My journey from ‘Trouble to Bubble’

En el número 2 de la revista Etiqueta Grada, Darren Tutt y otros chavales del Newport County nos contaron acerca de sus andanzas en el mundo de las gradas en los años 80, en un artículo de nuestro amigo Álex.

Me puse en contacto con Darren para que nos contara de primera mano su experiencia en los años que pudo disfrutar de las escenas rave, club y acid house, y de las drogas que en aquel momento se consumían en Europa y Gran Bretaña.

* * *

Tras años y años viajando a lo largo y ancho del país, gastando miles de libras en ropa y levantándome para ver partidos de, precisamente, no buen fútbol, no tardaría en volver a empezar todo de nuevo. Esta vez, mis lugares habituales no serían estadios de fútbol y pubs, sino descampados, naves y clubes… Y esta vez, el “material” en el que gastaba mi dinero sería diferente [N.d.T: “gear” en la versión en inglés, término coloquial válido tanto para ropa como para droga].

De casual a raver

Casual to Raver '89

Antes de la llegada del acid house, los clubes nocturnos de Gran Bretaña eran en su mayoría lugares deprimentes donde la gente iba a emborracharse, conocer alguien del sexo opuesto o pelearse con alguien del mismo sexo. Hacia el final de los ochenta, la música house, impulsada por la explosión de las drogas recreativas, convirtió a los clubes nocturnos en lo que se suponía era su razón de ser: un lugar para bailar.

Mi primera experiencia personal de este cambio fue en el Halikarnas Nightclub, en Turquía, durante el verano de 1989. La música allí era diferente, penetrante e hipnótica, la cual, inconscientemente, me hacía sentir un rollo diferente, una energía nueva entre la multitud. A pesar de estar borracho, bailé durante toda la noche.

Version 2

Hasta entonces, mi experiencia en los clubes nocturnos había consistido en fines de semana de borrachera, plantado al borde de las pistas de baile, malhumorado, sin más intención que echar un polvo. Un mes después de regresar de Turquía fui a Blackpool para una despedida de soltero. Una de las noches, dos de nosotros nos separamos del resto del grupo, pasó que dos relaciones que estaban muy buenas nos convencieron para ir a un club llamado Shaboo. Mientras estábamos allí, una chica nos pasó algo de speed. Mi experiencia con las drogas hasta entonces habían sido unas setas cuando era skinhead a principio de los ochenta y un corto tonteo sin importancia con speed y cannabis en el 86. Pero fue eso nada más, esta vez era diferente, se sentía bien, me sentía bien.

Recuerdo que estaban pinchando Graeme Park y Mike Pickering. El ambiente era eléctrico, la gente bailaba y todo el mundo estaba de muy buen rollo. Era algo totalmente diferente. Era un gran contraste con ese ambiente predominante en los clubes, al que estaba acostumbrado, de una amenaza de violencia siempre presente en el aire. Todo en lo que podía pensar entonces era cómo lo pasé aquella noche y sabía que estaba a punto de engancharme a aquello.

De vuelta a casa en Newport, pronto quedó claro que más gente empezaba a formar parte de esta nueva escena. Empezaron a aparecer sudaderas con capucha y pantalones anchos. Conocía a muchos de estos tipos. A algunos personalmente, otros eran amigos de amigos y otros solo caras conocidas. Un pequeño grupo de esta gente pronto se convirtió en mi grupo de amigos. La gente empezó a amasar grandes colecciones de vinilos y una enorme variedad de cintas con mezclas de DJs que empezaron a verse por todas partes.

En esta época solo había un puñado de lads locales del fútbol que estuviesen en el rollo (pronto serían seguidos por más). Unos pocos chavales del County habían vivido lo que estaba sucediendo con la escena rave mientras trabajaban en Jersey y se juntaban con otros lads del norte y sur del país.

Yo no necesitaba renovar mi armario. Para mí, la ropa siempre fue un aspecto importante como aficionado al fútbol, y la transición de las gradas a las raves fue bastante continua y natural. Mis camisetas Chippie, pantalones de campana C17 y mi Armani estaban listas para las raves. Sí que recuerdo comprar un par de sudaderas con capucha, algunos pantalones de chándal caídos y un par de Joe Blogg acampanados para combinar. Todo se volvió un poco más ancho, un poco más colorido.

Summer 91

A principios de los 90 yo compraba Naf Naf, una marca francesa que se hizo popular debido a sus diseños anchos y tan coloridos. Me compré otro par de botas Kickers rojas, las cuales venían con una etiqueta de cuero en la bota derecha, y no tardé en “conseguir” diez etiquetas de diferentes colores también para mi bota izquierda. Tal fue la fiebre por este pequeño complemento, que la gente iba a las tiendas a probarse las Kickers solo para robar las etiquetas. Las tiendas pronto dieron buena cuenta del asunto y empezaron a venderlas a una libra cada una.

Mi relación sentimental de entonces pronto empezó a notar los efectos de mi nueva afición. Definitivamente ella no era del tipo de tomar drogas y salir por ahí toda la noche, por lo que pronto me vi inventando excusas para esto y lo otro, y las diferencias aparecieron rápidamente. El grupo de gente con el que había empezado a juntarme dio la casualidad que incluía a mi ex novia. La atracción fue instantánea y pronto volvimos a salir otra vez.

En nuestro club nocturno de confianza, Metro’s, de repente comenzaron a pinchar acid y house. El DJ residente de aquella era nuestro colega DJ Clark-E-Boy. El público se convirtió en nuestra gente, la mayoría de nosotros íbamos allí por la misma razón. Y además todos tomábamos las mismas drogas, ácido o speed, aunque a menudo eran ambas.

Aunque los porteros sabían perfectamente lo que estaba pasando, fumar canutos descaradamente no era buena idea. Esto, por supuesto no nos quitaba de fumar alguno a escondidas. El club instaló iluminación ultravioleta [luz negra] y allí pasamos muchas noches memorables. Se trataba de nuestro club, nuestra música, nuestra peña. Cuando el club cerraba, solíamos ir a casa de alguno de nosotros, para relajarnos o para seguir de fiesta, dependiendo de en qué estado fuese cada uno.

Darren's Flat '91

En esta época, durante mis viajes psicodélicos provocados por el ácido, siempre revoloteaba un pensamiento de “agujero negro” que nunca conseguía quitarme de la cabeza, un pensamiento que siempre me hacía sumirme en lo más profundo. Era una escena habitual ver canutos rulando sin parar alrededor, aquel dulce olor tan familiar estaba por todas partes. La primera rave que montamos, en diciembre de 1989, fue organizada por algunos tipos de fuera en una sala grande. Resultó un poco fallida pero yo conocía a todo el mundo que estaba allí así que con eso me bastó para pasármelo bien. Entonces solía tomar ácido, en ocasiones acompañado de speed, pero por alguna razón acabé tomando quince pastillas Pro Plus que me pusieron eléctrico, perfecto para bailar.

Las juergas entre semana con un cuarto o medio ácido más algún canuto eran de lo más habitual, junto con un colega solíamos ir a clubes normales simplemente para pasarlo bien. El “agujero negro”, del que a veces me olvidaba, ocasionalmente volvía a aparecer, pero ya os contaré más sobre eso después.

Hacia enero de 1990 empezamos a movilizarnos y nos aventuramos a visitar los clubes de Londres, que está a menos de tres horas en coche desde Newport. Yo me encargaba de alquilar una furgoneta y allí íbamos el grupillo de mejores colegas en busca de la música, las luces y el bullicio. Recuerdo una vez que aparcamos y decidimos buscar la fiesta de aquella noche en un club, The Astoria. Aquello era otro nivel, los porteros de allí estaban bien enterados, sabían cómo era el rollo y por qué estábamos allí. Nuestra pinta delataba nuestras intenciones. Recuerdo que entramos nada más llegar. Dentro había flashes, humo y fondos fluorescentes que brillaban bajo una iluminación UV siempre presente. Podíamos sentir la profunda vibración del sound system en nuestros huesos, los golpes secos del ritmo y el retumbar de los bajos. Habíamos entrado en el paraíso.

Más tarde, aquella noche, recuerdo estar delante de la cabina del DJ como a tres metros, mientras pinchaba Paul Oakenfold, en frente de un altavoz cuyos bajos me destrozaban y estaba totalmente fuera de mí. Fue otra noche increíble.

Las tres horas conduciendo de camino a casa, de Londres a Gales, eran por sí mismas toda una experiencia. La furgoneta de alquiler la conducía cualquiera que se sintiese en condiciones de hacerlo. Circulando a toda velocidad por la M4, llena de humo, podía parecer sin duda una furgoneta salida de una película Cheech y Chong [N.d.T: dúo humorístico cuyas películas trataban el estilo de vida hippie de los años 70 y 80, y en las que el consumo de marihuana era un tema recurrente].

Después de haber consumido tanto LSD y speed, la nueva droga que llego a mis manos se convirtió en mi favorita. La siguiente rave que organizamos en 1990 fue tremenda y allí tomé mi primer E [N.d.T: éxtasis], una pastilla marrón y ocho horas de pura energía… Euforia.

Aquella noche fue absolutamente increíble, así fue, la juerga había llegado a un nivel completamente nuevo. Para las noches locales y más suaves tomaba ácido, pero para las grandes citas ya siempre elegiría éxtasis. Existía una sensación de emoción cada semana que iba creciendo más y más… ¿Dónde íbamos a parar? Viajando a todas partes… Éxtasis, éxtasis y más éxtasis. Las noches de los viernes se convertían en todo un fin de semana, con la energía sin fin que nos proporcionaba el éxtasis, una noche para nada era suficiente a partir de entonces.

De uno de esos largos fines de semana me viene a la mente el Kaos 2. Tras haberme metido éxtasis la noche del viernes, decidí tomar un par de Smileys el sábado por la noche. Estaba tan puesto que pensé que estuve toda la noche bailando la misma canción, The Power de Snap. Resultó que por lo visto casi todos los DJs que pincharon esa noche pusieron ese tema. Así que mi recuerdo fue un colocón continuo bailando toda la noche con eso.

Las mejores pastillas de éxtasis que encontrábamos entonces costaban 20 libras, lo que suponía mucho dinero a inicios de los noventa y, a este precio, el aumento de la demanda hizo ganar mucho dinero a los camellos, muy rápido. Entonces empezamos a pillar una buena cantidad de cada vez para conseguir un mejor trato, solo para nosotros, para consumo personal. La cantidad de diferentes tipos de éxtasis que llegaban al mercado era desorbitante. Todos con diferentes nombres, distinta fuerza, pero todos te cambiaban el estado de ánimo… Todo puesto de éxtasis, colocado y con todo el subidón… Euforia total.

Durante una época, me convertí en dependiente de tres sustancias diferentes y necesitaba las tres para pasar una noche en condiciones. Éxtasis, cannabis y popper (nitrito de amilo). Con esto no había problemas en fiestas privadas y gratis, pero el popper era lo más complicado de colar en los clubes y raves organizadas. De todas formas, siempre lo acababa consiguiendo. Lo más curioso es que el Popper era una sustancia legal por aquel entonces. El problema con ello era que, tan pronto como abrías el bote, un montón de narices en un radio de un kilómetro lo olían y en un momento estabas rodeado de ravers. Cuando lo pasaba, no me podía relajar y seguir con mi noche hasta que lo tenía de vuelta en mi mano. Pronto encontré una solución al problema y empecé a llevar dos botes, uno para mí y otro para que se peleasen por él.

July '91

Adicto

En mayo de 1990, sin embargo, la juerga estaba a punto de sufrir una pausa. Esto nos lleva de vuelta a la paranoia del “agujero negro”. Durante aquellos primeros días descubriendo la escena rave, todavía solía disfrutar de los sábados noche con mis colegas del fútbol. En el otoño de 1989 tuvimos un incidente serio en el fútbol que pensé que cambiaría mi vida para siempre. Muchos de nosotros fuimos detenidos, condenados y liberados bajo fianza al año siguiente. Debido a la gravedad del delito, sabía que solo había una consecuencia posible.

Acababa de descubrir esta nueva forma de vida y estaba muy feliz con eso. Estaba cambiando, pero ya era demasiado tarde, ya no había vuelta atrás y mi subconsciente lo sabía. Por eso durante alguna de aquellas noches de fiesta, cuando me sumergía en un pensamiento profundo, me refería a ello como mi “agujero negro”. En mayo de 1990 fui condenado a tres años de prisión. Mi vida, pensaba yo, estaba a punto de desmoronarse. ¡Pero no fue así! No me voy a detener en los 12 meses que pasé dentro (me concedieron libertad condicional por buen comportamiento), pero sí diré que había más drogas dentro de lo que en ocasiones había fuera. Más adelante me preguntaba si el haberme controlado durante aquellos meses quizás me hizo un favor por aquel entonces.

Night Before Prison & Release

En mayo de 1991, cuando salí, era un hombre joven, libre y, como supondréis, soltero. Tenía que ponerme al día de un montón de cosas. Por lo pronto, la mitad de Newport ya estaba metida en la escena rave y un par de mi antigua banda habían sido internados bajo la normativa de salud mental, pero solo para tratamiento. Más chavales del fútbol se habían enterado de la movida y cayeron bajo el encanto de las raves, juerga y trapicheos. Todo el mundo estaba en ello.

Nuestro querido club Metro’s había dejado de ser la referencia en las noches de rave y otro club nocturno local, Rudi’s, había tomado el relevo y era quien atendía al creciente número de ravers de Newport. Rudi’s era un excelente club con los mejores DJs de todo el país encabezando los carteles de fines de semana. En una gran noche, Carl Cox, posiblemente el DJ más importante del mundo pinchó en Rudi’s e incluso mencionó el club en una entrevista posterior en Mixmag.

Rudi's '91

Si no íbamos al Rudi´s, nos buscábamos la fiesta en algún sitio más lejano. El primer viernes después de que me soltasen, alquilé un coche y nos fuimos a Coventry, donde se encontraba el famoso club Eclipse. Me tomé dos éxtasis y no me aparté de las luces láser en toda la noche. Fascinado y fuera de órbita. La música y el sound system siempre eran cojonudos en este sitio y siempre llevaban a DJs del mejor nivel. Siempre volvíamos al Eclipse.

Y aquello fue, la segunda fase de mi vida. Otra vez la pregunta era, “¿qué va a ser lo próximo?”. Aparte del éxtasis, empecé de nuevo a tomar mucho ácido, a veces mezclándolo con éxtasis y popper, viajando a otras dimensiones. También cambié mi ritmo de vida, dormí una noche a la semana durante los siguientes doce meses o así. En 1991, tuve la mala suerte de pillar un éxtasis falso y pensé “nunca más”. Me arruinó la noche por completo. Una noche de fiesta en Oxford nos juntamos con unos buenos chavales y les pillamos unas pastillas cojonudas. Se organizaban un montón de raves por la zona de Oxford y siempre veías las mismas caras conocidas en las fiestas. Pronto nos hicimos amigos de los camellos y frecuentemente viajaba con un amigo para pillarles éxtasis, para mí y mis colegas. Compraba de sobra para pasar algunas y así recuperar mi dinero. En aquellos viajes siempre me daba la paranoia, mientras estábamos en el salón en casa de estos tipos o durante el largo viaje de vuelta a casa.

Pero era aún incluso peor si hacía el viaje yo solo. Solía coger un tren hasta Londres y allí me pasaba por las sex shops del Soho para comprar treinta y seis botellas de nitrito de amilo, que venía en unas botellas marrones grandes. Eso sí, no podías ir a Londres y no comprar nada de ropa. En el tren de vuelta paraba en Didcot, al sur de Oxford. Allí me recogían, iba a pillar las pastillas y me dejaban de vuelta en la estación, nunca hubo motivo para tener que probar el material. Debido a mis pintas, yo pensaba que todo el mundo sabría qué andaba haciendo por allí, así que escondía la droga hasta que el tren aparecía. La recuperaba y la volvía a esconder dentro del tren de nuevo. Como acciones militares encubiertas, siempre andaba con la mosca detrás de la oreja, preguntándome si me pillarían al bajarme del tren. Nunca me podía relajar hasta que entraba por la puerta de casa. En casa, seguro, un canuto, relax.

Como ya llevaba tiempo haciendo antes, seguí alquilando coches o furgonetas para ir a cualquier sitio. Recorriendo el largo y ancho del país, algunas veces llenaba las furgonetas con gente que ni siquiera conocía, solo para llegar a mi destino y rara vez dejaba a otro conducir de vuelta a casa. También había veces que hacía auto stop e iba con otra gente. Era frecuente que yo me quisiese quedar cuando el resto de gente se quería ir así que acababa teniendo que hacer el viaje de vuelta por mi cuenta, que como podéis imaginar era una buena aventura.

Hacia 1992 un par de mis mejores colegas, amigos que aún hoy en día son cercanos, estaban un poco preocupados acerca de cuánto estaba tomando, porque estaba constantemente en ello. Salía todos los fines de semana con cualquiera. Supongo que mi subconsciente sentía que iba un año por detrás de mis colegas de rave y necesitaba ponerme al día. A lo largo de todo este tiempo, solo hubo dos ocasiones en las que realmente llegué a pensar que me quedaba en el sitio. Solía pensar acerca de ello como el que atraviesa una puerta y se cierra justo detrás de él. Durante una de esas noches, mezclé unos micropuntos bastante fuertes con éxtasis. “Esto es todo, aquí estás ahora, en la otra acera, esto es lo que hay, este eres tú para el resto de tu vida, ya no hay bajón”. Había atravesado la puerta y la cerré.

Jun '93

Fueron momentos escalofriantes, todos ellos, que te hacían replanteártelo… Hasta que llegaba la siguiente gran rave por supuesto. En 1992 conocí a una nueva novia. Fuimos a algunas raves juntos y empezamos a ir a las sesiones de house que se celebraban en todos los grandes clubes. Las grandes raves en el exterior se habían trasladado a clubes más pequeños y exclusivos. Por aquel entonces, yo tenía una tienda donde vendía los mayores éxitos de dance. Empecé un período de mi vida más tranquilo y cómodo, haciendo negocio de una de mis pasiones, algo que amaba. Otra de las cosas buenas de esta nueva época fue poder entrar en las listas de invitados de las raves y clubes. Aún seguíamos tomando éxtasis, algún colocón ocasional. La fiesta era la misma prácticamente pero las salas eran más cálidas. Empecé a dejarlo progresivamente a partir de 1994 y pasé a ser un consumidor ocasional. Ya en 1995 casi no me metía nada.

En fin… Aquella relación duró cuatro años y medio.

25

Fue un viaje de tremenda locura, salvaje, colorido y verdaderamente inolvidable con mil historias más. Una historia reservada para cada uno de mis colegas por sí solos. Quizás algún día escribiré un libro…

En cuanto a mí, bueno, no cambiaría nada de nada.

#tuttioi

Anuncios

My journey from ‘Trouble to Bubble’ (English version)

In the issue #2 of Etiqueta Grada, Darren Tutt aka Tuttioi and some other Newport County lads told us about their adventures in the football terraces world in the 80s, we could read about it in a great article by our friend Álex.

I got in touch with Darren to ask him to tell us first-hand about his experience in the years when he could enjoy the rave, club and acid house scenes, and the drugs that were consumed at the time in Europe and Great Britain.

* * *

After years of traveling up and down the country, spending thousands of pounds on gear and getting up to no good watching football, I was soon to do it all over again. This time, my venues of choice weren’t football stadiums and pubs but fields, warehouses and clubs… And this time, I was buying a different kind of “gear”.

From casual to raver

Casual to Raver '89

Before acid house, nightclubs in Britain were mostly depressing places where people went to get drunk, to meet someone of the opposite sex or fight someone of the same sex. Towards the end of the eighties, house music, fuelled by an explosion of recreational drugs, turned nightclubs back into what they were supposed to be all along: a place to dance.

My first personal experience of this change was at Halikarnas Nightclub in Turkey during the summer of 1989. The music was different, driving and hypnotic and I subconsciously sensed a different vibe, a different energy among the crowd. Despite being drunk, I danced all night.

Version 2

I had only experienced weekends boozed up in nightclubs, stood at the dance-floors edge, mean, moody and on the pull. A month after returning from Turkey, I went to Blackpool for a stag party. On one of the nights, two of us broke away from the rest of the crowd, somehow managing to be persuaded by two stunning club touts to go to a club called Shaboo. Whilst there, a girl gave us some speed. My drug experience up until this time, had been some mushrooms as a skinhead in the early 80’s and a minor, short-lived dabble with some speed and cannabis in 86. But that was it, this time it was different, it felt right, I felt right.

I remember Graeme Park and Mike Pickering were playing. The atmosphere was electric, people danced, everyone was so friendly. This was so different. A stark contrast to the ever present threat of violence that had hung in the air of the nightclubs I was used to. All I could think of was the time I had that night and I knew, I was about to become hooked.

Back home in Newport, it soon became apparent that others were becoming part of this new scene. The hooded tops and baggy bottoms becoming more visible. I knew most of these guys. Some personally, some friends of others, some just faces. A small group of these people were soon to become close friends. People began amassing great vinyl collections and a huge array of DJ mix cassettes were soon flying around.

At this time there were only a handful of local football lads who were in the know (A few more were soon to follow). A few of the County boys had experienced what was happening with the rave scene whilst working over in Jersey and mixing with other lads from up and down the country.

I didn’t need a new wardrobe. Clothes for me were always an important aspect of following football and the transition for the terraces to raves was pretty seamless. My Chipie tee shirts, C17 flares and my Armani were all rave ready. I do remember buying two hooded tops, some baggy joggers and a pair of Joe Blogg flares to mix it up. Everything was just a little looser, a little more colourful.

Summer 91

In early 1990 I was buying Naf Naf, a French label that became popular with their bright and baggy designs. I bought another pair of red Kicker boots, which came with a leather Kicker tag on the right boot, I soon “acquired” ten different colour tags on the left boot too. It got so bad people ended up going to shops and trying on different Kickers just to rob the tags. The shops soon caught on and started selling them for a pound a piece.

My relationship at the time soon started to feel the effects of my new found raving. She definitely wasn’t the type to do drugs and stay out all night and I soon found myself making excuses for this and that and the cracks rapidly started to show. The gang I had begun to closely bond with, happened to include my ex-girlfriend. The attraction was instant and we soon became an item again.

Our local Nightclub, Metros, suddenly started playing acid and house. The main DJ at the time was our mates, DJ Clark-E-Boy. The crowd, became our crowd, most of us all there for the same reason. We would all be doing acid or speed, or more often than not, both.

Darren's Flat '91

Although the bouncers clearly knew what was going on, smoking spliffs openly was a no no. This, of course didn’t stop us having a sneaky one here and there. The club installed all UV lighting and we had many a memorable night there. This was our club, our music, our gang. When the club closed, we’d always go back to someone’s place, to chill out or carry on, depending on what state you were in.

At this time, during my acid trips, there was always an ever present ‘black hole’ of thought, one that I could never shake off, one that I’d always descend deeper into whilst on it. Spliffs were always floating about as standard, that familiar sweet scent was all around. Our first organised rave in December 1989 was organised by some outsiders in a large local venue. It was a bit of a flop but I knew nearly everyone in there and made my own night of it. My drug of choice then was acid, occasionally accompanied by speed but for whatever reason that night I ended up doing fifteen Pro Plus tablets and ended up rattling with shakes, great for dancing.

Midweek binging on a quarter or half a tab of acid with a spliff became standard, going to normal clubs with my mate just for a buzz. The ‘black hole’, which I sometimes forgot about, would occasionally surface, but more about that later.

By January 1990, we soon started venturing off to the bright lights of London, less than a three hour drive from Newport. I would hire a transit van and our close knit gang would head off in search of the music, the lights and the buzz. I remember one time, we parked up, dropped our fun for the night and headed to the club, The Astoria. This was another level, the bouncers here were clued up, they knew the score and why we were there. The punters eyes told them that. I remember coming up just as we got in. There was strobe lighting, smoke and fluorescent backdrops glowing under the ever present UV lighting. We could feel the sound system vibrating deep in our bones, the thud of the beat and the rumble of the bass. We had entered heaven.

Later that night, I stood about three meters from the DJ booth while Paul Oakenfold played, in front of a speaker being ripped apart by the bass and tripping my nut off. It was another incredible night.

The three hour drive home from London to Wales was often an experience in itself. The hire van was driven by whoever felt fit enough to do so. Hurtling along the M4 our van, full of smoke, would look like something from a Cheech & Chong movie.

After doing so much LSD and speed, my next drug of choice was to become my favourite. Our next organised rave in 1990 was a big one and I dropped my first E, a brown disco biscuit and 8 hours of pure energy… Euphoria.

That night was absolutely unbelievable, that was it, my raving had reached up to a whole new level. Local, low key nights and weekends were acid but for the real big nights, it was always ecstasy. There was a surge of excitement every week that would build into a crescendo… Where were we going next? Travelling everywhere… E’s E’s E’s. Friday nights became weekenders, with the endless energy that ecstasy brought, one night wasn’t long enough anymore.

One such event springs to mind, Kaos 2. After downing E’s on the Friday night, I decided to drop two Smiley Face acid tabs on the Saturday night. I was that off it, I thought I was dancing the whole night to one record, Snap’s The Power. It turns out, that nearly every DJ that night played that song. So for me, my trip was dancing all night long to it.

The very best Pukka ecstasy tablets were selling for a score (£20), this represented a lot of money in the early 1990’s and at this price, the increasing demand was to make a few hardcore dealers very wealthy, very quickly. We started to buy a load of them in one go, getting a better deal, just for our lot, for personal. The amount of different E’s that were coming onto the market was mind boggling. All with different names, different strengths, yet all resulting in one frame of mind… E’d up, smacked up and rushing, being sick… Total Euphoria.

At one stage, I became dependent on three different substances and I needed all three to fulfil my night. Ecstasy, cannabis and poppers (amyl nitrate). This was all well and good at free parties, but the poppers was the hardest thing to smuggle into the organised raves and clubs. Nevertheless, I would always succeed. The crazy thing was, poppers was legal back then. The trouble with poppers was, as soon as you opened it, a mile radius of noses would smell it and you’d be surrounded by ravers. I could never relax and get on with my night until I had it back in my hand. I soon found a solution and started to take two bottles, one for me and one for them to fight over.

July '91

Addicted

In May 1990 though, the raving was about to pause. This takes us back to ‘The Black Hole’. During these early days, the discovery stage of rave, there were still my usual Saturday nights out with the football crowd. During the Autumn of 1989 there was a serious football related incident that I thought would change my life forever. A load of us were arrested, charged and bailed until the following year. Because of the seriousness of the offence, I knew there was only one possible outcome.

I had just found this new way of life. I was so happy with it. I was changing, but it was all too late, the wheels were already set in motion and my subconscious knew that. That is why during some of those nights, when slipping into deep thought, I referred to it as my ‘black hole’. In May 1990 I was sentenced to three years in prison. My life, I thought, would fall apart. It didn’t! I won’t dwell on this twelve months inside (paroled for good behaviour) other to say that there were more drugs inside than there sometimes were out on the streets. I often wondered later on, if the twelve month controlled intake maybe did me a favour back then.

Night Before Prison & Release

In May 1991, I found myself, young, free and you guessed it, single. I had a lot of catching up to do. By now, half of Newport was raving and a couple of my old gang had been sectioned under the mental health act but only for treatment. More football boys had caught on and had fallen under ravings spell, raving and dealing. Everyone was at it.

Our own Rave Nightclub Metro’s had stopped doing the nights and another local nightclub, Rudi’s had taken over and was catering for the growing number of Newport ravers. Rudi’s was an excellent club with the top DJ’s from around the country headlining at weekends. On one big night Carl Cox, arguably the biggest DJ in the world, played Rudi’s and even mentioned the club in a later Mixmag interview.

Rudi's '91

If we weren’t at Rudi’s, we’d all venture further afield. On my first Friday after being released, I hired a car with a friend and we drove up to Coventry to the then infamous Eclipse club. I dropped 2 E’s and never left the laser beams all night. Transfixed and off it. The music and sound system was always spot on at this venue and there was always a top line up of DJ’s on the bill. We always went back to The Eclipse.

This was it, phase two of my life. Again, it was, “where are we going next?” As well as the E’s, I again started doing a lot of acid, sometimes mixing it up with E’s and popper’s and travelling to different dimensions. I would lose on average, one night a week of sleep for the next twelve months or so.  In 1991, I only ever bought one dud E and I thought never again. It totally spoiled my night. At a free party one night in Oxford we met up with some great guys and scored some top tablets off them. There were a lot of free raves around the Oxford area going on and you would always see the same faces at each one. We soon became friends with the dealers and I would often drive with a friend there to buy our own E’s for personal and our mates. I’d buy a few more to sell to get my money back. These journeys would always attract paranoia whilst sat in their living room and during the long drive home.

It was even worse if I made the journey on my own. I’d catch a train to London and go to the Soho sex shops just to buy thirty six bottles of amyl nitrate, the large brown bottles. You couldn’t go to London and not buy an item of clothing too. On the train back I would stop off at Didcot. I’d get picked up, go and pick up the pills and get dropped back at the station, there was never any reason to test the merchandise. Because of how I looked, I thought everyone knew what I was up to, so I’d hide the stash until the train came in. I’d retrieve and then hide it on the train. Covert military actions, always wondering if I was gonna get lifted when I got off the train. I could never relax until I got home and closed my front door. Home, safe, spliff time, relax.

As before, I’d hire cars or vans to go anywhere and everywhere. Up North, down South, East and West. Sometimes filling spaces in the hire van with people I didn’t even know, just to get there and I rarely let someone else drive home. There were also times I’d thumb a lift and go with others. I would often stay there when they wanted to all leave and end up having to make my own way home, that was a journey itself as you can imagine.

By 1992 a couple of my close mates, friends who are still close to this day, were getting a bit concerned on how much I was doing because I was constantly at it. Off every weekend with anyone. I guess my subconscious felt I was a year behind on my rave ladder and need to catch up. Throughout all this, there were only two times where I thought I’d genuinely lost it. I used to think of it as going through a door and closing behind me. On one of those nights, I mixed strong microdots with ecstasy. “That’s it, your here now, on the other side, this is what it’s like, this is you for the rest of your life, no come down”. I had gone through the door and closed it.

Jun '93

These were scary moments, all very off putting… Until the next big rave of course. In 1992 I met a new girlfriend. We did some raves together and started going to all the house nights that were being held in all the big clubs. The big raves had moved inside to smaller, more exclusive clubs. By then, I had a shop, selling all the sought after dance music. I was now making a comfortable living, doing something I was passionate about, that I loved. Another bonus of this new career was getting onto the guest lists of the raves and clubs.  We were still doing ecstasy, the occasional acid trip. The buzz was the same but the venues were warmer.  I started to calm right down during 1994 and became just an occasional user. Doing hardly anything during 1995.

Well… That relationship lasted four and half years.

25

It was a crazy, wild, colourful and truly unforgettable journey with a thousand more stories. A story deserved in each of my buddies alone. Maybe one day I’ll write a book…

As for me, well, I wouldn’t change a thing.

#tuttioi

Pretty Vicious, Brit Rock desde un pequeño pueblo Galés

Hace unos días publicábamos la canción Cave Song de Pretty Vicious, un auténtico temazo. Hoy vamos a conocer un poco más de esta joven banda galesa.

Nombre grupo

Pretty Vicious es el nombre de una banda de rock formada por 4 chavales oriundos de Merthyr Tydilf, una pequeña ciudad del sur de Gales.

Brad Griffiths (voz y guitarra), Thomas McCarthy (guitarra), Jarvis Morgan (bajo) y Elliot Jones (batería), comenzaron su andadura en 2014 con una media de edad de solo 16 años lanzando su primer single Cave Song, que pronto se convirtió en un gran éxito. En poco tiempo pasaron de escucharse en radios alternativas a ser TOP 10 en BBC Radio 1, una de las más importantes emisoras británicas de música.

Varios de sus componentes son hijos de ex-miembros de bandas de música y da la casualidad que sus representantes son dos de los padres de estos chavales.

Foto Banda

Su éxito fue posible en parte gracias a internet, y es que desde el primero momento su música se pudo descargar desde su página web, permitiendo que sus fans bajaran sus canciones y las compartieran de manera viral.

En diciembre de 2014 dieron su primer concierto en la sala The Redhouse Box en su ciudad natal ante un expectante público que incluía a representantes de los más importantes sellos discográficos, así como a organizadores de festivales.

En 2015 firmaron con EMI Virgin Records y gravaron Cave Song en un estudio bajo la tutela del productor Richard Jackson (Duffy o Super Furry Animals), que pulió el tema convirtiéndolo en todo un éxito.

Para firmar con EMI Virgin Records fue determinante el hecho de que fuera la discográfica de los Sex Pistols, y es que los miembros del grupo exigieron que se les entregara el contrato original que firmó el grupo de Sid Vicious con Virgin como parte del acuerdo.

El grupo ya ha sido comparado a los archiconocidos Artic Monkeys, Oasis o Kasabian. Aunque con un sonido algo más punk y guitarrero, que se acerca más a The Clash o The Libertines. La voz de Brad Griffiths tiene cierta similitud con la de Alex Turner, vocalista de la banda de Sheffield.

Cave Song, podría ser perfectamente una de las canciones del álbum debut de los Artic, “Whatever people Say I am, That´s What I´m Not”.

Banda en concierto

En 2015 fueron invitados a participar en festivales como Isle of Wight, Glasntombury o Reading  & Leeds.

También han sido teloneros de los Manic Street Preachers, The Courteeners, y de Noel Gallagher.

Desde 2016 no han parado de dar conciertos por las islas, en su web http://www.prettyviciousband.com/ podéis ver sus próximas citas, así como descargaros sus canciones.

Daft Punk Unchained

Daft Punk Unchained es título de un documental que pretende explorar el que ha sido uno de los fenómenos culturales pop más notables de los últimos veinte años: Daft Punk. Oscilando entre la ficción y la realidad, entre la magia y el secretismo, estos dos artistas han ido creando un universo artístico lleno de ideas que ha enganchado a muchos. En buena parte gracias al control absoluto sobre su obra que han ejercido desde siempre el dúo francés.
Ocultar el rostro y proteger la propia identidad no es una práctica ajena al ambiente de la música electrónica. Clásicos como Underground Resistance y nuevos mitos como Burial han hecho del anonimato, y el misterio añadido, una razón de ser que pretende dar sentido a su lenguaje musical. Pero nadie ha conseguido llegar tan lejos con esta actitud como Daft Punk, el dúo que impulsó el boom de la música de baile en París a mediados de los noventa. Sus seguidores se cuentan por millones, pero seríamos incapaces de identificarlos si nos los cruzáramos por la calle, pues apenas se han mostrado en público desde 1995. Cuando lo han hecho, en entrevistas o tocando en directo, siempre ha sido con la cara protegida. Al principio recurrían a simple máscaras de plástico, caretas de perro incluidas. Desde el año 2000, cuando publicaron su single de mayor éxito One More Time, son famosos por sus cascos de robot.
Resignados como estamos a que tenga que haber una alineación de planetas para que Daft Punk vuelvan a salir de gira, lo único que el dúo francés puede hacer para agrandar su leyenda es publicar un nuevo disco de vez en cuando. El tiempo está tratando bien a Random Access Memories (Columbia, 2013), su último lanzamiento hasta la fecha. No obstante, proyectos como Daft Punk Unchained sacian nuestra sed al menos por un tiempo. El documental, dirigido por Hervé Martin-Delpierre y producido por la BBC Worldwide France, repasa extensamente la trayectoria de Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo.

DP1

Desde sus principios como Darlin, una banda indie-rock novata y torpe a la que un crítico inglés tildó de “punk estúpido”. De ahí salió el nombre para iniciar su segunda etapa, dando gran importancia a la tecnología y fascinados por la energía cruda del house de Chicago, y hasta llegar a su conquista del estrellato de la electrónica de baile y el pop moderno. Aunque Daft Punk no ha participado directamente en el documental, han dado muchas facilidades para que Martin-Delpierre reconstruya su historia con materiales inéditos. Destacan las imágenes del dúo en una rave temprana a las afueras de París en 1992, las primeras fotos de promo o el acceso a sus colaboradores de estos últimos años: Kanye West, Pharrell Williams, Nile Rodgers, Giorgio Moroder, Michel Gondry o Paul Williams entre otros, así como el fotógrafo Peter Lindbergh, su antiguo manager Pedro Winter, o el diseñador Tony Gardner. Además de todas las licencias audiovisuales necesarias para reconstruir esta historia tan singular.

Nota: actualmente el documental sólo está disponible en castellano en algunas plataformas de pago como Canal+ Yomvi. Para los que no tenéis acceso, lo mejor que he encontrado por Internet es una versión con subtítulos en inglés que intentaré compartir próximamente, si no lo encuentro en castellano. Por el momento os dejo el tráiler para ir abriendo boca.

Voice Of The People