Jornada 13: Deportivo 4 – Oviedo 0

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LEPRA EN SANTA FE

Rosario es una ciudad brava, la verdad. Los mismos argentinos la catalogan así. E incluso Jorge Valdano, rosarino ilustre formado en las categorías inferiores de Newell’s, acierta en decir “Ser rosarino es una manera exagerada de ser argentino”. En la ciudad del Paraná, donde este río adquiere casi la categoría de mar por lo ancho que es y todo los secretos que esconde entre las dos orillas, se vive intensamente. Pero jamás te resulta extraña, siempre te da esa sensación que ya habías estado previamente por la Peatonal o en los bares de Pellegrini. En el microcentro no hay tiempo que perder, sus pequeñas calles casi no tienen semáforos, todo va “al toque”. Si cruzas aún sabiendo que estás cruzando con todas las de la ley, los coches te aceleran. Pero te aceleran de verdad, y cruzas la calle rápido porque sino te chocan. Y no va en broma, no tienen pinta de irse con chiquitas.

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Seguramente los porteños, esa gente que vive en Buenos Aires, estarán de acuerdo en un par de cosas sobre la Chicago argentina, que es así como se conoce Rosario. No hay clásico más pasional en Argentina que el Newell’s – Central. Las dos hinchadas son enemigos irreconciliables, es una rivalidad casi enfermiza y llevaba a límites de guerrilla, con muertos después de un clásico y crímenes que se mezclan con ajustes de cuentas entre las familias de narcotraficantes que controlan las calles, villas, búnkers donde se vende la droga y hasta policías corruptos.

Y en ese contexto uno va al Estadio Marcelo Bielsa, mejor conocido como el Coloso del Parque Independencia. Mareas de hinchas rojinegros invaden las calles, los bares y puestos de choris de las calles colindantes y del mismo parque. Y ver un partido en la Popular Diego A. Maradona (porque el Diego jugó en Newell’s y es hincha declarado de la Lepra) es un subidón de adrenalina. Porque no es el sitio más indicado donde a tu madre le gustaría verte, eso es la jungla. Pero allá se alienta como si no hubiera mañana, es una fiesta cada partido de local. Te dejas llevar con el ritmo de cumbia, el olor de lo que la gente fuma en la cancha y te empieza a doler el brazo de tanto alentar “a lo argentino”.

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Desde hace años que se prohibieron los visitantes en Argentina para el campeonato, pero la Copa Argentina es otra organización y sí que permiten desplazamiento de hinchadas, siempre jugando en estadios neutrales pero con ambas parcialidades. Y  ahí entro yo, en la cancha del Club Atlético Unión de Santa Fe, a unas dos horitas de trayecto en coche. Era contra Central Norte de Salta, en el norte de Argentina, únicamente ellos saben las horas que pasaron en el bus para ir al partido y volver…

Las previas en Argentina son diferentes, la gente bebe pero siempre a una distancia del estadio, y comprando unas cervezas de esas que te las dan por debajo del tablón, ya que ningún establecimiento tiene permitido vender alcohol. Aparcamos el coche y ya el “trapito” (los gorrillas en España) nos sopló unos 200 pesos por estacionar el coche, siempre con el riesgo de encontrártelo bien a la vuelta.

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Allí todo es de todos, tu dejas una cerveza encima de la mesa, te despistas un segundo y ya no está. Es a fondo común y yo era el novato, así que tuve que esperar para comprar otra. Esta vez no dejé que nadie me la sacara con toda la fiesta de la gente cantando. Entramos a la cancha y los aficionados rivales ya estaban en su tribuna, con sus trapos, bombos e incluso pirotécnica para cuando saliera su equipo, ya que era un partido importantísimo para ellos. Nuestra hinchada tardó en entrar, teníamos muchos controles y la banda estuvo retenida bastante rato. Una vez en la Popular, todos los trapos y banderas están puestos pero los para avalanchas vacíos. Es porque los bombos entran al compás que lo hace el equipo, como un ritual que pasa por toda la hinchada y el trayecto está repleto de gente cantando y saltando.

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La barra de Newell’s no tardó en hacer de las suyas, unos pocos muchachos treparon el alambrado y robaron varias banderas grandes de los salteños. Volaron piedrazos, cayeron tuberías, encendedores y más cosas que uno no puede reconocer. El grueso de la barra fue directo donde había el quilombo, te empujaban por todos sitios y de repente nos mojaron enteros a todos, nos tiraban con los cañones de agua esos que te dejan atontado y sin saber qué ha pasado. Aparte de que era invierno en Argentina…

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Newell’s ganó ese partido y los muchachos de la popular se apresuraron a subirse a sitios inverosímiles para desatar los trapos y recogerlo todo. En un momento ya no había nada, era brutal. Con atención, compramos unos choris (lo mejor que tiene el fútbol argentino) y volvimos donde habíamos aparcado, estaba todo ok. Volaron algunos piedrazos otra vez y la policía reprimió, así que nos tocaba un par de horitas de carretera con los bombos pegados a nosotros, bien mojados y hambrientos, pero con una sonrisa bien leprosa.

Groundhopper Barcelona

 

Eastern Winds (Parte 3.)

Cuando pusimos el primer pie en nuestro nuevo emplazamiento, sabíamos que sería el colofón perfecto para nuestro viaje. Al descender del Tren Flecha Roja y atravesar la estación de Leningrado (Moscú), se respiran otros vientos, bastante diferentes a los de St. Petersburgo.

Rápidamente nos dirigimos a nuestro hotel, situado junto al museo de la historia del espacio en Prospekt Mira. Era un hotel construido en 1979 para los juegos olímpicos de Moscú. Algo antiguo en sus instalaciones y en su funcionamiento, pero recomendable “calidad-precio”. 

MOSCOW - Arco Triunfo

El día de llegada, con el cansancio acumulado de los desbarajustes del día anterior, y la falta de sueño en el tren flecha (Priviet camarero!, otra de Jack Daniels), decidimos descansar en nuestra habitación y disfrutar de las instalaciones del hotel (grandes salones, piscina, spa…) hasta la tarde, donde hicimos un reconocimiento del barrio. Como dije en la parte anterior, en Moscú, cambió radicalmente el paisaje. Sin ir más lejos, a unos 15 minutos a pie teníamos Craft Domination, un conocido restaurante/cervecería de los Hooligans del Spartak. El público de la misma era de todo pelaje y condición. No esperéis encontraros un bar de ultras “typical spanish”, es un restaurante de buen nivel, con buenos precios y, aparentemente, buena comida (servidor, finalmente, no pudo degustar las bandejas de carne) donde cualquier ciudadano, familia, etc. puede pasar un rato agradable.

Fue salir del hotel y comenzar el festival de Stone Island, CP Company… mucho chandal, y mucho Rusultras (Marca de ropa de los chicos del Spartak). Eso si, si alguien pensaba que era un barrio exclusivamente de estos chicos tan majos, que se desengañe. De hecho los primeros hooligans que avistamos eran del CSKA. Dimos una vuelta por la plaza del Arco del Triunfo que visitaríamos otro día con más detenimiento, y contemplamos uno de los monumentos más impresionantes de la ciudad, El obrero y la koljosiana, ademas del pabellón soviético que se instaló en la expo de Montreal 67. Ya con la noche encima, cogimos el metro (Con algunas de las paradas más profundas del mundo) y nos dirigimos a la zona centro a hacer un reconocimiento del terreno. Nos bajamos en alguna parada cercana a la Plaza Roja (La memoria me falla). Visitamos la Plaza de Marx, cercana a dicha plaza, y nos llevamos el chasco del viaje. Desafortunadamente, había un festival de equitación en la Plaza y no pudimos disfrutar de su inmensidad. Aún así su belleza es indiscutible. En los aledaños, en la tumba del soldado desconocido, disfrutamos de un cambio de guardia de lo más singular. El día siguiente había un homenaje a los veteranos de la Gran Guerra Patria y el cambio de la noche anterior fue diferente a lo habitual. Decidimos cenar algo rápido y dirigirnos al hotel para descansar. Quedaban días muy largos. Cabe destacar que el movimiento hooligan moscovita sí se hacía notar. Innumerables pegatinas y pintadas en la zona centro. Y buenos grupos de jóvenes de distintos equipos. Gente, aparentemente, muy preparada en el ring. Pero eso ya lo sabíamos.

MOSCOW - Plaza RojaMOSCOW - Tumba Soldado Desconocido

A la mañana siguiente, después del atracón correspondiente en el buffet, nos dirigimos de nuevo a la Plaza Roja. Vimos el homenaje oficial a los caídos que comentaba anteriormente y presentamos nuestros respetos en el Mausoleo de Lenin. Muchos rusos venidos de varios pueblos y ciudades aguardaban la larga cola (No solo turistas curiosos). La mayoría de los presentes se detenía ante Stalin, muchos con lagrimas, y depositaban fotos o se hacían fotos en su tumba (Situada en el exterior, junto a todos los dirigentes del Partido Comunista de la Unión Soviética, sin mayor distinción que el resto, a petición suya). Cuando entras en el interior, donde yace Vladimir Ilich Ulianov, te embruja un cúmulo de sensaciones. El silencio sepulcral, las lágrimas de muchos hombres y mujeres rusos al entrar, la marcialidad de los soldados que lo custodian. Uno de los momentos más emotivos de nuestro viaje, sin duda. Teníamos delante a una de las mentes mas brillantes que ha dado la humanidad. 

Salimos con sensación de habernos teletransportado a un pasado no tan lejano y, rápidamente, nos dirigimos a visitar varios cementerios de la capital. En estos había monumentos a la resistencia, a la gran guerra patria, etc. Como curiosidad, comentar que dimos con el nicho de L. Pavlichenko, francotiradora y heroína soviética, y la tumba de Ramón Mercader, comunista catalán que ajustició a L. Trotsky en México. Anécdotas y folklore político al margen, y agotados, volvimos a la zona del hotel donde cenamos y tomamos algo para finalizar el día.

Bien prontito sonaba el despertador. Desayuno continental y en marcha. Ibamos a disfrutar de todos los pabellones a la amistad con diversos países que se sitúan en la zona de la cosmonáutica, junto al arco del triunfo  cercano al hotel. De nuevo construcciones asombrosas, y oro en todas las fuentes. Aprovechamos para visitar el museo de la carrera espacial, donde se relatan todos los logros en la materia. Es una pasada, para quién esté mínimamente interesado en cualquier aspecto de la ingeniería espacial. No solo a nivel histórico, sino también técnico. De hecho hay dos museos diferentes de este campo en esta misma zona.

MOSCOW - CosmonauticaMOSCOW - Museo Cosmos BMOSCOW - BOSTOK

Prácticamente agotamos buena parte del día relacionándonos con el espacio, pero pudimos aprovechar la tarde visitando también algunas de las 7 hermanas de Stalin. Los rascacielos más espectaculares de Moscú. 

El día siguiente pusimos rumbo, en metro, al Parque Gorki. El recinto es una maravilla para disfrutar de un poco de aire puro en plena capital. Y entre sus diferentes atracciones, pudimos visitar la zona del museo de las estatuas. Se trata de un museo al aire libre, donde se conservan parte de las estatuas soviéticas que cayeron con la perestroika. Todo un símbolo histórico. Y otro más de la permanente contradicción que viven los rusos. No era poca la gente que se acercaba a ver las estatuas de Lenin, Stalin, etc. Las derribaron con entusiasmo con la entrada del capitalismo pero, por desgracia para ellos, ahora muchos echan de menos los años dorados de la Unión Soviética.

MOSCOW - Parque Estatuas

Tocaba unos aperitivos y comimos posteriormente en un restaurante mexicano junto al parque. La relación calidad-precio no dejaba de sorprendernos. Disfrutamos un poco más del buen tiempo en la zona, visitando algunos monumentos y plazas de los alrededores y volvimos al hotel por la tarde. Había que recargar pilas para posteriormente dirigirnos a la zona universitaria, donde alucinamos con las instalaciones y los edificios (Incluida otra de las 7 hermanas). Ya con la noche bien entrada, nos dirigimos a la colina de los gorriones o Colina Lenin, como también se le conoce. Es uno de los puntos más altos de Moscú y desde donde se pueden contemplar unas vistas impresionantes de toda la ciudad. Esa noche había una reunión de un motorclub ruso y conciertos al aire libre en la colina. Otro sitio recomendable para quien visite esta ciudad. 

MOSCOW - Universidad

Nos quedaban apenas dos días e íbamos a aprovecharlos de la mejor manera posible. El día antes de marcharnos nos dirigimos a un campo de tiro. Contaban con mucho material de la segunda guerra mundial y fotos donde se veían personalidades de diferentes lugares disparando en el campo. Entre ellos Jeff Monson, con bastante más reconocimiento en el Este de Europa que en América.

Pudimos disparar con Glock, Dragunov (Rifle francotirador soviético) y AK47. En Rusia son típicas estas excursiones a campos de tiro. Prácticamente toda la gente sabe disparar. Nos sorprendió que nos ofrecieran una excursión para disparar con un tanque soviético t-34. Nos quedamos flipando. El precio era alto, pero se quedó pendiente para la asegurada próxima visita al país. Tras demostrar durante toda la mañana la destreza con el dragunov, con felicitación incluida del instructor de tiro (No miento), un tipo, por cierto, con tatuajes un tanto “alemanes” si se me permite la expresión. Cosa que contrasta con el carácter nacionalista ruso, máxime en moscú. Aquí hay que dejar clara una cuestión respecto a los hooligans rusos (y en general sobre la sociedad). Son nacionalistas, son eslavos, reclaman su historia zarista, pero también la soviética. Defienden a Stalin. Sienten una admiración brutal por Putin. Y, al contrario de lo que se suele pensar, no tragan la idea de “nazismo” a la alemana. Aunque haya algunos grupos de carácter fascista o extremadamente nacionalistas, sus abuelos combatieron a los nazis. No hay que olvidarlo. Los nazis les invadieron. Es algo que cuesta mucho entender por estos lares, pero que si analizas la historia no es tan extraño. Esto no quita que existan nazis “a la alemana” declarados. Pero ni mucho menos es la tónica dominante.

MOSCOW - Campo tiro

Dicho esto, era día de fútbol. ¿Os pensabais que íbamos a ir a Rusia y no íbamos a ver ningún partido? De eso nada. Ni más ni menos que un derby de Moscow. Spartak vs Dynamo. 

He de decir que el Spartak es nuestro equipo predilecto en Rusia. Es una contradicción importante, era el equipo que más cara planto al comunismo. El CSKA, por contra, era el equipo del ejercito rojo. Pero que le vamos a hacer. A nosotros nos gusta el Spartak y que mejor que un derby para probar, por primera vez, el sabor del futbol ruso.

Teníamos posibilidad de contacto con algún miembro de Fratria (Grada que engloba a la mayoría de grupos del Spartak), pero decidimos ir por nuestra cuenta. Pudimos pillar un par de entradas junto a la grada visitante, donde se situarían los Capitals del dynamo.

Con el tiempo un poco justo nos dirigimos al estadio. La verdad que ambiente inmejorable. Una cantidad de policía militar desmesurada, que hacía prácticamente imposible el enfrentamiento directo entre grupos, y una cantidad, más desmesurada, aún de hooligans. En la grada que nos encontrábamos (la opuesta a Fratria), había un montón de jóvenes dispuestos a demostrar de que están hechos. Algunos se sorprendían al vernos, pero nadie preguntó nada. Y es normal, la cantidad de chavales con estética genuinamente de las terraces rusas era increíble. 

Por parte de Fratria, tifo al inicio, para mi gusto algo flojo. Y por parte visitante no se sacó tifo alguno. En mitad de la primera parte, los buenos chicos de Gladiator Firm petaron varias bengalas, que fueron seguidas por otros sectores del estadio. El ambiente a nivel vocal era ensordecedor, y se hizo más duro si cabe con los goles locales. A día de hoy, creo que difícilmente superable la pasión con la que se vive el futbol por esos lares.

En el comienzo de la segunda parte los chicos de Capitals tenían preparada una pancarta mensaje (Imposible descifrar en cirílico) y un festival de bengalas, humo y strobos que hizo que la grada visitante se convirtiera en una auténtica fiesta. Resultado final, 2 – 1 para el Spartak. 

MOSCOW - CAPITALSMOSCOW - DerbyMOSCOW - FratriaMOSCOW - GLADIATORMOSCOW - Spartak Stickers

Salimos tranquilamente del estadio, acompañados de varios jóvenes ataviados con primeras marcas italianas. Insisto, a parte de la estética típicamente rusa, mucha influencia inglesa e italiana en los grupos de la ciudad. La sorpresa de la noche la tuvimos cuando, en la zona por donde accedíamos al metro con los locales, coincidimos con dos miembros de Capitals, que ya peinaban alguna cana, y con un tonelaje considerable. Pese a la policía, miradas, segundos de tensión, y cuando parecía que el festival de tortas era inminente (He de decir que la derrota era un hecho), nos sorprendió que nuestros dos nuevos amigos rehuyeran de ningún enfrentamiento. Fue engañoso, al girarme observé a un grupo de unos 30 hooligans del Spartak entrando a la estación y subiendo al tren junto a nosotros. Nadie dijo a nada a los dos hooligans del Dynamo. De hecho cuando el metro arrancaba subieron al mismo tren en el último vagón y se bajaron en la próxima estación sin el menor problema. Según entendimos, hay una suerte de pactos entre los grupos, sobre todo en el centro de la ciudad. Pero nos sorprendió ese respeto el día de partido, junto al estadio. Impensable en España.

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Volvimos hasta la zona del hotel, cenamos por los alrededores y a afrontar nuestra última noche. Al día siguiente saliamos de vuelta por la noche y sería un día muy largo.

A la mañana siguiente recogimos toda la habitación, dejamos las maletas en recepción y nos dirigimos a diferentes puntos de la capital. De una manera más distendida. Disfrutamos del centro, y zonas colindantes. Aprovechamos para ir en metro a la tienda de Fratria, situada en la Plaza Komsomolskaya, en el interior de una estación de tren, donde adquirimos algún recuerdo del Spartak y nos dieron unas pegatinas exclusivas que habían editado para el derby, donde pintaban a todos los equipos rivales como homosexuales. Y otras con los colores del dynamo, bastante graciosas, emulando a Buscando a Nemo (Buscando al Dynamo). 

A la hora indicada volvimos al hotel a recoger todo el equipaje y pusimos rumbo al Aeropuerto. Entre cansancio y tristeza nos despedíamos de Rusia y poníamos rumbo a casa. Tenemos claro que pronto volveremos. Y avisamos, es un viaje que merece la pena y, que si lo gestionas con algo de tiempo, te puede salir bastante asequible. 

Malakita