My journey from ‘Trouble to Bubble’

En el número 2 de la revista Etiqueta Grada, Darren Tutt y otros chavales del Newport County nos contaron acerca de sus andanzas en el mundo de las gradas en los años 80, en un artículo de nuestro amigo Álex.

Me puse en contacto con Darren para que nos contara de primera mano su experiencia en los años que pudo disfrutar de las escenas rave, club y acid house, y de las drogas que en aquel momento se consumían en Europa y Gran Bretaña.

* * *

Tras años y años viajando a lo largo y ancho del país, gastando miles de libras en ropa y levantándome para ver partidos de, precisamente, no buen fútbol, no tardaría en volver a empezar todo de nuevo. Esta vez, mis lugares habituales no serían estadios de fútbol y pubs, sino descampados, naves y clubes… Y esta vez, el “material” en el que gastaba mi dinero sería diferente [N.d.T: “gear” en la versión en inglés, término coloquial válido tanto para ropa como para droga].

De casual a raver

Casual to Raver '89

Antes de la llegada del acid house, los clubes nocturnos de Gran Bretaña eran en su mayoría lugares deprimentes donde la gente iba a emborracharse, conocer alguien del sexo opuesto o pelearse con alguien del mismo sexo. Hacia el final de los ochenta, la música house, impulsada por la explosión de las drogas recreativas, convirtió a los clubes nocturnos en lo que se suponía era su razón de ser: un lugar para bailar.

Mi primera experiencia personal de este cambio fue en el Halikarnas Nightclub, en Turquía, durante el verano de 1989. La música allí era diferente, penetrante e hipnótica, la cual, inconscientemente, me hacía sentir un rollo diferente, una energía nueva entre la multitud. A pesar de estar borracho, bailé durante toda la noche.

Version 2

Hasta entonces, mi experiencia en los clubes nocturnos había consistido en fines de semana de borrachera, plantado al borde de las pistas de baile, malhumorado, sin más intención que echar un polvo. Un mes después de regresar de Turquía fui a Blackpool para una despedida de soltero. Una de las noches, dos de nosotros nos separamos del resto del grupo, pasó que dos relaciones que estaban muy buenas nos convencieron para ir a un club llamado Shaboo. Mientras estábamos allí, una chica nos pasó algo de speed. Mi experiencia con las drogas hasta entonces habían sido unas setas cuando era skinhead a principio de los ochenta y un corto tonteo sin importancia con speed y cannabis en el 86. Pero fue eso nada más, esta vez era diferente, se sentía bien, me sentía bien.

Recuerdo que estaban pinchando Graeme Park y Mike Pickering. El ambiente era eléctrico, la gente bailaba y todo el mundo estaba de muy buen rollo. Era algo totalmente diferente. Era un gran contraste con ese ambiente predominante en los clubes, al que estaba acostumbrado, de una amenaza de violencia siempre presente en el aire. Todo en lo que podía pensar entonces era cómo lo pasé aquella noche y sabía que estaba a punto de engancharme a aquello.

De vuelta a casa en Newport, pronto quedó claro que más gente empezaba a formar parte de esta nueva escena. Empezaron a aparecer sudaderas con capucha y pantalones anchos. Conocía a muchos de estos tipos. A algunos personalmente, otros eran amigos de amigos y otros solo caras conocidas. Un pequeño grupo de esta gente pronto se convirtió en mi grupo de amigos. La gente empezó a amasar grandes colecciones de vinilos y una enorme variedad de cintas con mezclas de DJs que empezaron a verse por todas partes.

En esta época solo había un puñado de lads locales del fútbol que estuviesen en el rollo (pronto serían seguidos por más). Unos pocos chavales del County habían vivido lo que estaba sucediendo con la escena rave mientras trabajaban en Jersey y se juntaban con otros lads del norte y sur del país.

Yo no necesitaba renovar mi armario. Para mí, la ropa siempre fue un aspecto importante como aficionado al fútbol, y la transición de las gradas a las raves fue bastante continua y natural. Mis camisetas Chippie, pantalones de campana C17 y mi Armani estaban listas para las raves. Sí que recuerdo comprar un par de sudaderas con capucha, algunos pantalones de chándal caídos y un par de Joe Blogg acampanados para combinar. Todo se volvió un poco más ancho, un poco más colorido.

Summer 91

A principios de los 90 yo compraba Naf Naf, una marca francesa que se hizo popular debido a sus diseños anchos y tan coloridos. Me compré otro par de botas Kickers rojas, las cuales venían con una etiqueta de cuero en la bota derecha, y no tardé en “conseguir” diez etiquetas de diferentes colores también para mi bota izquierda. Tal fue la fiebre por este pequeño complemento, que la gente iba a las tiendas a probarse las Kickers solo para robar las etiquetas. Las tiendas pronto dieron buena cuenta del asunto y empezaron a venderlas a una libra cada una.

Mi relación sentimental de entonces pronto empezó a notar los efectos de mi nueva afición. Definitivamente ella no era del tipo de tomar drogas y salir por ahí toda la noche, por lo que pronto me vi inventando excusas para esto y lo otro, y las diferencias aparecieron rápidamente. El grupo de gente con el que había empezado a juntarme dio la casualidad que incluía a mi ex novia. La atracción fue instantánea y pronto volvimos a salir otra vez.

En nuestro club nocturno de confianza, Metro’s, de repente comenzaron a pinchar acid y house. El DJ residente de aquella era nuestro colega DJ Clark-E-Boy. El público se convirtió en nuestra gente, la mayoría de nosotros íbamos allí por la misma razón. Y además todos tomábamos las mismas drogas, ácido o speed, aunque a menudo eran ambas.

Aunque los porteros sabían perfectamente lo que estaba pasando, fumar canutos descaradamente no era buena idea. Esto, por supuesto no nos quitaba de fumar alguno a escondidas. El club instaló iluminación ultravioleta [luz negra] y allí pasamos muchas noches memorables. Se trataba de nuestro club, nuestra música, nuestra peña. Cuando el club cerraba, solíamos ir a casa de alguno de nosotros, para relajarnos o para seguir de fiesta, dependiendo de en qué estado fuese cada uno.

Darren's Flat '91

En esta época, durante mis viajes psicodélicos provocados por el ácido, siempre revoloteaba un pensamiento de “agujero negro” que nunca conseguía quitarme de la cabeza, un pensamiento que siempre me hacía sumirme en lo más profundo. Era una escena habitual ver canutos rulando sin parar alrededor, aquel dulce olor tan familiar estaba por todas partes. La primera rave que montamos, en diciembre de 1989, fue organizada por algunos tipos de fuera en una sala grande. Resultó un poco fallida pero yo conocía a todo el mundo que estaba allí así que con eso me bastó para pasármelo bien. Entonces solía tomar ácido, en ocasiones acompañado de speed, pero por alguna razón acabé tomando quince pastillas Pro Plus que me pusieron eléctrico, perfecto para bailar.

Las juergas entre semana con un cuarto o medio ácido más algún canuto eran de lo más habitual, junto con un colega solíamos ir a clubes normales simplemente para pasarlo bien. El “agujero negro”, del que a veces me olvidaba, ocasionalmente volvía a aparecer, pero ya os contaré más sobre eso después.

Hacia enero de 1990 empezamos a movilizarnos y nos aventuramos a visitar los clubes de Londres, que está a menos de tres horas en coche desde Newport. Yo me encargaba de alquilar una furgoneta y allí íbamos el grupillo de mejores colegas en busca de la música, las luces y el bullicio. Recuerdo una vez que aparcamos y decidimos buscar la fiesta de aquella noche en un club, The Astoria. Aquello era otro nivel, los porteros de allí estaban bien enterados, sabían cómo era el rollo y por qué estábamos allí. Nuestra pinta delataba nuestras intenciones. Recuerdo que entramos nada más llegar. Dentro había flashes, humo y fondos fluorescentes que brillaban bajo una iluminación UV siempre presente. Podíamos sentir la profunda vibración del sound system en nuestros huesos, los golpes secos del ritmo y el retumbar de los bajos. Habíamos entrado en el paraíso.

Más tarde, aquella noche, recuerdo estar delante de la cabina del DJ como a tres metros, mientras pinchaba Paul Oakenfold, en frente de un altavoz cuyos bajos me destrozaban y estaba totalmente fuera de mí. Fue otra noche increíble.

Las tres horas conduciendo de camino a casa, de Londres a Gales, eran por sí mismas toda una experiencia. La furgoneta de alquiler la conducía cualquiera que se sintiese en condiciones de hacerlo. Circulando a toda velocidad por la M4, llena de humo, podía parecer sin duda una furgoneta salida de una película Cheech y Chong [N.d.T: dúo humorístico cuyas películas trataban el estilo de vida hippie de los años 70 y 80, y en las que el consumo de marihuana era un tema recurrente].

Después de haber consumido tanto LSD y speed, la nueva droga que llego a mis manos se convirtió en mi favorita. La siguiente rave que organizamos en 1990 fue tremenda y allí tomé mi primer E [N.d.T: éxtasis], una pastilla marrón y ocho horas de pura energía… Euforia.

Aquella noche fue absolutamente increíble, así fue, la juerga había llegado a un nivel completamente nuevo. Para las noches locales y más suaves tomaba ácido, pero para las grandes citas ya siempre elegiría éxtasis. Existía una sensación de emoción cada semana que iba creciendo más y más… ¿Dónde íbamos a parar? Viajando a todas partes… Éxtasis, éxtasis y más éxtasis. Las noches de los viernes se convertían en todo un fin de semana, con la energía sin fin que nos proporcionaba el éxtasis, una noche para nada era suficiente a partir de entonces.

De uno de esos largos fines de semana me viene a la mente el Kaos 2. Tras haberme metido éxtasis la noche del viernes, decidí tomar un par de Smileys el sábado por la noche. Estaba tan puesto que pensé que estuve toda la noche bailando la misma canción, The Power de Snap. Resultó que por lo visto casi todos los DJs que pincharon esa noche pusieron ese tema. Así que mi recuerdo fue un colocón continuo bailando toda la noche con eso.

Las mejores pastillas de éxtasis que encontrábamos entonces costaban 20 libras, lo que suponía mucho dinero a inicios de los noventa y, a este precio, el aumento de la demanda hizo ganar mucho dinero a los camellos, muy rápido. Entonces empezamos a pillar una buena cantidad de cada vez para conseguir un mejor trato, solo para nosotros, para consumo personal. La cantidad de diferentes tipos de éxtasis que llegaban al mercado era desorbitante. Todos con diferentes nombres, distinta fuerza, pero todos te cambiaban el estado de ánimo… Todo puesto de éxtasis, colocado y con todo el subidón… Euforia total.

Durante una época, me convertí en dependiente de tres sustancias diferentes y necesitaba las tres para pasar una noche en condiciones. Éxtasis, cannabis y popper (nitrito de amilo). Con esto no había problemas en fiestas privadas y gratis, pero el popper era lo más complicado de colar en los clubes y raves organizadas. De todas formas, siempre lo acababa consiguiendo. Lo más curioso es que el Popper era una sustancia legal por aquel entonces. El problema con ello era que, tan pronto como abrías el bote, un montón de narices en un radio de un kilómetro lo olían y en un momento estabas rodeado de ravers. Cuando lo pasaba, no me podía relajar y seguir con mi noche hasta que lo tenía de vuelta en mi mano. Pronto encontré una solución al problema y empecé a llevar dos botes, uno para mí y otro para que se peleasen por él.

July '91

Adicto

En mayo de 1990, sin embargo, la juerga estaba a punto de sufrir una pausa. Esto nos lleva de vuelta a la paranoia del “agujero negro”. Durante aquellos primeros días descubriendo la escena rave, todavía solía disfrutar de los sábados noche con mis colegas del fútbol. En el otoño de 1989 tuvimos un incidente serio en el fútbol que pensé que cambiaría mi vida para siempre. Muchos de nosotros fuimos detenidos, condenados y liberados bajo fianza al año siguiente. Debido a la gravedad del delito, sabía que solo había una consecuencia posible.

Acababa de descubrir esta nueva forma de vida y estaba muy feliz con eso. Estaba cambiando, pero ya era demasiado tarde, ya no había vuelta atrás y mi subconsciente lo sabía. Por eso durante alguna de aquellas noches de fiesta, cuando me sumergía en un pensamiento profundo, me refería a ello como mi “agujero negro”. En mayo de 1990 fui condenado a tres años de prisión. Mi vida, pensaba yo, estaba a punto de desmoronarse. ¡Pero no fue así! No me voy a detener en los 12 meses que pasé dentro (me concedieron libertad condicional por buen comportamiento), pero sí diré que había más drogas dentro de lo que en ocasiones había fuera. Más adelante me preguntaba si el haberme controlado durante aquellos meses quizás me hizo un favor por aquel entonces.

Night Before Prison & Release

En mayo de 1991, cuando salí, era un hombre joven, libre y, como supondréis, soltero. Tenía que ponerme al día de un montón de cosas. Por lo pronto, la mitad de Newport ya estaba metida en la escena rave y un par de mi antigua banda habían sido internados bajo la normativa de salud mental, pero solo para tratamiento. Más chavales del fútbol se habían enterado de la movida y cayeron bajo el encanto de las raves, juerga y trapicheos. Todo el mundo estaba en ello.

Nuestro querido club Metro’s había dejado de ser la referencia en las noches de rave y otro club nocturno local, Rudi’s, había tomado el relevo y era quien atendía al creciente número de ravers de Newport. Rudi’s era un excelente club con los mejores DJs de todo el país encabezando los carteles de fines de semana. En una gran noche, Carl Cox, posiblemente el DJ más importante del mundo pinchó en Rudi’s e incluso mencionó el club en una entrevista posterior en Mixmag.

Rudi's '91

Si no íbamos al Rudi´s, nos buscábamos la fiesta en algún sitio más lejano. El primer viernes después de que me soltasen, alquilé un coche y nos fuimos a Coventry, donde se encontraba el famoso club Eclipse. Me tomé dos éxtasis y no me aparté de las luces láser en toda la noche. Fascinado y fuera de órbita. La música y el sound system siempre eran cojonudos en este sitio y siempre llevaban a DJs del mejor nivel. Siempre volvíamos al Eclipse.

Y aquello fue, la segunda fase de mi vida. Otra vez la pregunta era, “¿qué va a ser lo próximo?”. Aparte del éxtasis, empecé de nuevo a tomar mucho ácido, a veces mezclándolo con éxtasis y popper, viajando a otras dimensiones. También cambié mi ritmo de vida, dormí una noche a la semana durante los siguientes doce meses o así. En 1991, tuve la mala suerte de pillar un éxtasis falso y pensé “nunca más”. Me arruinó la noche por completo. Una noche de fiesta en Oxford nos juntamos con unos buenos chavales y les pillamos unas pastillas cojonudas. Se organizaban un montón de raves por la zona de Oxford y siempre veías las mismas caras conocidas en las fiestas. Pronto nos hicimos amigos de los camellos y frecuentemente viajaba con un amigo para pillarles éxtasis, para mí y mis colegas. Compraba de sobra para pasar algunas y así recuperar mi dinero. En aquellos viajes siempre me daba la paranoia, mientras estábamos en el salón en casa de estos tipos o durante el largo viaje de vuelta a casa.

Pero era aún incluso peor si hacía el viaje yo solo. Solía coger un tren hasta Londres y allí me pasaba por las sex shops del Soho para comprar treinta y seis botellas de nitrito de amilo, que venía en unas botellas marrones grandes. Eso sí, no podías ir a Londres y no comprar nada de ropa. En el tren de vuelta paraba en Didcot, al sur de Oxford. Allí me recogían, iba a pillar las pastillas y me dejaban de vuelta en la estación, nunca hubo motivo para tener que probar el material. Debido a mis pintas, yo pensaba que todo el mundo sabría qué andaba haciendo por allí, así que escondía la droga hasta que el tren aparecía. La recuperaba y la volvía a esconder dentro del tren de nuevo. Como acciones militares encubiertas, siempre andaba con la mosca detrás de la oreja, preguntándome si me pillarían al bajarme del tren. Nunca me podía relajar hasta que entraba por la puerta de casa. En casa, seguro, un canuto, relax.

Como ya llevaba tiempo haciendo antes, seguí alquilando coches o furgonetas para ir a cualquier sitio. Recorriendo el largo y ancho del país, algunas veces llenaba las furgonetas con gente que ni siquiera conocía, solo para llegar a mi destino y rara vez dejaba a otro conducir de vuelta a casa. También había veces que hacía auto stop e iba con otra gente. Era frecuente que yo me quisiese quedar cuando el resto de gente se quería ir así que acababa teniendo que hacer el viaje de vuelta por mi cuenta, que como podéis imaginar era una buena aventura.

Hacia 1992 un par de mis mejores colegas, amigos que aún hoy en día son cercanos, estaban un poco preocupados acerca de cuánto estaba tomando, porque estaba constantemente en ello. Salía todos los fines de semana con cualquiera. Supongo que mi subconsciente sentía que iba un año por detrás de mis colegas de rave y necesitaba ponerme al día. A lo largo de todo este tiempo, solo hubo dos ocasiones en las que realmente llegué a pensar que me quedaba en el sitio. Solía pensar acerca de ello como el que atraviesa una puerta y se cierra justo detrás de él. Durante una de esas noches, mezclé unos micropuntos bastante fuertes con éxtasis. “Esto es todo, aquí estás ahora, en la otra acera, esto es lo que hay, este eres tú para el resto de tu vida, ya no hay bajón”. Había atravesado la puerta y la cerré.

Jun '93

Fueron momentos escalofriantes, todos ellos, que te hacían replanteártelo… Hasta que llegaba la siguiente gran rave por supuesto. En 1992 conocí a una nueva novia. Fuimos a algunas raves juntos y empezamos a ir a las sesiones de house que se celebraban en todos los grandes clubes. Las grandes raves en el exterior se habían trasladado a clubes más pequeños y exclusivos. Por aquel entonces, yo tenía una tienda donde vendía los mayores éxitos de dance. Empecé un período de mi vida más tranquilo y cómodo, haciendo negocio de una de mis pasiones, algo que amaba. Otra de las cosas buenas de esta nueva época fue poder entrar en las listas de invitados de las raves y clubes. Aún seguíamos tomando éxtasis, algún colocón ocasional. La fiesta era la misma prácticamente pero las salas eran más cálidas. Empecé a dejarlo progresivamente a partir de 1994 y pasé a ser un consumidor ocasional. Ya en 1995 casi no me metía nada.

En fin… Aquella relación duró cuatro años y medio.

25

Fue un viaje de tremenda locura, salvaje, colorido y verdaderamente inolvidable con mil historias más. Una historia reservada para cada uno de mis colegas por sí solos. Quizás algún día escribiré un libro…

En cuanto a mí, bueno, no cambiaría nada de nada.

#tuttioi

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