Eastern Winds (Part 2.)

Suena el jodido despertador del móvil.

  • Una Mierda, apaga eso!
  • Cabrón espabila… nos vamos a Rusia.

De madrugada, con los ojos pegados y con un resacón adolescente nos pusimos en pie y nos dirigimos de nuevo hacia el aeropuerto de Amsterdam para poner rumbo a Sant Petersburgo, o como gustosamente servidor continúa llamándola: Leningrado. 

Un desayuno rápido, un par de vuelos disparatados, un dominio aplastante del inglés de los montes y diez mil gestiones previas: Visados, reservas e historias, hicieron que aterrizáramos en el país de D. Vladimir Putin a eso de las 14:00 (hora local).

LENINGRADO - Antiaereos Centro

Rápidamente nos hicimos con móvil prepago, y un dominio del cirílico que ni google translate y nos movimos hacia el centro de la ciudad, donde se encontraba nuestro hotel. Realmente, pese a estar situado en el centro, se trataba de un barrio cercano. Hotel humilde pero con todo tipo de detalles y recién reformado. Cabe destacar el primer viaje en taxi, donde nos quedó claro la defensa a ultranza de su presidente por parte del taxista y a la vez su orgullo por la Unión Soviética y por la victoria sobre el fascismo. Rápidamente comenzó a señalarnos monumentos y a invitarnos a visitar puntos importantes e históricos de la ciudad (Insistía en la plaza de la Victoria encarecidamente).

Dejamos las cosas y nos dirigimos rápidamente a comer. Nos habían recomendado la cocina georgiana y, callejeando por el barrio, topamos con un restaurante georgiano, bastante pequeño, pero regentado por una familia entrañable. La señora, que bien podía ser nuestra abuela, no sabía ni papa de inglés o español. Pese al handicap, nos entendimos a la perfección. Al contrario de la percepción externa. Los rusos son bastante sociables y, pese a su aspecto rudo, son amables y serviciales.

Pudimos probar, por fin, el Kachapuri, Plato típico georgiano. Un pan casero elaborado con forma irregular relleno de queso, carne, especias y un huevo en medio (Lo echan crudo y se hace con el calor del queso fundido). También probamos Mtsvadi, o lo que es lo mismo una especie de pinchito de cordero marinado en vinagre de vino o zumo de granada. Esto acompañado de una buena ensalada nos dejaba satisfechos. Nuestra sorpresa fue al conocer que no disponían de Vodka para regar la comida. Y lo más curioso es, que en la mayoría de los establecimientos donde estuvimos comiendo, no disponían del mismo. Por contra las mejores noticias siempre llegaban a la hora de pagar. Tenemos la creencia de que Rusia es un país extremadamente caro. Nada más lejos de la realidad. El coste de la vida: Comer, utensilios básicos, el transporte público, etc. son bastante asequibles para los ingresos españoles. Lo que sí es caro es el alcohol. La fiesta. 

Tras recargar pilas en el georgiano, regresamos al hotel. Terminamos de planificar nuestros días en Leningrado para intentar aprovechar al máximo nuestra estancia en la ciudad y partimos a dar una vuelta por el barrio y el centro. 

Enormes edificios. Enormes avenidas ¡Todo enorme! Esto hace que en una ciudad de, aproximadamente 5 millones de habitantes, no percibas un excesivo colapso en la calle. Comenzó a llamarnos la atención la gran cantidad de letreros en cirílico que informaban de establecimientos 24 Horas. Farmacias, restaurantes, gimnasios, tiendas… Hablando con varios autóctonos, nos afirmaban que allí no existen los horarios. Poca reglamentación al respecto. Abres y cierras cuando te da la real gana, con el consiguiente grado de explotación hacia los trabajadores, los cuales completan largas jornadas laborales. Y es que esta no es más que otra característica de la sociedad actual rusa. El contraste entre el socialismo y el capitalismo es evidente. La planificación arquitectónica, la perfección de su red de transportes o el fuerte sentimiento nacional y comunitario, contrasta con el caos y la anarquía imperante en el desarrollo económico de un capitalismo salvaje.

LENINGRADO - Palacio de Invierno

Este primer día disfrutamos visitando los aledaños del Palacio de Invierno (Hermitage), los puentes del río Neva y, en definitiva, toda la zona del centro (Como simple toma de contacto). 

En un principio intentamos acercarnos al partido que disputaba el Zenit, pero la prohibición de acceso de sus ultras, unido al cansancio, hicieron que declinásemos la opción. Aún así anduvimos en los aledaños del estadio donde se jugaría este encuentro (No era el Zenit Arena). No vimos mucho ambiente, pero nos perdimos el bengaleo que hicieron los chicos de azul en pleno río. Una putada, pero no se puede estar a todo. Donde si vimos algo más de meneo fue por las calles del centro cercanas al Palacio de Invierno. Cena rápida y para el hotel. Había que coger fuerzas para el día siguiente.

Lo más pronto que pudimos nos pusimos en pie, desayuno en el hotel y rumbo al Palacio Peterhof. Utilizamos en esta ocasión una aplicación de taxis rusos con precio cerrado. Pero nada que ver con uber o cabify. No comprendimos muy bien su funcionamiento, pero los taxistas oficiales podían recogerte también utilizando dicha app, y la diferencia de precio, era más que evidente. 

LENINGRADO - Palacio Peterhof

Al llegar al destino comprobamos que, probablemente, sea uno de los sitios que mejor reflejen la ostentosidad rusa. Jardines interminables, edificios imperiales y oro, mucho oro por todas partes. Como detalle histórico curioso, cuando termino la Segunda Guerra Mundial, con la ciudad de Leningrado totalmente arrasada, los propios bolcheviques reconstruyeron el complejo zarista. 

A lo tonto, echamos prácticamente todo el día por allí (Imaginaos la extensión). Como colofón al día, una buena cerveza rusa a orillas del golfo de Finlandia y decidimos coger un barco que te lleva desde el complejo Peterhof hasta la misma puerta del Hermitage surcando el río Neva.

Desembarcamos anocheciendo y nos dirigimos en el profundo metro al monumento a los heroicos defensores de Leningrado. Una espectacular rotonda con una torre central de grandes dimensiones (con la inscripción 1941 – 1945). Se construyó en la llamada Plaza de la Victoria, sitio de paso obligado con una sola dirección: La línea del frente. En la zona central, a un nivel inferior, una circunferencia con antorchas e inscripciones a los defensores del socialismo y a Lenin. En el epicentro, un monumento con soldados y mujeres y, flanqueado a ambos lados, esculturas de Soldados, forjaduras de acero, comisarios políticos, civiles… todos a una en defensa de la ciudad. Sitio imprescindible para quién visite San Petersburgo. Un pequeño rincón para reflexionar. Nos dimos cuenta que en el subsuelo había un museo “de la victoria” que tuvimos que visitar otro día (Se nos había hecho tarde).

LENIGRADO - Casa de los SovietLENINGRADO - Casa de los Soviets

Antes de llegar a la Plaza de la Victoria, visitamos lo que fue la casa de los Soviets, en la Plaza de Moscú (St. Petersburgo). Una plaza que merece, sin duda, la pena.

Así pues, rumbo a nuestro barrio. Cena en otro georgiano, donde si pudimos disfrutar de vodka del terreno y degustar los conocidos Jinkali, y al hotel a preparar el siguiente día y descansar.

Como si de una rutina se tratase, suena el despertador, desayuno continental en el hotel y vuelta al ruedo. En esta ocasión nos acercamos a visitar el Crucero Aurora, el cual dio el pistoletazo a la revolución bolchevique, al disparar contra el Palacio de Invierno. De camino, hicimos un rodeo para visitar la bonita Plaza de Lenin.

LENINGRADO - Plaza Lenin

Ya en el crucero, una cola de una media hora y embarcamos. En el interior hay un museo histórico sobre la historia del barco, desde la época zarista hasta la actualidad. Y las vistas de la ciudad desde la cubierta son, sencillamente, espectaculares.

Salimos del barco y comimos en los alrededores. Decidimos bajar paseando hasta una calle que nos recomendaron para tomar unas copas y descansar un poco por la tarde. Por la noche cenamos por los alrededores del centro y nos adentramos un poco más en la noche de la ciudad. Unas copas en unos pubs y un sablazo de los grandes para unos turistas como nosotros.

LENINGRADO - Crucero Aurora IC

Uno de los hechos más anecdóticos fue, cuando nos contaron que los puentes de los canales que dividen Leningrado, se abren cada uno a horas diferentes de la noche para permitir el paso de barcos de mercancias. El problema es que se quedan prácticamente aisladas unas partes de la ciudad de otras. Y la gente tiene que volver a casa antes de que su correspondiente puente se levante. A lo mejor trayectos de 15 minutos se convierten en 1 hora y media, por el mero hecho de tener que acceder solo por algunos puentes que se mantienen abiertos.

Al día siguiente disfrutamos del museo de la Plaza de la victoria del cual os hablábamos antes. Dedicado estrictamente a quienes cayeron defendiendo su país de la amenaza fascista y por la construcción del socialismo. Otro lugar emotivo que no puedes perderte si visitas la ciudad. Posteriormente, Pusimos rumbo a la zona céntrica más turística. Sorprende, a la par que da asco, el gigantesco Zara situado posiblemente en una de las zona más estratégicas.

Por estos lares visitamos la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada. Con un estilo típico del nacionalismo romántico, es otra de las joyas de San Petersburgo, al lado de la Avenida Nevsky. Alucinamos con los mosaicos interiores y con su famosa estructura. No dudamos en repetir en el restaurante de la noche anterior. Buen precio y buena calidad. Por la tarde, aprovechamos para adentrarnos más en las callejuelas aledañas a nuestro hotel. Puro barrio ruso, oscuro, grisaceo, pero con un encanto mayúsculo. 

Terminamos el día en un restaurante italiano y, sin más dilación, nos dirigimos a nuestra última noche de hotel en Leningrado. El día siguiente se presentaba duro.

Aprovechamos para dormir más de la cuenta, desayunar a última hora disponible, y partir cerca de las 12:00 del hotel. Este era uno de los días más esperado del trayecto ya que, la noche, no la pasábamos en ningún hotel ni apartamento, sino que íbamos a disfrutar del histórico tren Flecha Roja.

En primer lugar nos dirigimos al museo de la historia política de Rusia. Narra de forma mas o menos cronológica la historia contemporánea del país. Nos salió una sonrisa cuando, pese a las tímidas críticas a Stalin, por ningún lado veíamos a Trotsky. Cosas de los traidores, que pasan a engrosar el basurero de la historia.

LENINGRADO - Museo de la Historia Politica de Rusia

Comimos por los alrededores y, siendo previsores, descansamos en un pub de estilo inglés durante toda la tarde. Aquí si ponían copas a un precio modesto y de calidad y aprovechamos de sobra. Como era de esperar acabamos hablando un poco de todo con nuestros “hermanos” los camareros y el gerente del garito. Un Straith Edge del Zenit, un kinki a la rusa y un tipo en traje. Al poco tiempo estaban ofreciendo nieve de primera calidad. Cosas del directo. A los turistas les suelen sacar 200€ el gramo. Sus muertos, a nosotros nos la dejaban a precio autóctono, pero declinamos la oferta. No esta el horno para bollos, ni para acabar el último día en la ciudad con un desfalco de categoría. Cena rápida y rumbo a la Estación Moscow desde donde partía a media noche nuestro tren. 

El tren Flecha Roja es un histórico tren-cama que recorre la línea San Petersburgo – Moscú ininterrumpidamente todos los días a media noche desde 1931. Solo ha sido interrumpido una semana durante el sitio de Leningrado. Una experiencia única. 

Al entrar en tu camarote, te sirven un aperitivo (el cual aderezamos con un buen whisky) y un tripulante te toma nota del desayuno que te sirven a las 07:00 de la mañana poco antes de la llegada a Moscú. Lo que es dormir dormimos poco. Pero, sin duda, uno de los gastos mejor invertidos. Recomendable para los que visiten ambas ciudades.

Con puntualidad rusa llamaban a nuestra puerta para entregarnos nuestro desayuno. Estábamos llegando a nuestro destino disfrutando de los parajes previos a una de las ciudades mas grandes del mundo. Nos esperaba el plato fuerte. Pero de esto os hablaré en otro capítulo.

He de resaltar, centrándome  en la escena hooligan, que en San Petersburgo no vimos mucho movimiento. Algunos chavales con “pintillas” y poco más. Prácticamente ningún signo de movimiento ultra en sus calles (Ni graffiti, aunque este escaseaba en general, ni pegatinas, pintadas… nada de nada). Cosa que en Moscú cambió radicalmente. Pero como digo, esto es harina de otro costal.

Malakita

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