Andy Van Der Meyde: Velocidad y excesos

Regate por aquí, bicicleta por allá, aceleración, centro y gol. Jugadas rápidas de extremo y vida futbolística extrema, así se podría resumir la trayectoria del talentoso neerlandés Andy Van Der Meyde.

Muchos lo recordareis por sus galopadas por la banda derecha en el Ajax o en el Inter, y otros tantos por su tremenda velocidad en el mítico videojuego Pro Evolution Soccer. Pero os preguntareis donde anda ese rubio hábil y veloz, ya que cuando se dio a conocer aún era muy joven. Hace ya 8 años que tomó la decisión de retirarse del fútbol con tan solo 30 años.

Andy debutó con tan solo 18 años en el Ajax y debido a su juventud fue cedido al Twente para foguearse y coger minutos en la elite. Como sus maneras apuntaban no tardó en volver a la primera plantilla del Ajax para hacerse dueño y señor de la banda. En ese Ajax coincidió con una generación de oro con los Sneijder, Van der Vaart, Chivu, Mido, De Jong, Pienaar, Maxwell o Ibrahimovic. Y fue en aquella época en la que, paralelamente al ganar el doblete en 2002, comenzaron los vicios para un joven de apenas 22 años. “Competíamos en carreras nocturnas por el anillo de la A10 de Ámsterdam. Zlatan tenía un Mercedes SL y Mido alternaba un Ferrari y un BMW Z8”, reconoce Van Der Meyde en su autobiografía quien admite que otro de sus compañeros, el checo Galasek, hizo que se aficionara al tabaco. Fruto de ese salto a la fama o de la juventud de muchos integrantes de dicha plantilla se les restó importancia a estos primeros síntomas de rebeldía hacía lo correcto y apropiado para el cuerpo de un deportista de élite.

Sus grandes carreras y su gran desparpajo le sirvieron para que un grande venido a menos como el Inter de Milán se fijase en él y lo fichase por la friolera de 12 millones de euros. A partir de aquí el bueno de Andy empezó una vorágine de fiestas, mujeres y excesos. Se compró una mansión a las afueras de la capital Lombarda donde llego a tener en ella hasta camellos (en la mansión eran animales de los de verdad, de los otros ya tenía durante el día allá donde fuere). Había pasado de salir los viernes y sábados a hacerlo cualquier día de la semana, bebía a todas horas ya que era una forma de evadirse de sus problemas deportivos y conyugales. Para entonces al alcohol y las mujeres se había sumado ya la cocaína y su vida en común no existía. “Iba a casa a por ropa y le decía a mi mujer que estaba recuperándome en un hotel”, explica, admitiendo que el objetivo era continuar la fiesta. Y tras dos años en Milán la fiesta continuó, aumentada, en Liverpool.

David Moyes que por aquel entonces entrenaba al Everton creyó que sería capaz de reconducir la vida del jugador que prometía ser años atrás. Falsas ilusiones, Van Der Meyde aceptó la oferta del Everton porque increíblemente le doblaban el salario que percibía en Milán, lo cual le llevo a una ecuación muy fácil de resolver: más dinero, más desfase. Lo primero que hizo al llegar a Liverpool fue comprarse un Ferrari y seguido emborracharse en el News Bar, uno de los locales más populares de la ciudad.

Bebía sin parar y consumir cocaína estaba a la orden del día. No podía controlarlo. Luego, para dormir, necesitaba muchas pastillas o no era capaz de hacerlo. Había cosas un poco más fuertes que sólo se podían conseguir con recetas médicas y entonces lo que hacía era robárselas al médico del club“.

Debido a todos estos excesos se pasó la primera temporada completa en la enfermería debido a lesiones musculares, y es cuando empezaron a salir los primeros rumores a causa de su adicción. En agosto de 2006 fue ingresado de gravedad debido a problemas respiratorios, y pese a que el club intentó tapar el caso, se dio por hecho que fue fruto de mezclar alcohol y cocaína. Fue multado por el Everton, pero lejos de reaccionar, su caída siguió. En marzo de 2007 tuvo que pedir disculpas a Moyes por insultarle en respuesta a las críticas del mánager, y el 17 de agosto de aquel año fue castigado con una multa de 60.000 libras tras no presentarse a dos entrenamientos. La borrachera le había vencido, otra vez. Intentó abandonar los malos hábitos cuando ya tenía los 29 y estaba en su última temporada en Inglaterra, se puede decir que esos hábitos tal vez los consiguió aparcar, pero ya era demasiado tarde y el fútbol también lo había aparcado a él. Solo disputó 28 minutos en toda la temporada.

Su etapa en el Everton se podría resumir en una frase: “Fui una vez de fiesta a Manchester. Me bebí una botella de ron entera y volví directamente al entrenamiento. En las pruebas hice mis mejores tiempos de siempre pero no podía ocultar que iba borracho”. Ese era él en su máximo esplendor.

Estuvo sin dar señales hasta que en marzo de 2010 consiguió que el PSV le diera una oportunidad en modo de prueba. Todo fue gracias a que Fred Rutten era el técnico de los de Eindhoven, el cual le conocía de cuando le tuvo en el Twente diez años antes. Jugó su único partido, un amistoso, el 23 de abril de aquel año, ante el Venlo. Se saltó dos entrenamientos y sin jugar ni un partido oficial, dejó el club al acabar la temporada. Aquí decidió poner punto y final a su carrera deportiva para enrolarse en las filas de un equipo amateur.

“Tenía mucho talento, era rápido y con mucha calidad y le daba igual la banda, podía cambiar el signo de cualquier partido donde jugara, lo tenía todo y se quedó sin nada. Una auténtica pena. No llegó a lo que podía y todos creíamos, pero es que verle en los entrenamientos era increíble.”, señaló Reiziger, compañero de selección.

Hoy en día se dedica en cuerpo y mente al gimnasio y al boxeo, aparte de haber lanzado una línea de gorras en las cuales el logo es la figura de un hombre arrodillado disparando, su famosa celebración cuando marcaba goles. Y es que al igual que las balas en sus celebraciones tanto su carrera, como sus jugadas, fueron a toda pastilla.

Txorimalo

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