Iruña, La Mancha y el Superclásico…

Cuando salió el horario del Albacete-Osasuna, nos planteamos dos amiguetes bajar a la capital Manchega para jalear a los nuestros. El plan era bajar a Albacete por la mañana, ver el partido, disfrutar de la noche albaceteña y al día siguiente volvernos para nuestra querida capital. Pero el viernes a última hora de la tarde nos surge la posibilidad de adquirir dos entradas para el River-Boca final de la Copa Libertadores que se jugaba el domingo. A pesar de que nos oponíamos a que ese partido se jugara en Madrid, decidimos tragarnos nuestros principios, y acudir al partido.

Lo que en un principio se presentaba como un tranquilo fin de semana familiar prenavideño en la fría Iruña, acabó convirtiéndose en una auténtica “Tourné” por las Castillas para ver dos partidos de fútbol en 24 horas.

El sábado por la mañana poníamos rumbo a Castilla la Mancha. Del viaje poco que comentar, casi 6 horas en coche del tirón, que llevamos de la manera más digna posible.

Llegada al campo 20 minutos antes de que abrieran taquillas, pillamos las entradas y para el apartamento. Nos llamó la atención la fila tan grande que había para pillar entradas, y es que la buena situación del equipo local, sumada a la oferta que hacían al publico albaceteño (entradas a 10 €), provocó que el personal se animara a bajar al Carlos Belmonte.

Dejamos las cosas en al apartamento, y nos fuimos a tomar algo por la calle Concepción, zona de marcha de la capital manchega, y la verdad es que para ser poco más de las cuatro de la tarde, el ambiente que allí había era espectacular, de hecho, hubo un momento que nos planteamos el no ir al partido, y quedarnos allí disfrutando de la marcha manchega.

Tras un par de copas, decidimos bajar al campo. Pillamos un taxi, y la conversación con el chofer fue de lo más interesante, se trataba de un socio de Albacete, de los de toda la vida, que se ponía loco hablando de sus conciudadanos y de cómo estos pasaban del Alba, poniendo por delante al Madrid, el Barça o al Atleti. Para que os hagáis una idea de como está el tema  allí, preguntamos a varias personas donde estaba el campo, y a la tercera nos lo supieron decir.

Una vez donde el campo, tomamos la última, y de ahí a las grada con los cerca de un centenar de rojillos que  acompañaban al equipo.  Del partido poco que comentar, se adelantó Osasuna, remontó el Albacete, y a 10 minutos para el final empató Osasuna, que estuvo a punto de llevarse el partido al quedarse el cuadro manchego con nueve jugadores.

Tras el partido, nos retienen 45 minutos y vuelta para el centro sin ningún tipo de problema.

Cena en La bella Burguesa, una hamburguesería en el centro de Albacete, que cuenta con una carta bastante completa, con hamburguesas de diferentes carnes, y un surtido muy variado de entrantes, y platos para picar.  Servidor se inclinó por una hamburguesa de Buey Angus  que estaba deliciosa. 

Una vez saciada el hambre, nos dirigimos a tomar un par de copas antes de irnos a dormir, y es que al día siguiente teníamos una gran jornada por delante.

Primero, dejándonos asesorar por los rojillos desplazados a Albacete, probamos suerte en el TNT Rock & Beer, garito Heavy de los de toda la vida. Tras pedir “Balas Blancas” de Barricada y apurar la cerveza, nos fuimos a la otra opción que nos habían recomendado, el Ruta 66.

Si bien el TNT nos resultó demasiado metalero, el Route 66 nos gustó bastante más.  Temas de Kortatu, Mano Negra, La Polla, o Skalariak, hizo que nos remontáramos a la Iruña del siglo pasado. Tras echar unas cuantas cervezas allí, y después de dudar mucho, decidimos irnos para casa para poder disfrutar de todo lo que nos esperaba el día siguiente. Justo antes de llegar a casa, nos encontramos por la zona de copas con el ídolo local y ex jugador de Osasuna, el Toro Acuña.

Suena el despertador a las 8:30, a pesar del mal temple y de la resaca, nos levantamos, nos pegamos una ducha y fuimos a desayunar.

Tras el almuerzo en condiciones, pusimos rumbo a Madrid, no sin antes parar en una fábrica de navajas.

La industria cuchillera en Albacete, da sustento a más de 2000 familias. Hablamos de uno de los sectores industriales más importante en la región. De Albacete es la mítica firma de cubiertos Arcos, que seguro tendréis por casa, y como esta, varias decenas más de casas que se dedican a la fabricación artesana y en menor escala de todo tipo de cuchillos y navajas. Al igual que en Navarra contamos con la denominación de origen de la Ternera de Navarra, en Albacete,  el ayuntamiento ha creado el sello AB cuchillería de Albacete que concede a talleres y fabricantes de cuchillos de la provincia para que puedan utilizarlo como distintivo de garantía y calidad. La marca registrada en 2006 es compartida por diversas empresas albaceteñas que mantienen el espíritu de la cuchillería de Albacete como estandarte para defenderse de los productos importados que a menudo no identifican su origen y logran competir de forma fraudulenta con los verdaderos cuchillos y navajas de Albacete. Evidentemente, este sello solo puede ir marcado en aquellos productos fabricados en la provincia, quedando excluidos aquellos que se comercialicen, pero sean fabricados por terceros, incluyendo aquí los de importación.

La fábrica de navajas en la que paramos se llamaba Navarro, y estaba al lado de una gasolinera en la autovía de Alicante. Buscando por Internet, vi que había una cuchillería con el mismo nombre en Oiartzun, pero se trataban de dos negocios completamente diferentes, ya que este último estaba enfocado completamente a la cuchillería de cocina. La verdad es que entrar a la fábrica era una locura, ya que teníamos ante nosotros una multitud de navajas y cuchillos de todo tipo, cuyo precio oscilaba entre los 10 y los varios cientos de euros.

Tras pasar más de media hora allí mirando cuchillos, servidor se decantó por una navaja Joker deportiva acero Mova 1.4166, hoja de 7 centímetros, seguro y cachas de olivo. La verdad es que un gozada de cuchillo, pequeño y muy discreto. La dependienta, nos preguntó si íbamos a Madrid al partido, y al decirle que sí, nos pidió que guardáramos el ticket de compra, ya que según ella, el día iba a estar complicado allí…

Una vez ya “armados”, pusimos rumbo a Madrid, última escala del viaje para poder disfrutar del “superclásico” y de su previa.

Por la autovía no paramos de ver coches y autobuses de argentinos de todos los rincones de la península que se dirigían a la capital de estado, lo que nos hacía presagiar, lo que al final pudimos confirmar, y es que muchos de los argentinos que vivieron el superclásico, venían de diferentes lugares de la península.

Sinceramente, no seguí muy de cerca el tema de cómo se tomó la decisión de jugar la final en Bernabeú, y desconozco lo motivos para ello, pero lo que es cierto es que me enteré de que definitivamente se iba a jugar el partido en Madrid 4 días antes, y por supuesto, en ese momento ni se me pasó por la cabeza que al final iba a acabar asistiendo al partido.

La verdad es que jugar una final a miles de kilómetros del estadio donde debería celebrarse porque hayan apedreado un autobús, me parece increíble, indignante y asqueroso, puedo entender que se juegue a puerta cerrada, en otro campo de Buenos Aires, o que incluso den el partido por perdido a River, pero que les hagan jugar el partido en Europa…

Desconozco los trapicheos que se traen Floren, la Conmebol y la FIFA, pero me imagino que sus jugosos motivos tendrán para tomar esa decisión.

Dicho esto, me trago mis principios y sigo narrando el día.

Aparcamos el coche en la castellana, a la altura donde estaba cortada, que coincidía con la Fan Zone de Boca. Para el partido se habían habilitado dos Fan Zones, una en Nuevo Ministerios, donde se encontraban los seguidores de Boca, y otra en la Plaza de Cuzco para los seguidores Millonarios. Entre medio, miles de maderos a caballo, a pie, en camionetas, en tanquetas, en coche, de paisano y de uniforme…. Y es que los medios de comunicación habían calentado el tema de tal manera, que parecía que lo que se iba a producir en Madrid iba a dejar la “batalla de Marsella” entre rusos e ingleses como una pelea de patio. No hace falta que os explique cómo es “periodismo” en el estado.

Tras un rato de chafardeo por la zona xeneize, llegamos a la conclusión de que el 99 % del personal que había allí, o era rico, o venía de algún lugar de la península. Cierto es que vimos a algún grupillo de barras sueltos a su bola, que sí que tenían peor pinta, pero como digo eran minoría frente a la mayoría de aficionados, eso sí, ruidosos, pero no conflictivos.

Viendo que allí poco había que hacer, nos fuimos un rato al centro a comer algo.

Tras comer, nos dimos una vuelta por la parte sur del Bernabeu, donde había mayoría de seguidores de Boca. La verdad es que no pude resistirme a dar un garbeo por Marceliano,  mi sorpresa fue grande, al ver que allí, a 3 horas de que empezara el partido, la presencia de Ultras madridistas era nula. Pensaba que harían acto de presencia, pero lo único que había eran Bosteros tomando sus cervezas tranquilamente. 

De allí nos dirigimos a la fan zone de River en la parte norte de la castellana, dando un grandísimo rodeo, ya que la mayoría de calles estaban cortadas por el perímetro de seguridad qué se había desplegado alrededor del estadio madridista.

En la Fan Zone de River, pues parecido a la de Boca, pero posiblemente con más gente pudiente y menos “peligrosos” sueltos. Mucho cántico, mucha bandera y paraguas, pero poca tensión.

Bajamos con ellos para el Bernabeu, y nos metimos a un bar a tomar algo, casualidad, un inglés con su familia tomando una cerveza con su gorra Lacoste y su jersey Stone Island. 

Dos horas antes de que comenzara el partido y viendo que la gente de River bajaba para el campo, decidimos pasar el perímetro de seguridad y acercarnos al Bernabéu. Para entrar en el perímetro, había que tener entrada. Primero, hacían pasar a grupos de unas 50 personas, y luego uno por uno, independientemente de la edad, el sexo, o las pintas que llevabas, te cacheaban de arriba abajo.

Me llamaron la atención unos seguidores de boca vestidos de fantasmas con una B en grande pintada en el pecho, en referencia al descenso de River de hace unas temporadas.

Una vez dentro del perímetro estuvimos tomando algo en algún bar del Bernabéu, y con una hora de antelación nos metimos en el estadio. Mi compañero de correrías me convenció de que en Argentina la gente entra pronto al estadio para animar. La verdad es que en este caso, éramos minoría los que estábamos dentro.

Nuestras localidades estaban en zona neutral pero más cerca de la Zona de Boca. 

La verdad es que el sitio era espectacular, muy cerca del campo y con una perspectiva perfecta para ver el partido, nada que ver con mis dos anteriores visitas al Bernabéu siguiendo a mi querido Osasuna, donde mi ubicación fue en la zona visitante a varias decenas de metros sobre el terreno de juego.

Poco a poco se fue llenando el campo, a la izquierda los Xeneices, y a la derecha los millonarios.

Comienzan los cánticos, barren los bosteros por goleada, seguramente influía el tenerlos más cerca.Eran continuos los cánticos haciendo referencia al descenso, y mofas varias.

Comienza la megafonía a nombrar a los jugadores de uno y otro equipo, pero lo único que se escucha es el nombre seguido de un brutal puuuutooo!!!

Comienza el partido, en lo deportivo prácticamente nada que comentar, entradas dignas de ser juzgadas por el tribunal de derechos humanos de la Haya, ataques estáticos, y pérdidas de tiempo varias, en una falta se me ocurrió cronometrar desde que pitó el árbitro hasta que se sacó pasaron 5 minutos 23 segundos…

En la grada seguía mandando Boca, la verdad es que la pasión que le ponen al animar, no la he visto en ningún estadio, anima igual un niño de 10 que un abuelo de 80, es espectacular, sumado a insultos perfectamente hilvanados que podrían pasar perfectamente por poemas… Hijodelaremilputasidosodemierdalaconchadetumadre!!! En la parte superior de la zona de Boca, y un poco apartados, se podía ver a un grupo con muchas pancartas de la 12, que tuvo algún rifirrafe con los seguratas y que no paraban de cantar, entiendo que se trataba del núcleo más duro de la hinchada xeneize, En la parte de River no se veía ningún núcleo conflictivo.

Minuto 43 y marca gol Boca, lo que provoca el éxtasis en las gradas, yo tenía a una cuadrilla de veteranos y adinerados bosteros que acabaron abrazados y llorando a moco tendido.

Descanso y comienza la segunda parte, la afición de River, se funde y solo se oye a los seguidores de Boca. Llega el minuto 67, y por fin empata Pratto, lo que provoca el delirio de los “millonarios”. Varios seguidores de River celebran el gol detrás de nosotros sin que haya ningún tipo de problema.

Terminan los 90 minutos y nos vamos a la prórroga. Comienza el tiempo añadido y Wilmar Barrios, ve la segunda amarilla por una entrada por la que en Europa le hubieran tenido 4 meses apartado, balón divido, entra con la plancha por delante, y no satisfecho con eso pisa al rival… Me gusta el fútbol de contacto y reconozco que disfruté con el fútbol “canchero” que vi en el Bernabéu.

A partir de aquí, poco que contar, superioridad absoluta de River, que consigue ponerse por delante. Flipante Andrada, portero de Boca que a 7 minutos del final y desoyendo las ordenes de su entrenador sube a rematar todos los córners de su equipo, perdiendo solo de un gol.

En una de estas jugadas, River mete el tercero y se acaba el partido.

A partir de ahí locura en la zona de los millonarios y desolación en la de los bosteros.

Termina el partido y sin esperar a que levanten la copa nos vamos a la zona de Nuevos Ministerios a por el coche, que aún nos quedaban unas cuantas horas de coche hasta nuestra querida Iruña.

A la salida del partido, tranquilidad absoluta, coche y para casa.

La verdad es que se me ha quedado un sabor agridulce con la experiencia vivida. Me ha impactado la pasión con la que viven el fútbol los argentinos, esa pasión es independiente de la edad, el sexo o el nivel económico del aficionado, están completamente locos por el futbol. Nunca he visto nada igual en cualquier campo de todos los que he visitado. La parte negativa, pues que el jugar un partido a miles de kilómetros de Buenos Aires ha provocado que solo las élites bonaerenses y argentinos afincados en España y algún que otro país europeo hayan podido disfrutar de este partido, evitando de esta manera que el aficionado menos pudiente, pero seguramente más pasional se quedara en su casa. Eso, sumado al increíble despliegue policial jaleado y justificado por prensa y políticos varios, hace que un River vs Boca final de la Libertadores se convierta en un circo para turistas y periodistas.

The Fir