Eastern Winds (Part 1.)

Hay veces que te sientas ante el teclado a reflexionar e intentar poner en orden ese montón de recuerdos que pasan casi inadvertidos durante cualquier viaje. Quizás un café solo, cientos de fotografías, y un buen puñado de anécdotas y sensaciones que esperas volver a repetir pronto.

Cuando la presión de mi buen amigo Ivancho azota la nuca, quiere decir que sabe que puede sacar algo interesante. Ropa de calidad, publicaciones… o un buen artículo. Y cuanto más intento esforzarme en la tediosa labor de organización de ideas a la que hacía referencia para no defraudar a mi “socio”, más me doy cuenta que lo sencillo sería empezar desde el principio.

Este viaje comienza en Holanda. La primera parada es Amsterdam, su ciudad más importante. El epicentro europeo del buenrollismo y el libertinaje. Las bicicletas, los coffeeshops y las putas.

Cuando aterricé por debajo del nivel del mar, me había jurado mil y una vez que mis días en este país tan proclive al desparrame no iban a ceñirse al guión oficial que la mayoría de amigos y conocidos preescribian antes de visitarlo. Y así fue. Si queríais leer sobre tetas en cristales y alucinógenos, lo siento, este no es vuestro artículo.

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Llegué a eso del medio día al aeropuerto de Ámsterdam-Schiphol. Mi amigo “Movidas” me esperaba para llevarme con la máxima celeridad al centro de la ciudad. Dejamos las cosas en casa y recorrimos a pie la ciudad de los canales.

Mucho moderneo, mucha falsa apariencia de integración, mucho capitalismo eco-buenrrollista, pero lo cierto es que la ciudad me dio la impresión de ser la EEUU de Europa. Todo ese aura de buenrrollo rezumaba cierto olor a ficticio. A prefabricado.

He de decir que marcas de ropa como Stone Island son habituales en las calles de la capital holandesa. Y su venta es algo cotidiano. Me encontré numerosas tiendas que ofertaban la última colección de la marca y que acercaban más aún a entender cierto viraje de la misma hacia una moda, me atrevería a decir, más cercana al streetwear. (No es ninguna novedad la importancia que está teniendo la marca en EEUU para la escena del trap o el graffiti. En Holanda, la tendencia es parecida).

Después de un primer rodeo y una pequeña parada para repostar, pusimos rumbo a lo que verdaderamente nos interesaba, ir a la previa del Ajax vs Standard Liege. Las entradas estaban agotadas así que nos conformábamos con olisquear el ambiente en los alrededores del estadio (Tercera ronda clasificatoria de la Champions League).

Llegamos a eso de las 16:00 a la zona comercial cercana al Johan Cruyff Arena. 4 horas y media antes apenas había ambiente en las inmediaciones del Estadio. Comenzamos a calentar motores con algunas pintas y cuando faltaban un par de horas para el partido nos dirigimos al bar cercano donde suele parar buena parte de los chicos de la F-Side.

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Esto ya era otra cosa. Continuaba el festival de Stone Island. Esta vez acompañado de un buen núcleo de hooligans con una media de edad elevada (para lo que estamos acostumbrados en España). Teníamos contacto con uno de los miembros de seguridad del bar, así que no nos fue difícil relacionarnos con los miembros del grupo autóctono. También ayudó que la mayoría son asiduos a la Costa del Sol para ponerse rosaditos en agosto, así que a los pocos minutos nos estaban enterrando en cerveza y… enterrando en cerveza. Ejem.

Nos pusieron al día de la actualidad de los grupos holandeses, de como les afecta la represión e incluso varios coincidían en señalar a la policía española como lo peorcito que se habían encontrado. Gracias a dios no estábamos locos, cualquier grupo de Europa es consciente de una realidad que venimos denunciando desde hace muchísimos años. Entre cerveza y cerveza pusimos en común anécdotas, viajes, scontris y demás aficiones en común. Hemos de reconocerlo, somos gentuza. Las aficiones de los presentes eran de lo más extrañas para cualquier turista standard. Pero nos entendíamos la mar de bien cerca de un Estadio.

También compartimos conversaciones con acompañantes de otros grupos que andaban por allí. Sorprendentemente acabamos de buenas con varios miembros de BCS (Anderlecht), pese a que la toma de contacto no fue muy diplomática recordándoles su visita a Málaga durante competiciones europeas. Sin embargo, respetaban a nuestro equipo y les llamó la atención que estuviésemos por allí. También nos dejaron claro que lo de las quedadas en los bosques, para ellos (al menos para los presentes), son una jodida mierda. Al contrario que los youth de Amsterdam y algunos ‘Antiwisla’ (tienen excelente trato por aquello de los equipos ‘judios’) que nos felicitaban por, poco a poco, comenzar a dar algo de juego en la escena española con algunas ‘arranged fights’.

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Entre unas cosas y otras acabaron invitándonos a entrar gratis a la grada y demás, pero ahí empezaron los problemas y el consiguiente borrón de memoria. Acabamos viendo el partido en el bar con algunos sancionados holandeses y dios sabe como volvimos a nuestro alojamiento.

He de decir que durante todo el día no vimos movimiento alguno de ultras visitantes. Nos explicaban que los grupos iban escoltados en tren y que los bajaban directamente por un túnel hasta dentro del mismísimo estadio. Difícil tener escarceos o buscar algo en día de partido.

A la mañana siguiente, para salir del trance, anduvimos de nuevo por el centro y disfrutamos de un potente desayuno inglés. La verdad que no era una adaptación mala tan habitual en nuestra ciudad. Nos pusimos las pilas y continuamos la rueda de reconocimiento.

Como curiosidad, decir que coincidí con un miembro de la Gate 10 del Iraklis (Otra muestra de lo ‘cosmopolita’ de la ciudad) que, casualmente, conocía a muchos buenos amigos vallekanos. Tras ponernos al día brevemente de la actualidad de su grupo, y otro paseo por los canales, fuimos a descansar y a terminar de planificar lo que sería el viaje en sí. Al día siguiente partíamos hacia Leningrado, y apuramos hasta el último momento para organizarnos (Malagueñismo puro).

Malakita

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