. El problema con ello era que, tan pronto como abrías el bote, un montón de narices en un radio de un kilómetro lo olían y en un momento estabas rodeado de ravers. Cuando lo pasaba, no me podía relajar y seguir con mi noche hasta que lo tenía de vuelta en mi mano. Pronto encontré una solución al problema y empecé a llevar dos botes, uno para mí y otro para que se peleasen por él.

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Adicto

En mayo de 1990, sin embargo, la juerga estaba a punto de sufrir una pausa. Esto nos lleva de vuelta a la paranoia del “agujero negro”. Durante aquellos primeros días descubriendo la escena rave, todavía solía disfrutar de los sábados noche con mis colegas del fútbol. En el otoño de 1989 tuvimos un incidente serio en el fútbol que pensé que cambiaría mi vida para siempre. Muchos de nosotros fuimos detenidos, condenados y liberados bajo fianza al año siguiente. Debido a la gravedad del delito, sabía que solo había una consecuencia posible.

Acababa de descubrir esta nueva forma de vida y estaba muy feliz con eso. Estaba cambiando, pero ya era demasiado tarde, ya no había vuelta atrás y mi subconsciente lo sabía. Por eso durante alguna de aquellas noches de fiesta, cuando me sumergía en un pensamiento profundo, me refería a ello como mi “agujero negro”. En mayo de 1990 fui condenado a tres años de prisión. Mi vida, pensaba yo, estaba a punto de desmoronarse. ¡Pero no fue así! No me voy a detener en los 12 meses que pasé dentro (me concedieron libertad condicional por buen comportamiento), pero sí diré que había más drogas dentro de lo que en ocasiones había fuera. Más adelante me preguntaba si el haberme controlado durante aquellos meses quizás me hizo un favor por aquel entonces.

Night Before Prison & Release

En mayo de 1991, cuando salí, era un hombre joven, libre y, como supondréis, soltero. Tenía que ponerme al día de un montón de cosas. Por lo pronto, la mitad de Newport ya estaba metida en la escena rave y un par de mi antigua banda habían sido internados bajo la normativa de salud mental, pero solo para tratamiento. Más chavales del fútbol se habían enterado de la movida y cayeron bajo el encanto de las raves, juerga y trapicheos. Todo el mundo estaba en ello.

Nuestro querido club Metro’s había dejado de ser la referencia en las noches de rave y otro club nocturno local, Rudi’s, había tomado el relevo y era quien atendía al creciente número de ravers de Newport. Rudi’s era un excelente club con los mejores DJs de todo el país encabezando los carteles de fines de semana. En una gran noche, Carl Cox, posiblemente el DJ más importante del mundo pinchó en Rudi’s e incluso mencionó el club en una entrevista posterior en Mixmag.

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Si no íbamos al Rudi´s, nos buscábamos la fiesta en algún sitio más lejano. El primer viernes después de que me soltasen, alquilé un coche y nos fuimos a Coventry, donde se encontraba el famoso club Eclipse. Me tomé dos éxtasis y no me aparté de las luces láser en toda la noche. Fascinado y fuera de órbita. La música y el sound system siempre eran cojonudos en este sitio y siempre llevaban a DJs del mejor nivel. Siempre volvíamos al Eclipse.

Y aquello fue, la segunda fase de mi vida. Otra vez la pregunta era, “¿qué va a ser lo próximo?”. Aparte del éxtasis, empecé de nuevo a tomar mucho ácido, a veces mezclándolo con éxtasis y popper, viajando a otras dimensiones. También cambié mi ritmo de vida, dormí una noche a la semana durante los siguientes doce meses o así. En 1991, tuve la mala suerte de pillar un éxtasis falso y pensé “nunca más”. Me arruinó la noche por completo. Una noche de fiesta en Oxford nos juntamos con unos buenos chavales y les pillamos unas pastillas cojonudas. Se organizaban un montón de raves por la zona de Oxford y siempre veías las mismas caras conocidas en las fiestas. Pronto nos hicimos amigos de los camellos y frecuentemente viajaba con un amigo para pillarles éxtasis, para mí y mis colegas. Compraba de sobra para pasar algunas y así recuperar mi dinero. En aquellos viajes siempre me daba la paranoia, mientras estábamos en el salón en casa de estos tipos o durante el largo viaje de vuelta a casa.

Pero era aún incluso peor si hacía el viaje yo solo. Solía coger un tren hasta Londres y allí me pasaba por las sex shops del Soho para comprar treinta y seis botellas de nitrito de amilo, que venía en unas botellas marrones grandes. Eso sí, no podías ir a Londres y no comprar nada de ropa. En el tren de vuelta paraba en Didcot, al sur de Oxford. Allí me recogían, iba a pillar las pastillas y me dejaban de vuelta en la estación, nunca hubo motivo para tener que probar el material. Debido a mis pintas, yo pensaba que todo el mundo sabría qué andaba haciendo por allí, así que escondía la droga hasta que el tren aparecía. La recuperaba y la volvía a esconder dentro del tren de nuevo. Como acciones militares encubiertas, siempre andaba con la mosca detrás de la oreja, preguntándome si me pillarían al bajarme del tren. Nunca me podía relajar hasta que entraba por la puerta de casa. En casa, seguro, un canuto, relax.

Como ya llevaba tiempo haciendo antes, seguí alquilando coches o furgonetas para ir a cualquier sitio. Recorriendo el largo y ancho del país, algunas veces llenaba las furgonetas con gente que ni siquiera conocía, solo para llegar a mi destino y rara vez dejaba a otro conducir de vuelta a casa. También había veces que hacía auto stop e iba con otra gente. Era frecuente que yo me quisiese quedar cuando el resto de gente se quería ir así que acababa teniendo que hacer el viaje de vuelta por mi cuenta, que como podéis imaginar era una buena aventura.

Hacia 1992 un par de mis mejores colegas, amigos que aún hoy en día son cercanos, estaban un poco preocupados acerca de cuánto estaba tomando, porque estaba constantemente en ello. Salía todos los fines de semana con cualquiera. Supongo que mi subconsciente sentía que iba un año por detrás de mis colegas de rave y necesitaba ponerme al día. A lo largo de todo este tiempo, solo hubo dos ocasiones en las que realmente llegué a pensar que me quedaba en el sitio. Solía pensar acerca de ello como el que atraviesa una puerta y se cierra justo detrás de él. Durante una de esas noches, mezclé unos micropuntos bastante fuertes con éxtasis. “Esto es todo, aquí estás ahora, en la otra acera, esto es lo que hay, este eres tú para el resto de tu vida, ya no hay bajón”. Había atravesado la puerta y la cerré.

Jun '93

Fueron momentos escalofriantes, todos ellos, que te hacían replanteártelo… Hasta que llegaba la siguiente gran rave por supuesto. En 1992 conocí a una nueva novia. Fuimos a algunas raves juntos y empezamos a ir a las sesiones de house que se celebraban en todos los grandes clubes. Las grandes raves en el exterior se habían trasladado a clubes más pequeños y exclusivos. Por aquel entonces, yo tenía una tienda donde vendía los mayores éxitos de dance. Empecé un período de mi vida más tranquilo y cómodo, haciendo negocio de una de mis pasiones, algo que amaba. Otra de las cosas buenas de esta nueva época fue poder entrar en las listas de invitados de las raves y clubes. Aún seguíamos tomando éxtasis, algún colocón ocasional. La fiesta era la misma prácticamente pero las salas eran más cálidas. Empecé a dejarlo progresivamente a partir de 1994 y pasé a ser un consumidor ocasional. Ya en 1995 casi no me metía nada.

En fin… Aquella relación duró cuatro años y medio.

25

Fue un viaje de tremenda locura, salvaje, colorido y verdaderamente inolvidable con mil historias más. Una historia reservada para cada uno de mis colegas por sí solos. Quizás algún día escribiré un libro…

En cuanto a mí, bueno, no cambiaría nada de nada.

#tuttioi

My journey from ‘Trouble to Bubble’ (English version)

In the issue #2 of Etiqueta Grada, Darren Tutt aka Tuttioi and some other Newport County lads told us about their adventures in the football terraces world in the 80s, we could read about it in a great article by our friend Álex.

I got in touch with Darren to ask him to tell us first-hand about his experience in the years when he could enjoy the rave, club and acid house scenes, and the drugs that were consumed at the time in Europe and Great Britain.

* * *

After years of traveling up and down the country, spending thousands of pounds on gear and getting up to no good watching football, I was soon to do it all over again. This time, my venues of choice weren’t football stadiums and pubs but fields, warehouses and clubs… And this time, I was buying a different kind of “gear”.

From casual to raver

Casual to Raver '89

Before acid house, nightclubs in Britain were mostly depressing places where people went to get drunk, to meet someone of the opposite sex or fight someone of the same sex. Towards the end of the eighties, house music, fuelled by an explosion of recreational drugs, turned nightclubs back into what they were supposed to be all along: a place to dance.

My first personal experience of this change was at Halikarnas Nightclub in Turkey during the summer of 1989. The music was different, driving and hypnotic and I subconsciously sensed a different vibe, a different energy among the crowd. Despite being drunk, I danced all night.

Version 2

I had only experienced weekends boozed up in nightclubs, stood at the dance-floors edge, mean, moody and on the pull. A month after returning from Turkey, I went to Blackpool for a stag party. On one of the nights, two of us broke away from the rest of the crowd, somehow managing to be persuaded by two stunning club touts to go to a club called Shaboo. Whilst there, a girl gave us some speed. My drug experience up until this time, had been some mushrooms as a skinhead in the early 80’s and a minor, short-lived dabble with some speed and cannabis in 86. But that was it, this time it was different, it felt right, I felt right.

I remember Graeme Park and Mike Pickering were playing. The atmosphere was electric, people danced, everyone was so friendly. This was so different. A stark contrast to the ever present threat of violence that had hung in the air of the nightclubs I was used to. All I could think of was the time I had that night and I knew, I was about to become hooked.

Back home in Newport, it soon became apparent that others were becoming part of this new scene. The hooded tops and baggy bottoms becoming more visible. I knew most of these guys. Some personally, some friends of others, some just faces. A small group of these people were soon to become close friends. People began amassing great vinyl collections and a huge array of DJ mix cassettes were soon flying around.

At this time there were only a handful of local football lads who were in the know (A few more were soon to follow). A few of the County boys had experienced what was happening with the rave scene whilst working over in Jersey and mixing with other lads from up and down the country.

I didn’t need a new wardrobe. Clothes for me were always an important aspect of following football and the transition for the terraces to raves was pretty seamless. My Chipie tee shirts, C17 flares and my Armani were all rave ready. I do remember buying two hooded tops, some baggy joggers and a pair of Joe Blogg flares to mix it up. Everything was just a little looser, a little more colourful.

Summer 91

In early 1990 I was buying Naf Naf, a French label that became popular with their bright and baggy designs. I bought another pair of red Kicker boots, which came with a leather Kicker tag on the right boot, I soon “acquired” ten different colour tags on the left boot too. It got so bad people ended up going to shops and trying on different Kickers just to rob the tags. The shops soon caught on and started selling them for a pound a piece.

My relationship at the time soon started to feel the effects of my new found raving. She definitely wasn’t the type to do drugs and stay out all night and I soon found myself making excuses for this and that and the cracks rapidly started to show. The gang I had begun to closely bond with, happened to include my ex-girlfriend. The attraction was instant and we soon became an item again.

Our local Nightclub, Metros, suddenly started playing acid and house. The main DJ at the time was our mates, DJ Clark-E-Boy. The crowd, became our crowd, most of us all there for the same reason. We would all be doing acid or speed, or more often than not, both.

Darren's Flat '91

Although the bouncers clearly knew what was going on, smoking spliffs openly was a no no. This, of course didn’t stop us having a sneaky one here and there. The club installed all UV lighting and we had many a memorable night there. This was our club, our music, our gang. When the club closed, we’d always go back to someone’s place, to chill out or carry on, depending on what state you were in.

At this time, during my acid trips, there was always an ever present ‘black hole’ of thought, one that I could never shake off, one that I’d always descend deeper into whilst on it. Spliffs were always floating about as standard, that familiar sweet scent was all around. Our first organised rave in December 1989 was organised by some outsiders in a large local venue. It was a bit of a flop but I knew nearly everyone in there and made my own night of it. My drug of choice then was acid, occasionally accompanied by speed but for whatever reason that night I ended up doing fifteen Pro Plus tablets and ended up rattling with shakes, great for dancing.

Midweek binging on a quarter or half a tab of acid with a spliff became standard, going to normal clubs with my mate just for a buzz. The ‘black hole’, which I sometimes forgot about, would occasionally surface, but more about that later.

By January 1990, we soon started venturing off to the bright lights of London, less than a three hour drive from Newport. I would hire a transit van and our close knit gang would head off in search of the music, the lights and the buzz. I remember one time, we parked up, dropped our fun for the night and headed to the club, The Astoria. This was another level, the bouncers here were clued up, they knew the score and why we were there. The punters eyes told them that. I remember coming up just as we got in. There was strobe lighting, smoke and fluorescent backdrops glowing under the ever present UV lighting. We could feel the sound system vibrating deep in our bones, the thud of the beat and the rumble of the bass. We had entered heaven.

Later that night, I stood about three meters from the DJ booth while Paul Oakenfold played, in front of a speaker being ripped apart by the bass and tripping my nut off. It was another incredible night.

The three hour drive home from London to Wales was often an experience in itself. The hire van was driven by whoever felt fit enough to do so. Hurtling along the M4 our van, full of smoke, would look like something from a Cheech & Chong movie.

After doing so much LSD and speed, my next drug of choice was to become my favourite. Our next organised rave in 1990 was a big one and I dropped my first E, a brown disco biscuit and 8 hours of pure energy… Euphoria.

That night was absolutely unbelievable, that was it, my raving had reached up to a whole new level. Local, low key nights and weekends were acid but for the real big nights, it was always ecstasy. There was a surge of excitement every week that would build into a crescendo… Where were we going next? Travelling everywhere… E’s E’s E’s. Friday nights became weekenders, with the endless energy that ecstasy brought, one night wasn’t long enough anymore.

One such event springs to mind, Kaos 2. After downing E’s on the Friday night, I decided to drop two Smiley Face acid tabs on the Saturday night. I was that off it, I thought I was dancing the whole night to one record, Snap’s The Power. It turns out, that nearly every DJ that night played that song. So for me, my trip was dancing all night long to it.

The very best Pukka ecstasy tablets were selling for a score (£20), this represented a lot of money in the early 1990’s and at this price, the increasing demand was to make a few hardcore dealers very wealthy, very quickly. We started to buy a load of them in one go, getting a better deal, just for our lot, for personal. The amount of different E’s that were coming onto the market was mind boggling. All with different names, different strengths, yet all resulting in one frame of mind… E’d up, smacked up and rushing, being sick… Total Euphoria.

At one stage, I became dependent on three different substances and I needed all three to fulfil my night. Ecstasy, cannabis and poppers (amyl nitrate). This was all well and good at free parties, but the poppers was the hardest thing to smuggle into the organised raves and clubs. Nevertheless, I would always succeed. The crazy thing was, poppers was legal back then. The trouble with poppers was, as soon as you opened it, a mile radius of noses would smell it and you’d be surrounded by ravers. I could never relax and get on with my night until I had it back in my hand. I soon found a solution and started to take two bottles, one for me and one for them to fight over.

July '91

Addicted

In May 1990 though, the raving was about to pause. This takes us back to ‘The Black Hole’. During these early days, the discovery stage of rave, there were still my usual Saturday nights out with the football crowd. During the Autumn of 1989 there was a serious football related incident that I thought would change my life forever. A load of us were arrested, charged and bailed until the following year. Because of the seriousness of the offence, I knew there was only one possible outcome.

I had just found this new way of life. I was so happy with it. I was changing, but it was all too late, the wheels were already set in motion and my subconscious knew that. That is why during some of those nights, when slipping into deep thought, I referred to it as my ‘black hole’. In May 1990 I was sentenced to three years in prison. My life, I thought, would fall apart. It didn’t! I won’t dwell on this twelve months inside (paroled for good behaviour) other to say that there were more drugs inside than there sometimes were out on the streets. I often wondered later on, if the twelve month controlled intake maybe did me a favour back then.

Night Before Prison & Release

In May 1991, I found myself, young, free and you guessed it, single. I had a lot of catching up to do. By now, half of Newport was raving and a couple of my old gang had been sectioned under the mental health act but only for treatment. More football boys had caught on and had fallen under ravings spell, raving and dealing. Everyone was at it.

Our own Rave Nightclub Metro’s had stopped doing the nights and another local nightclub, Rudi’s had taken over and was catering for the growing number of Newport ravers. Rudi’s was an excellent club with the top DJ’s from around the country headlining at weekends. On one big night Carl Cox, arguably the biggest DJ in the world, played Rudi’s and even mentioned the club in a later Mixmag interview.

Rudi's '91

If we weren’t at Rudi’s, we’d all venture further afield. On my first Friday after being released, I hired a car with a friend and we drove up to Coventry to the then infamous Eclipse club. I dropped 2 E’s and never left the laser beams all night. Transfixed and off it. The music and sound system was always spot on at this venue and there was always a top line up of DJ’s on the bill. We always went back to The Eclipse.

This was it, phase two of my life. Again, it was, “where are we going next?” As well as the E’s, I again started doing a lot of acid, sometimes mixing it up with E’s and popper’s and travelling to different dimensions. I would lose on average, one night a week of sleep for the next twelve months or so.  In 1991, I only ever bought one dud E and I thought never again. It totally spoiled my night. At a free party one night in Oxford we met up with some great guys and scored some top tablets off them. There were a lot of free raves around the Oxford area going on and you would always see the same faces at each one. We soon became friends with the dealers and I would often drive with a friend there to buy our own E’s for personal and our mates. I’d buy a few more to sell to get my money back. These journeys would always attract paranoia whilst sat in their living room and during the long drive home.

It was even worse if I made the journey on my own. I’d catch a train to London and go to the Soho sex shops just to buy thirty six bottles of amyl nitrate, the large brown bottles. You couldn’t go to London and not buy an item of clothing too. On the train back I would stop off at Didcot. I’d get picked up, go and pick up the pills and get dropped back at the station, there was never any reason to test the merchandise. Because of how I looked, I thought everyone knew what I was up to, so I’d hide the stash until the train came in. I’d retrieve and then hide it on the train. Covert military actions, always wondering if I was gonna get lifted when I got off the train. I could never relax until I got home and closed my front door. Home, safe, spliff time, relax.

As before, I’d hire cars or vans to go anywhere and everywhere. Up North, down South, East and West. Sometimes filling spaces in the hire van with people I didn’t even know, just to get there and I rarely let someone else drive home. There were also times I’d thumb a lift and go with others. I would often stay there when they wanted to all leave and end up having to make my own way home, that was a journey itself as you can imagine.

By 1992 a couple of my close mates, friends who are still close to this day, were getting a bit concerned on how much I was doing because I was constantly at it. Off every weekend with anyone. I guess my subconscious felt I was a year behind on my rave ladder and need to catch up. Throughout all this, there were only two times where I thought I’d genuinely lost it. I used to think of it as going through a door and closing behind me. On one of those nights, I mixed strong microdots with ecstasy. “That’s it, your here now, on the other side, this is what it’s like, this is you for the rest of your life, no come down”. I had gone through the door and closed it.

Jun '93

These were scary moments, all very off putting… Until the next big rave of course. In 1992 I met a new girlfriend. We did some raves together and started going to all the house nights that were being held in all the big clubs. The big raves had moved inside to smaller, more exclusive clubs. By then, I had a shop, selling all the sought after dance music. I was now making a comfortable living, doing something I was passionate about, that I loved. Another bonus of this new career was getting onto the guest lists of the raves and clubs.  We were still doing ecstasy, the occasional acid trip. The buzz was the same but the venues were warmer.  I started to calm right down during 1994 and became just an occasional user. Doing hardly anything during 1995.

Well… That relationship lasted four and half years.

25

It was a crazy, wild, colourful and truly unforgettable journey with a thousand more stories. A story deserved in each of my buddies alone. Maybe one day I’ll write a book…

As for me, well, I wouldn’t change a thing.

#tuttioi