MANCHESTER: FÚTBOL? MÚSICA? ROPA? PUBS!

Cuando uno piensa en fútbol instantáneamente le viene a la cabeza Inglaterra, cuna de grandes jugadores, equipos y entrenadores, una de las mejores y más competitivas ligas del mundo, la primera, la más antigua.

Si una piensa en Inglaterra y en fútbol, tal vez esté pensando en rojo, si, en el rojo del Manchester united el equipo más laureado de la pérfida Albión , a la par uno de los más odiados y queridos por el publico ingles. Pero no, no es ni al fútbol, ni mucho menos al United (en casa somos más del City, por eso de que este ahí Guardiola) a quien dedicaremos estas líneas, si no a la cuna de todo ello, las calles, paredes y edificios que lo han visto crecer desde hace siglos: La norteña, gris y lluviosa Manchester, más concretamente a sus pubs. Si tienes intención de adentrarte en este artículo, no olvides tu mejor chaqueta Gore-tex, calzado adecuado, unos Clark’s por ejemplo y por supuesto un hígado de hierro.

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Si de bien es conocido por todos que Inglaterra en general, tiene una larga tradición de “Public house”, cerveceras y cervecerías, la ciudad de Manchester no queda al margen todo ello, sino más bien lo contrario. Abundan tanto pubs como buenos productores. Si desconocéis de esa tradicional, más vale que busquéis en google como beben y sirven la cerveza en Inglaterra antes de seguir leyendo, ya que es fundamental para entender su cultura cervecera.

Si nos disponemos a llegar a la ciudad con el Transpennine express proveniente del aeropuerto no dudéis en bajaros en Picadilly, la estación de tren más grande y céntrica de la ciudad. Ahí, junto a cafeterías, comida rápida y demás encontramos el Picadilly Tap, pub dedicado a la cerveza artesanal íntegramente, ligeramente más moderno pero sin perder el encanto. Podréis degustar en 20 cañeros distintos (10 dedicados al Cask y otros 10 de los que estamos más acostumbrados por estas tierras) una gran cantidad de cerveza proveniente tanto de lo más tradicional como las cervecerías mas punteras del momento por un precio entre las 3 y las 5 libras por pinta (si, pinta, 56 cl, no eso que nos sirven por aquí), eso sí, todo producto nacional y de cercanía, eso del “local” al menos en lo que la cerveza se refiera lo tienen bien integrado. No dudéis en pararos a la vuelta a por unas latas (de las cuales disponen dos neveras llenas) que ayudaran a hacer más ameno el viaje de vuelta.

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Muy cerca de ahí, a tan solo unos pasos nos encontramos la micro cervecería de la archiconocida Cloudwater brewery la cual posee un humilde taproom donde podréis degustar a precios más que populares (3 libras por un tercio de pinta), ya que si sois asiduos a la cerveza artesanal sabréis a que precios corren sus cervezas en nuestro país, sus cervezas estacionales en sus 13 cañeros disponibles. Apresuraros a llegar temprano ya que solo abren de 18.00 a 23.00 los viernes y sábados y como podéis imaginar se llena rápido, si no es el caso, como hizo un servidor podéis comprar en gran variedad a muy buen precio sus latas y disfrutarlas tranquilamente en el hotel antes de irse a dormir.

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Si aún tenemos ganas de seguir degustando los brebajes locales, el Northern Quarter, es decir la parte norte del centro del a ciudad de Manchester es una de las mejores opciones. Ahí podemos encontrar una gran cantidad de pubs y garitos que a más de uno ya les gustaría tener en su ciudad, pero como soy yo quien escribo solo me centrare en los que a mi más me gustan, que son unos cuantos, para que negarlo. Tenemos el Smithfield Market Tavern, sede la cervecera Blackjack Brewery de la misma ciudad de Manchester. Al traspasar sus puertas encontramos un local realmente acogedor con varios ambientes, incluso una pequeña terraza para los fumadores del grupo. En su barra (igual que en la mayoría de pubs) encontrareis gran variedad de cervezas servidas en cask al igual que en draft (al que nosotros estamos acostumbrados) de su propia marca, la antes nombrada Blackjack Brewery junto con demás cerveceras de Manchester y de todo el país, podéis encontrar rarezas i cosas servidas en bomba de mano que jamás llegareis a probar en nuestras tierras, aprovechad, sin dudarlo. Con una media de 3 libras por pinta podréis degustar sin que os llore la cartera de un excelente ambiente que desprende el que es uno de mis sitios preferidos en la ciudad.

También, en la misma zona encontramos el pub Marble Arch, casa de una de las más populares cervecerías de Manchester, la Marble Brewery. Ahí encontraréis todos los clásicos de la marca, como pueden ser la Pint o la Bitter servidas de forma tradicional junto con las creaciones más actuales de dicha cervecera. Para seguir disfrutando del ambiente del Northern quarter recomiendo también el Crown & Kettle, el cual dispone de una barra exlusiva también para sidras, cosa que es de agradecer si os gusta este producto, The Angel el cual tiene un sitio exterior excelente para los días donde no aprieta tanto el frio o bien The Castle Hotel un clásico de la ciudad donde finalizar las noches ( ya que cierra sobre las 2/3 de la madrugada donde la cerveza no es lo mas importante si no mas bien el espacio, el cual dispone de dos maquinas de discos que por un puñado de libras podras disfrutar de los clásicos de la ciudad como Joy division, The Smiths, Happy Mondays, Oasis, Buzzcocks y demás música de esa que nos hacen poner los pelos de punta. ¿Qué más queréis? Buen ambiente, buena cerveza y inmejorable música.

Si os levantáis con ganas de comer o bien de gastaros el dinero, el centro comercial Arndale es uno de los mas famosos de la ciudad y sí, como no podría ser de otra manera también tiene su propio pub llamado Microbar, en unos escasos 3 metros cuadrados disponemos de una variedad de botellas y latas en neveras que os hará volver locos y si con eso no tenéis bastante, disponen de 10 tiradores que harán las delicias de los que como yo, prefieren comprar sentados en el sofá delante de una pantalla de ordenador y dejar los centros comérciales para los demás e invertir ese tiempo en tomar otra u otras cervezas más.

Pegado al centro comercial de Arndale tenemos el Café Beermoth, un pub moderno con el techo plagado de lúpulo y un local de los más asombrosos que he visto jamás, una belleza.

Desde la barra podréis ver todos sus barriles conectados a sus 14 tiradores de cerveza ,a través de una vitrina, mayoritariamente inglesa pero en este caso también de alrededor del mundo, así como una nevera repleta de cervezas, la mayoría Lambicas, Berliner weisse, Sours y envejecidas en barrica de todo tipo. No hay excusa para no tomar nada, para todos los gustos y colores.

Después de una dosis de modernez cervecera, si lo que queréis es un clásico, cerca de la plaza del Ayuntamiento de Manchester tenéis el primer y más antiguo pub de la ciudad, el Sir Ralph Abercrombie pero si sois mas de rarezas o sitios peculiares tenéis al lado el The Circus Tavern, el bar más pequeño pero con la bienvenida mas grande de toda Europa como ellos anuncian en su puerta. Si tenéis claustrofobia, mejor tomar una Half-pint ya que el sitio a partir de las 5 de la tarde puede resultar severamente agobiante.

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Para finalizar nuestro recorrido por esta ciudad, entramos la zona sur del centro de la misma donde tampoco nos defraudara ni su ambiente, ni sus sitios para tomar un refrigerio. Junto al canal encontramos el The Knott, posiblemente la mejor terraza y balcón de toda la ciudad, con espectaculares vistas tanto diurnas como nocturnas y una selección de cervezas excelente. Partiendo de aquí y pasando por La FAÇ 51 Hacienda (este mítico club nocturno de la ciudad, que muchos de vosotros conoceréis) ahora reconvertido en apartamentos, encontrareis tal vez mi pub predilecto, el Peveril of the peak, pequeño edificio junto al canal, atractivo por fuera y cálido y acogedor por dentro. Dispone también de mesas exteriores en una calle peatonal. Pub económico donde los haya, encontrareis en el habitualmente, el que es uno de mis fetiches cerveceros en una de sus bombas de mano y la cual recomiendo a cualquiera, la Plum Porter de Titanic Brewery. Si ha sido un día lluvioso sentaros al lado de su fuego y disfrutar.

Siguiendo el camino encontraremos el The Lass 0’Gowrie, otro pub tradicional con terraza exterior que nos amenizara el camino hacia el The Refuge by Volta, un club/bar/restaurante asentado en un edificio espectacular, un interior asombroso y como cerveza habitual en uno de sus 5 tiradores, la Gamma ray de Beavertown. ¿Hace falta añadir algo más?

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Si tenéis ganas de descubrir algo más, solo los sábados de 12 del mediodía a 10 de la noche está abierto el taproom de Alphabet brewing Co., Runaway Brewery y Beer Noveau, 3 cervecerías afincadas en la ciudad de Manchester con un muy prometedor futuro por delante.

Si queréis saber más sobre que visitar en esta ciudad, donde comprar vuestra ropa favorita, las localizaciones más famosas de The Smiths o Joy division o donde comer un buen Pie & Mash y un contundente Full English Breakfast, es hora de coger el avión y averiguarlo por vosotros mismos.

Join the Ramble and Real Ale Club!

Bulldog breed

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La velada del millón

Bilbao, 11 de noviembre, el Pabellon de Miribilla albergó a 11.000 personas y a otros muchos espectadores mediante el modo de pago por visión, para ver una de las veladas en las que más dinero se ha invertido en la historia del boxeo de España. Todos los ingredientes para ofrecer un gran espectáculo de este noble arte, pero muy a mi pesar, quedo algo escasa en cuanto al nivel de los combates, salvo 3 o 4 de ellos, entre ellos el combate estelar de la noche que enfrentaba a Jose Del Río contra Kerman Lejarraga por el título de campeón nacional de España

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La velada comenzó con un combate de K1 femenino entre Fernandez y Sousa, la cual anunció tras este, que sería su ultimo combate. Igualado pero que finalmente se llevó a los puntos Fernandez.

Me gustaría destacar el alto nivel de los combates de K1 de esta velada, sin duda, de lo mejor en el computo global. La primera de ellas enfrentó al georgiano Bazanov contra Gandarias, donde Bazanov fue capaz de tirar a la lona a Gandarias, pero este, tirando de pundonor, acabo dando mucha batalla pese a que no le valió para ganar la pelea pero si para dejar una gran imagen.

El segundo combate (y para mí el más emocionante) enfrento a dos grandes luchadores como son Currito y Diaz. Se dieron cera durante todos los asaltos, Currito aprovechándose de sus piernas, muy bien trabajadas, infringió duros golpes a Diaz, pero este no retrocedió en ningún momento. Cuando rondaba el ecuador del tercer asalto y parecía que Currito se podía llevar la pelea (ajustada eso si), Diaz, conecto un croché de izquierdas al mentón de Currito que lo hizo desfallecer, consiguiendo uno de los KOs de la noche y haciendo enloquecer al pabellón, el cual contaba con numerosos paisanos de Diaz.

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El tercer y último combate de K1 enfrento a una leyenda viva de este deporte, que no es otro que Cesar Cordoba contra un gran oponente como el ovetense Tapia. Cordoba, que el año pasado acudió al master series en la modalidad de boxeo y perdió por TKO en el primer asalto, llegó a Bilbao con ganas de sacarse esa espina clavada. Llevo la iniciativa desde el primer hasta el último asalto, y pese a que Tapia estuvo muy batallador, Cesar domino la pelea en todo momento para conseguir llevarse los 3 asaltos y la victoria por decisión unánime. Es un orgullo y un placer poder ver en directo a una leyenda como él, y también es de agradecer que en frente haya un tio como Tapia, que no se arruga ante nadie.

En la pelea de más alto peso, que no era otra que la de Ieltxu (hacía su debut en modalidad PPV) y Trallero , nos quedamos con las ganas y es que un codazo fortuito de Ieltxu, abrió una brecha a Trallero por la cual comenzó a brotar sangre y el juez no dudo en parar la pelea. Una lástima ya que prometía ser una gran guerra.

Otra pelea que creó mucha expectación fue la que enfrento al local “kamikaze” Garmendia contra el Titin, la cual duró poco ya que Titin, buscando ir al suelo ya que es su especialidad, intentó agarrar a Garmendia por las rodillas pero este gracias a un gran rodillazo en la frente, noqueo en el KO más espectacular de la noche al valenciano. Aratz en un gran detalle de deportividad, no celebró la victoria hasta ver que si rival se incorporaba como buenamente pudo tras varios minutos en el suelo. Aratz celebró la victoria con una camiseta dedicada a Iñigo Cabacas, hintxa del Athletic asesinado por la Ertzaintza.

Y cerca de las 0:20 llegamos a uno de los combates más esperados de la noche por el show que siempre suele ofrecer Javier Garcia Roche, el cual tiene un personaje montado que ya ha superado a la persona. Entró como lo que es, un showman, escoltado por Chaca el cual entró cantando una canción de rap dedicada al chatarrero. Tras su entrada, y como si fuera un invitado que se había colado en una fiesta que no era la suya, entro el rival de Roche, el Georgiano Kandelaki, el cual, seguramente tras lo de ayer, tendrá ganas de comprar una casita en el Botxo. Y es que ni en sus mejores sueños habrá tenido el apoyo que tuvo ayer en Miribilla. Jaleado por un público que, para mi sorpresa (y también agrado, porque no decirlo), se posiciono muy a favor de este y muy en contra del Showman chatarrero, que fue abucheado y silbado durante gran parte del combate, y es que no mereció menos, ya que su boxeo, ni fue noble, ni tuvo arte. Tiro de toda clase de faltas de respeto hacia el rival, así como de golpes ilegales, como el cabezazo que propino de forma voluntaria a Kandelaki en el primer asalto cuando los púgiles estaban siendo separados por el árbitro que debió de ser suficiente para descalificarlo. Todo esto provocó aún más animadversión hacia el catalán, que con el paso de los asaltos, más faltas de respeto concedia. Kandelaki intento devolver el empuje del público, pero se vio que no tenia mas que pundonor y ganas por agradar, que boxeo en sus piernas y brazos. La pelea la ganó Roche a los puntos, lo cual ya debe de ser todo un logro para el Georgiano. Al finalizar la pelea, el personaje, dio paso a la persona y Roche cogió el micro para pedir disculpas al publico ante el bochornoso espectáculo antideportivo que había ofrecido, pero el público de Bilbao dicto sentencia en su contra con un atronador sonido de viento.

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Pero sin duda, la pelea de la noche , la estelar, era la que enfrentaba a Kerman “el revolver de morga” Lejarraga contra Jose Del Río por el cinturón de campeón de España de peso welter. La pelea estuvo dominada por Kerman en todo momento, pero Del Río fue capaz mediante movimientos de sus piernas de neutralizar muchos de los golpes que el Revolver le lanzó durante toda la pelea. Del Río hizo gala de un físico espectacular, se movió bien durante todo el pleito y supo escaparse cuando los bombazos del aspirante comenzaban a sonar, también supo sufrir ya que Kerman marco un alto ritmo de golpes, pero fue capaz de aguantar los 10 asaltos y llegar bastante entero al final (solo 3 personas más pueden decir que han llegado al final de los asaltos con Kerman)

Dos boxeadores de gran nivel, pero donde se evidencio, que hoy por hoy, no hay quien le haga sombra a Kerman, el cual, pese a lo que muchos piensan, no es solo pegada, cosa que quedó patente en este combate, en el cual, no solo pegó, sino que realizo esquivas de campeón. Ganó cada uno de los asaltos, hizo un boxeo muy completo y sin fisuras. Lanzo golpes de poder que alcanzaron a Del rio y cuando este, intento tomar la iniciativa, rápidamente cortaba esa entrega el de morga. Este combate, es la confirmación (una más) de que Lejarraga esta para cotas más altas que las nacionales y ya mira hacia el título de Europa.

Y hasta aquí lo que se pudo ver en la velada sobre el ring, y es que, en lo que es fuera del ring, hay que destacar al público bilbaíno, ya que en muchos momentos de la velada, el pabellón se convierte en una olla a presión para los púgiles, lo cual crea un ambientazo para las peleas, y esto, seguro que lo agradecen los púgiles y los que somos amigos de la marcha.

Txorimalo

La Mano de Dios

Esta novela se encuentra enmarcada en la llamada Serie Scott Manson, una colección de novelas basadas en las andanzas de un peculiar entrenador, medio escocés medio africano, que alterna su trabajo en los banquillos del fútbol inglés con su faceta de detective ocasional. Este libro es la segunda entrega tras la novela Mercado de Invierno de la que ya os hablé en este blog.

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En este caso, la historia comienza con la muerte de un jugador ruso del London FC (equipo ficticio al que entrena el protagonista) en el estadio Georgios Karaiskakis en la previa de la Champions, jugando un partido contra el Olympiakos. A partir de ahí, Scott se pone su mono de investigador y se dedica a resolver el caso.

En el anterior artículo ya expliqué las filias políticas del autor de la obra, Philip Kerr, un liberal escocés unionista, fanático del Rangers y del Arsenal. Debido a ello, en su novela no faltan las críticas al gobierno griego y a la sociedad griega en general. Aunque, por otro lado, no se libran de sus “palos” los nazis de Amanecer Dorado, la policía griega, la homofobia en el fútbol y los racistas que pueblan las gradas de los diferentes estadios en los que se desarrolla la historia.

En este libro, el autor desarrolla la historia teniendo como escenario las huelgas en Grecia y la rivalidad entre Olympiakos y Panathinaikos. Al igual que en Mercado de Invierno, no faltan las referencias a equipos, jugadores, campos y entrenadores de futbol, críticas a los futbolistas, a los representantes, a los oligarcas dueños de equipos, a la UEFA… Vamos, que el autor no deja títere con cabeza.

La visión que Phillip tiene del fútbol no dista mucho de la mía. Se opone frontalmente al futbol moderno, aunque en temas políticos nuestras posturas están muy distantes. En el libro, el autor aprovecha para poner como ejemplo de clubs a los de la Bundesliga donde, por ley, el 51% del accionariado debe de pertenecer a los socios.

Personalmente me gustó más la primera entrega, supongo que debido a que soy un enfermo de la Premier League, liga en la que estaba ambientada, pero creo que todo futbolero amante de la novela negra está obligado a leer el libro.

Ahora toca esperar a que Phillip saque la tercera entrega de la saga, que por lo visto se va a llamar Falso 9 y está ambientada en Barcelona y en todo lo que rodea al Fútbol Club Barcelona, equipo que goza de sus simpatías.

My journey from ‘Trouble to Bubble’

En el número 2 de la revista Etiqueta Grada, Darren Tutt y otros chavales del Newport County nos contaron acerca de sus andanzas en el mundo de las gradas en los años 80, en un artículo de nuestro amigo Álex.

Me puse en contacto con Darren para que nos contara de primera mano su experiencia en los años que pudo disfrutar de las escenas rave, club y acid house, y de las drogas que en aquel momento se consumían en Europa y Gran Bretaña.

* * *

Tras años y años viajando a lo largo y ancho del país, gastando miles de libras en ropa y levantándome para ver partidos de, precisamente, no buen fútbol, no tardaría en volver a empezar todo de nuevo. Esta vez, mis lugares habituales no serían estadios de fútbol y pubs, sino descampados, naves y clubes… Y esta vez, el “material” en el que gastaba mi dinero sería diferente [N.d.T: “gear” en la versión en inglés, término coloquial válido tanto para ropa como para droga].

De casual a raver

Casual to Raver '89

Antes de la llegada del acid house, los clubes nocturnos de Gran Bretaña eran en su mayoría lugares deprimentes donde la gente iba a emborracharse, conocer alguien del sexo opuesto o pelearse con alguien del mismo sexo. Hacia el final de los ochenta, la música house, impulsada por la explosión de las drogas recreativas, convirtió a los clubes nocturnos en lo que se suponía era su razón de ser: un lugar para bailar.

Mi primera experiencia personal de este cambio fue en el Halikarnas Nightclub, en Turquía, durante el verano de 1989. La música allí era diferente, penetrante e hipnótica, la cual, inconscientemente, me hacía sentir un rollo diferente, una energía nueva entre la multitud. A pesar de estar borracho, bailé durante toda la noche.

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Hasta entonces, mi experiencia en los clubes nocturnos había consistido en fines de semana de borrachera, plantado al borde de las pistas de baile, malhumorado, sin más intención que echar un polvo. Un mes después de regresar de Turquía fui a Blackpool para una despedida de soltero. Una de las noches, dos de nosotros nos separamos del resto del grupo, pasó que dos relaciones que estaban muy buenas nos convencieron para ir a un club llamado Shaboo. Mientras estábamos allí, una chica nos pasó algo de speed. Mi experiencia con las drogas hasta entonces habían sido unas setas cuando era skinhead a principio de los ochenta y un corto tonteo sin importancia con speed y cannabis en el 86. Pero fue eso nada más, esta vez era diferente, se sentía bien, me sentía bien.

Recuerdo que estaban pinchando Graeme Park y Mike Pickering. El ambiente era eléctrico, la gente bailaba y todo el mundo estaba de muy buen rollo. Era algo totalmente diferente. Era un gran contraste con ese ambiente predominante en los clubes, al que estaba acostumbrado, de una amenaza de violencia siempre presente en el aire. Todo en lo que podía pensar entonces era cómo lo pasé aquella noche y sabía que estaba a punto de engancharme a aquello.

De vuelta a casa en Newport, pronto quedó claro que más gente empezaba a formar parte de esta nueva escena. Empezaron a aparecer sudaderas con capucha y pantalones anchos. Conocía a muchos de estos tipos. A algunos personalmente, otros eran amigos de amigos y otros solo caras conocidas. Un pequeño grupo de esta gente pronto se convirtió en mi grupo de amigos. La gente empezó a amasar grandes colecciones de vinilos y una enorme variedad de cintas con mezclas de DJs que empezaron a verse por todas partes.

En esta época solo había un puñado de lads locales del fútbol que estuviesen en el rollo (pronto serían seguidos por más). Unos pocos chavales del County habían vivido lo que estaba sucediendo con la escena rave mientras trabajaban en Jersey y se juntaban con otros lads del norte y sur del país.

Yo no necesitaba renovar mi armario. Para mí, la ropa siempre fue un aspecto importante como aficionado al fútbol, y la transición de las gradas a las raves fue bastante continua y natural. Mis camisetas Chippie, pantalones de campana C17 y mi Armani estaban listas para las raves. Sí que recuerdo comprar un par de sudaderas con capucha, algunos pantalones de chándal caídos y un par de Joe Blogg acampanados para combinar. Todo se volvió un poco más ancho, un poco más colorido.

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A principios de los 90 yo compraba Naf Naf, una marca francesa que se hizo popular debido a sus diseños anchos y tan coloridos. Me compré otro par de botas Kickers rojas, las cuales venían con una etiqueta de cuero en la bota derecha, y no tardé en “conseguir” diez etiquetas de diferentes colores también para mi bota izquierda. Tal fue la fiebre por este pequeño complemento, que la gente iba a las tiendas a probarse las Kickers solo para robar las etiquetas. Las tiendas pronto dieron buena cuenta del asunto y empezaron a venderlas a una libra cada una.

Mi relación sentimental de entonces pronto empezó a notar los efectos de mi nueva afición. Definitivamente ella no era del tipo de tomar drogas y salir por ahí toda la noche, por lo que pronto me vi inventando excusas para esto y lo otro, y las diferencias aparecieron rápidamente. El grupo de gente con el que había empezado a juntarme dio la casualidad que incluía a mi ex novia. La atracción fue instantánea y pronto volvimos a salir otra vez.

En nuestro club nocturno de confianza, Metro’s, de repente comenzaron a pinchar acid y house. El DJ residente de aquella era nuestro colega DJ Clark-E-Boy. El público se convirtió en nuestra gente, la mayoría de nosotros íbamos allí por la misma razón. Y además todos tomábamos las mismas drogas, ácido o speed, aunque a menudo eran ambas.

Aunque los porteros sabían perfectamente lo que estaba pasando, fumar canutos descaradamente no era buena idea. Esto, por supuesto no nos quitaba de fumar alguno a escondidas. El club instaló iluminación ultravioleta [luz negra] y allí pasamos muchas noches memorables. Se trataba de nuestro club, nuestra música, nuestra peña. Cuando el club cerraba, solíamos ir a casa de alguno de nosotros, para relajarnos o para seguir de fiesta, dependiendo de en qué estado fuese cada uno.

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En esta época, durante mis viajes psicodélicos provocados por el ácido, siempre revoloteaba un pensamiento de “agujero negro” que nunca conseguía quitarme de la cabeza, un pensamiento que siempre me hacía sumirme en lo más profundo. Era una escena habitual ver canutos rulando sin parar alrededor, aquel dulce olor tan familiar estaba por todas partes. La primera rave que montamos, en diciembre de 1989, fue organizada por algunos tipos de fuera en una sala grande. Resultó un poco fallida pero yo conocía a todo el mundo que estaba allí así que con eso me bastó para pasármelo bien. Entonces solía tomar ácido, en ocasiones acompañado de speed, pero por alguna razón acabé tomando quince pastillas Pro Plus que me pusieron eléctrico, perfecto para bailar.

Las juergas entre semana con un cuarto o medio ácido más algún canuto eran de lo más habitual, junto con un colega solíamos ir a clubes normales simplemente para pasarlo bien. El “agujero negro”, del que a veces me olvidaba, ocasionalmente volvía a aparecer, pero ya os contaré más sobre eso después.

Hacia enero de 1990 empezamos a movilizarnos y nos aventuramos a visitar los clubes de Londres, que está a menos de tres horas en coche desde Newport. Yo me encargaba de alquilar una furgoneta y allí íbamos el grupillo de mejores colegas en busca de la música, las luces y el bullicio. Recuerdo una vez que aparcamos y decidimos buscar la fiesta de aquella noche en un club, The Astoria. Aquello era otro nivel, los porteros de allí estaban bien enterados, sabían cómo era el rollo y por qué estábamos allí. Nuestra pinta delataba nuestras intenciones. Recuerdo que entramos nada más llegar. Dentro había flashes, humo y fondos fluorescentes que brillaban bajo una iluminación UV siempre presente. Podíamos sentir la profunda vibración del sound system en nuestros huesos, los golpes secos del ritmo y el retumbar de los bajos. Habíamos entrado en el paraíso.

Más tarde, aquella noche, recuerdo estar delante de la cabina del DJ como a tres metros, mientras pinchaba Paul Oakenfold, en frente de un altavoz cuyos bajos me destrozaban y estaba totalmente fuera de mí. Fue otra noche increíble.

Las tres horas conduciendo de camino a casa, de Londres a Gales, eran por sí mismas toda una experiencia. La furgoneta de alquiler la conducía cualquiera que se sintiese en condiciones de hacerlo. Circulando a toda velocidad por la M4, llena de humo, podía parecer sin duda una furgoneta salida de una película Cheech y Chong [N.d.T: dúo humorístico cuyas películas trataban el estilo de vida hippie de los años 70 y 80, y en las que el consumo de marihuana era un tema recurrente].

Después de haber consumido tanto LSD y speed, la nueva droga que llego a mis manos se convirtió en mi favorita. La siguiente rave que organizamos en 1990 fue tremenda y allí tomé mi primer E [N.d.T: éxtasis], una pastilla marrón y ocho horas de pura energía… Euforia.

Aquella noche fue absolutamente increíble, así fue, la juerga había llegado a un nivel completamente nuevo. Para las noches locales y más suaves tomaba ácido, pero para las grandes citas ya siempre elegiría éxtasis. Existía una sensación de emoción cada semana que iba creciendo más y más… ¿Dónde íbamos a parar? Viajando a todas partes… Éxtasis, éxtasis y más éxtasis. Las noches de los viernes se convertían en todo un fin de semana, con la energía sin fin que nos proporcionaba el éxtasis, una noche para nada era suficiente a partir de entonces.

De uno de esos largos fines de semana me viene a la mente el Kaos 2. Tras haberme metido éxtasis la noche del viernes, decidí tomar un par de Smileys el sábado por la noche. Estaba tan puesto que pensé que estuve toda la noche bailando la misma canción, The Power de Snap. Resultó que por lo visto casi todos los DJs que pincharon esa noche pusieron ese tema. Así que mi recuerdo fue un colocón continuo bailando toda la noche con eso.

Las mejores pastillas de éxtasis que encontrábamos entonces costaban 20 libras, lo que suponía mucho dinero a inicios de los noventa y, a este precio, el aumento de la demanda hizo ganar mucho dinero a los camellos, muy rápido. Entonces empezamos a pillar una buena cantidad de cada vez para conseguir un mejor trato, solo para nosotros, para consumo personal. La cantidad de diferentes tipos de éxtasis que llegaban al mercado era desorbitante. Todos con diferentes nombres, distinta fuerza, pero todos te cambiaban el estado de ánimo… Todo puesto de éxtasis, colocado y con todo el subidón… Euforia total.

Durante una época, me convertí en dependiente de tres sustancias diferentes y necesitaba las tres para pasar una noche en condiciones. Éxtasis, cannabis y popper (nitrito de amilo). Con esto no había problemas en fiestas privadas y gratis, pero el popper era lo más complicado de colar en los clubes y raves organizadas. De todas formas, siempre lo acababa consiguiendo. Lo más curioso es que el Popper era una sustancia legal por aquel entonces. El problema con ello era que, tan pronto como abrías el bote, un montón de narices en un radio de un kilómetro lo olían y en un momento estabas rodeado de ravers. Cuando lo pasaba, no me podía relajar y seguir con mi noche hasta que lo tenía de vuelta en mi mano. Pronto encontré una solución al problema y empecé a llevar dos botes, uno para mí y otro para que se peleasen por él.

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Adicto

En mayo de 1990, sin embargo, la juerga estaba a punto de sufrir una pausa. Esto nos lleva de vuelta a la paranoia del “agujero negro”. Durante aquellos primeros días descubriendo la escena rave, todavía solía disfrutar de los sábados noche con mis colegas del fútbol. En el otoño de 1989 tuvimos un incidente serio en el fútbol que pensé que cambiaría mi vida para siempre. Muchos de nosotros fuimos detenidos, condenados y liberados bajo fianza al año siguiente. Debido a la gravedad del delito, sabía que solo había una consecuencia posible.

Acababa de descubrir esta nueva forma de vida y estaba muy feliz con eso. Estaba cambiando, pero ya era demasiado tarde, ya no había vuelta atrás y mi subconsciente lo sabía. Por eso durante alguna de aquellas noches de fiesta, cuando me sumergía en un pensamiento profundo, me refería a ello como mi “agujero negro”. En mayo de 1990 fui condenado a tres años de prisión. Mi vida, pensaba yo, estaba a punto de desmoronarse. ¡Pero no fue así! No me voy a detener en los 12 meses que pasé dentro (me concedieron libertad condicional por buen comportamiento), pero sí diré que había más drogas dentro de lo que en ocasiones había fuera. Más adelante me preguntaba si el haberme controlado durante aquellos meses quizás me hizo un favor por aquel entonces.

Night Before Prison & Release

En mayo de 1991, cuando salí, era un hombre joven, libre y, como supondréis, soltero. Tenía que ponerme al día de un montón de cosas. Por lo pronto, la mitad de Newport ya estaba metida en la escena rave y un par de mi antigua banda habían sido internados bajo la normativa de salud mental, pero solo para tratamiento. Más chavales del fútbol se habían enterado de la movida y cayeron bajo el encanto de las raves, juerga y trapicheos. Todo el mundo estaba en ello.

Nuestro querido club Metro’s había dejado de ser la referencia en las noches de rave y otro club nocturno local, Rudi’s, había tomado el relevo y era quien atendía al creciente número de ravers de Newport. Rudi’s era un excelente club con los mejores DJs de todo el país encabezando los carteles de fines de semana. En una gran noche, Carl Cox, posiblemente el DJ más importante del mundo pinchó en Rudi’s e incluso mencionó el club en una entrevista posterior en Mixmag.

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Si no íbamos al Rudi´s, nos buscábamos la fiesta en algún sitio más lejano. El primer viernes después de que me soltasen, alquilé un coche y nos fuimos a Coventry, donde se encontraba el famoso club Eclipse. Me tomé dos éxtasis y no me aparté de las luces láser en toda la noche. Fascinado y fuera de órbita. La música y el sound system siempre eran cojonudos en este sitio y siempre llevaban a DJs del mejor nivel. Siempre volvíamos al Eclipse.

Y aquello fue, la segunda fase de mi vida. Otra vez la pregunta era, “¿qué va a ser lo próximo?”. Aparte del éxtasis, empecé de nuevo a tomar mucho ácido, a veces mezclándolo con éxtasis y popper, viajando a otras dimensiones. También cambié mi ritmo de vida, dormí una noche a la semana durante los siguientes doce meses o así. En 1991, tuve la mala suerte de pillar un éxtasis falso y pensé “nunca más”. Me arruinó la noche por completo. Una noche de fiesta en Oxford nos juntamos con unos buenos chavales y les pillamos unas pastillas cojonudas. Se organizaban un montón de raves por la zona de Oxford y siempre veías las mismas caras conocidas en las fiestas. Pronto nos hicimos amigos de los camellos y frecuentemente viajaba con un amigo para pillarles éxtasis, para mí y mis colegas. Compraba de sobra para pasar algunas y así recuperar mi dinero. En aquellos viajes siempre me daba la paranoia, mientras estábamos en el salón en casa de estos tipos o durante el largo viaje de vuelta a casa.

Pero era aún incluso peor si hacía el viaje yo solo. Solía coger un tren hasta Londres y allí me pasaba por las sex shops del Soho para comprar treinta y seis botellas de nitrito de amilo, que venía en unas botellas marrones grandes. Eso sí, no podías ir a Londres y no comprar nada de ropa. En el tren de vuelta paraba en Didcot, al sur de Oxford. Allí me recogían, iba a pillar las pastillas y me dejaban de vuelta en la estación, nunca hubo motivo para tener que probar el material. Debido a mis pintas, yo pensaba que todo el mundo sabría qué andaba haciendo por allí, así que escondía la droga hasta que el tren aparecía. La recuperaba y la volvía a esconder dentro del tren de nuevo. Como acciones militares encubiertas, siempre andaba con la mosca detrás de la oreja, preguntándome si me pillarían al bajarme del tren. Nunca me podía relajar hasta que entraba por la puerta de casa. En casa, seguro, un canuto, relax.

Como ya llevaba tiempo haciendo antes, seguí alquilando coches o furgonetas para ir a cualquier sitio. Recorriendo el largo y ancho del país, algunas veces llenaba las furgonetas con gente que ni siquiera conocía, solo para llegar a mi destino y rara vez dejaba a otro conducir de vuelta a casa. También había veces que hacía auto stop e iba con otra gente. Era frecuente que yo me quisiese quedar cuando el resto de gente se quería ir así que acababa teniendo que hacer el viaje de vuelta por mi cuenta, que como podéis imaginar era una buena aventura.

Hacia 1992 un par de mis mejores colegas, amigos que aún hoy en día son cercanos, estaban un poco preocupados acerca de cuánto estaba tomando, porque estaba constantemente en ello. Salía todos los fines de semana con cualquiera. Supongo que mi subconsciente sentía que iba un año por detrás de mis colegas de rave y necesitaba ponerme al día. A lo largo de todo este tiempo, solo hubo dos ocasiones en las que realmente llegué a pensar que me quedaba en el sitio. Solía pensar acerca de ello como el que atraviesa una puerta y se cierra justo detrás de él. Durante una de esas noches, mezclé unos micropuntos bastante fuertes con éxtasis. “Esto es todo, aquí estás ahora, en la otra acera, esto es lo que hay, este eres tú para el resto de tu vida, ya no hay bajón”. Había atravesado la puerta y la cerré.

Jun '93

Fueron momentos escalofriantes, todos ellos, que te hacían replanteártelo… Hasta que llegaba la siguiente gran rave por supuesto. En 1992 conocí a una nueva novia. Fuimos a algunas raves juntos y empezamos a ir a las sesiones de house que se celebraban en todos los grandes clubes. Las grandes raves en el exterior se habían trasladado a clubes más pequeños y exclusivos. Por aquel entonces, yo tenía una tienda donde vendía los mayores éxitos de dance. Empecé un período de mi vida más tranquilo y cómodo, haciendo negocio de una de mis pasiones, algo que amaba. Otra de las cosas buenas de esta nueva época fue poder entrar en las listas de invitados de las raves y clubes. Aún seguíamos tomando éxtasis, algún colocón ocasional. La fiesta era la misma prácticamente pero las salas eran más cálidas. Empecé a dejarlo progresivamente a partir de 1994 y pasé a ser un consumidor ocasional. Ya en 1995 casi no me metía nada.

En fin… Aquella relación duró cuatro años y medio.

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Fue un viaje de tremenda locura, salvaje, colorido y verdaderamente inolvidable con mil historias más. Una historia reservada para cada uno de mis colegas por sí solos. Quizás algún día escribiré un libro…

En cuanto a mí, bueno, no cambiaría nada de nada.

#tuttioi

My journey from ‘Trouble to Bubble’ (English version)

In the issue #2 of Etiqueta Grada, Darren Tutt aka Tuttioi and some other Newport County lads told us about their adventures in the football terraces world in the 80s, we could read about it in a great article by our friend Álex.

I got in touch with Darren to ask him to tell us first-hand about his experience in the years when he could enjoy the rave, club and acid house scenes, and the drugs that were consumed at the time in Europe and Great Britain.

* * *

After years of traveling up and down the country, spending thousands of pounds on gear and getting up to no good watching football, I was soon to do it all over again. This time, my venues of choice weren’t football stadiums and pubs but fields, warehouses and clubs… And this time, I was buying a different kind of “gear”.

From casual to raver

Casual to Raver '89

Before acid house, nightclubs in Britain were mostly depressing places where people went to get drunk, to meet someone of the opposite sex or fight someone of the same sex. Towards the end of the eighties, house music, fuelled by an explosion of recreational drugs, turned nightclubs back into what they were supposed to be all along: a place to dance.

My first personal experience of this change was at Halikarnas Nightclub in Turkey during the summer of 1989. The music was different, driving and hypnotic and I subconsciously sensed a different vibe, a different energy among the crowd. Despite being drunk, I danced all night.

Version 2

I had only experienced weekends boozed up in nightclubs, stood at the dance-floors edge, mean, moody and on the pull. A month after returning from Turkey, I went to Blackpool for a stag party. On one of the nights, two of us broke away from the rest of the crowd, somehow managing to be persuaded by two stunning club touts to go to a club called Shaboo. Whilst there, a girl gave us some speed. My drug experience up until this time, had been some mushrooms as a skinhead in the early 80’s and a minor, short-lived dabble with some speed and cannabis in 86. But that was it, this time it was different, it felt right, I felt right.

I remember Graeme Park and Mike Pickering were playing. The atmosphere was electric, people danced, everyone was so friendly. This was so different. A stark contrast to the ever present threat of violence that had hung in the air of the nightclubs I was used to. All I could think of was the time I had that night and I knew, I was about to become hooked.

Back home in Newport, it soon became apparent that others were becoming part of this new scene. The hooded tops and baggy bottoms becoming more visible. I knew most of these guys. Some personally, some friends of others, some just faces. A small group of these people were soon to become close friends. People began amassing great vinyl collections and a huge array of DJ mix cassettes were soon flying around.

At this time there were only a handful of local football lads who were in the know (A few more were soon to follow). A few of the County boys had experienced what was happening with the rave scene whilst working over in Jersey and mixing with other lads from up and down the country.

I didn’t need a new wardrobe. Clothes for me were always an important aspect of following football and the transition for the terraces to raves was pretty seamless. My Chipie tee shirts, C17 flares and my Armani were all rave ready. I do remember buying two hooded tops, some baggy joggers and a pair of Joe Blogg flares to mix it up. Everything was just a little looser, a little more colourful.

Summer 91

In early 1990 I was buying Naf Naf, a French label that became popular with their bright and baggy designs. I bought another pair of red Kicker boots, which came with a leather Kicker tag on the right boot, I soon “acquired” ten different colour tags on the left boot too. It got so bad people ended up going to shops and trying on different Kickers just to rob the tags. The shops soon caught on and started selling them for a pound a piece.

My relationship at the time soon started to feel the effects of my new found raving. She definitely wasn’t the type to do drugs and stay out all night and I soon found myself making excuses for this and that and the cracks rapidly started to show. The gang I had begun to closely bond with, happened to include my ex-girlfriend. The attraction was instant and we soon became an item again.

Our local Nightclub, Metros, suddenly started playing acid and house. The main DJ at the time was our mates, DJ Clark-E-Boy. The crowd, became our crowd, most of us all there for the same reason. We would all be doing acid or speed, or more often than not, both.

Darren's Flat '91

Although the bouncers clearly knew what was going on, smoking spliffs openly was a no no. This, of course didn’t stop us having a sneaky one here and there. The club installed all UV lighting and we had many a memorable night there. This was our club, our music, our gang. When the club closed, we’d always go back to someone’s place, to chill out or carry on, depending on what state you were in.

At this time, during my acid trips, there was always an ever present ‘black hole’ of thought, one that I could never shake off, one that I’d always descend deeper into whilst on it. Spliffs were always floating about as standard, that familiar sweet scent was all around. Our first organised rave in December 1989 was organised by some outsiders in a large local venue. It was a bit of a flop but I knew nearly everyone in there and made my own night of it. My drug of choice then was acid, occasionally accompanied by speed but for whatever reason that night I ended up doing fifteen Pro Plus tablets and ended up rattling with shakes, great for dancing.

Midweek binging on a quarter or half a tab of acid with a spliff became standard, going to normal clubs with my mate just for a buzz. The ‘black hole’, which I sometimes forgot about, would occasionally surface, but more about that later.

By January 1990, we soon started venturing off to the bright lights of London, less than a three hour drive from Newport. I would hire a transit van and our close knit gang would head off in search of the music, the lights and the buzz. I remember one time, we parked up, dropped our fun for the night and headed to the club, The Astoria. This was another level, the bouncers here were clued up, they knew the score and why we were there. The punters eyes told them that. I remember coming up just as we got in. There was strobe lighting, smoke and fluorescent backdrops glowing under the ever present UV lighting. We could feel the sound system vibrating deep in our bones, the thud of the beat and the rumble of the bass. We had entered heaven.

Later that night, I stood about three meters from the DJ booth while Paul Oakenfold played, in front of a speaker being ripped apart by the bass and tripping my nut off. It was another incredible night.

The three hour drive home from London to Wales was often an experience in itself. The hire van was driven by whoever felt fit enough to do so. Hurtling along the M4 our van, full of smoke, would look like something from a Cheech & Chong movie.

After doing so much LSD and speed, my next drug of choice was to become my favourite. Our next organised rave in 1990 was a big one and I dropped my first E, a brown disco biscuit and 8 hours of pure energy… Euphoria.

That night was absolutely unbelievable, that was it, my raving had reached up to a whole new level. Local, low key nights and weekends were acid but for the real big nights, it was always ecstasy. There was a surge of excitement every week that would build into a crescendo… Where were we going next? Travelling everywhere… E’s E’s E’s. Friday nights became weekenders, with the endless energy that ecstasy brought, one night wasn’t long enough anymore.

One such event springs to mind, Kaos 2. After downing E’s on the Friday night, I decided to drop two Smiley Face acid tabs on the Saturday night. I was that off it, I thought I was dancing the whole night to one record, Snap’s The Power. It turns out, that nearly every DJ that night played that song. So for me, my trip was dancing all night long to it.

The very best Pukka ecstasy tablets were selling for a score (£20), this represented a lot of money in the early 1990’s and at this price, the increasing demand was to make a few hardcore dealers very wealthy, very quickly. We started to buy a load of them in one go, getting a better deal, just for our lot, for personal. The amount of different E’s that were coming onto the market was mind boggling. All with different names, different strengths, yet all resulting in one frame of mind… E’d up, smacked up and rushing, being sick… Total Euphoria.

At one stage, I became dependent on three different substances and I needed all three to fulfil my night. Ecstasy, cannabis and poppers (amyl nitrate). This was all well and good at free parties, but the poppers was the hardest thing to smuggle into the organised raves and clubs. Nevertheless, I would always succeed. The crazy thing was, poppers was legal back then. The trouble with poppers was, as soon as you opened it, a mile radius of noses would smell it and you’d be surrounded by ravers. I could never relax and get on with my night until I had it back in my hand. I soon found a solution and started to take two bottles, one for me and one for them to fight over.

July '91

Addicted

In May 1990 though, the raving was about to pause. This takes us back to ‘The Black Hole’. During these early days, the discovery stage of rave, there were still my usual Saturday nights out with the football crowd. During the Autumn of 1989 there was a serious football related incident that I thought would change my life forever. A load of us were arrested, charged and bailed until the following year. Because of the seriousness of the offence, I knew there was only one possible outcome.

I had just found this new way of life. I was so happy with it. I was changing, but it was all too late, the wheels were already set in motion and my subconscious knew that. That is why during some of those nights, when slipping into deep thought, I referred to it as my ‘black hole’. In May 1990 I was sentenced to three years in prison. My life, I thought, would fall apart. It didn’t! I won’t dwell on this twelve months inside (paroled for good behaviour) other to say that there were more drugs inside than there sometimes were out on the streets. I often wondered later on, if the twelve month controlled intake maybe did me a favour back then.

Night Before Prison & Release

In May 1991, I found myself, young, free and you guessed it, single. I had a lot of catching up to do. By now, half of Newport was raving and a couple of my old gang had been sectioned under the mental health act but only for treatment. More football boys had caught on and had fallen under ravings spell, raving and dealing. Everyone was at it.

Our own Rave Nightclub Metro’s had stopped doing the nights and another local nightclub, Rudi’s had taken over and was catering for the growing number of Newport ravers. Rudi’s was an excellent club with the top DJ’s from around the country headlining at weekends. On one big night Carl Cox, arguably the biggest DJ in the world, played Rudi’s and even mentioned the club in a later Mixmag interview.

Rudi's '91

If we weren’t at Rudi’s, we’d all venture further afield. On my first Friday after being released, I hired a car with a friend and we drove up to Coventry to the then infamous Eclipse club. I dropped 2 E’s and never left the laser beams all night. Transfixed and off it. The music and sound system was always spot on at this venue and there was always a top line up of DJ’s on the bill. We always went back to The Eclipse.

This was it, phase two of my life. Again, it was, “where are we going next?” As well as the E’s, I again started doing a lot of acid, sometimes mixing it up with E’s and popper’s and travelling to different dimensions. I would lose on average, one night a week of sleep for the next twelve months or so.  In 1991, I only ever bought one dud E and I thought never again. It totally spoiled my night. At a free party one night in Oxford we met up with some great guys and scored some top tablets off them. There were a lot of free raves around the Oxford area going on and you would always see the same faces at each one. We soon became friends with the dealers and I would often drive with a friend there to buy our own E’s for personal and our mates. I’d buy a few more to sell to get my money back. These journeys would always attract paranoia whilst sat in their living room and during the long drive home.

It was even worse if I made the journey on my own. I’d catch a train to London and go to the Soho sex shops just to buy thirty six bottles of amyl nitrate, the large brown bottles. You couldn’t go to London and not buy an item of clothing too. On the train back I would stop off at Didcot. I’d get picked up, go and pick up the pills and get dropped back at the station, there was never any reason to test the merchandise. Because of how I looked, I thought everyone knew what I was up to, so I’d hide the stash until the train came in. I’d retrieve and then hide it on the train. Covert military actions, always wondering if I was gonna get lifted when I got off the train. I could never relax until I got home and closed my front door. Home, safe, spliff time, relax.

As before, I’d hire cars or vans to go anywhere and everywhere. Up North, down South, East and West. Sometimes filling spaces in the hire van with people I didn’t even know, just to get there and I rarely let someone else drive home. There were also times I’d thumb a lift and go with others. I would often stay there when they wanted to all leave and end up having to make my own way home, that was a journey itself as you can imagine.

By 1992 a couple of my close mates, friends who are still close to this day, were getting a bit concerned on how much I was doing because I was constantly at it. Off every weekend with anyone. I guess my subconscious felt I was a year behind on my rave ladder and need to catch up. Throughout all this, there were only two times where I thought I’d genuinely lost it. I used to think of it as going through a door and closing behind me. On one of those nights, I mixed strong microdots with ecstasy. “That’s it, your here now, on the other side, this is what it’s like, this is you for the rest of your life, no come down”. I had gone through the door and closed it.

Jun '93

These were scary moments, all very off putting… Until the next big rave of course. In 1992 I met a new girlfriend. We did some raves together and started going to all the house nights that were being held in all the big clubs. The big raves had moved inside to smaller, more exclusive clubs. By then, I had a shop, selling all the sought after dance music. I was now making a comfortable living, doing something I was passionate about, that I loved. Another bonus of this new career was getting onto the guest lists of the raves and clubs.  We were still doing ecstasy, the occasional acid trip. The buzz was the same but the venues were warmer.  I started to calm right down during 1994 and became just an occasional user. Doing hardly anything during 1995.

Well… That relationship lasted four and half years.

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It was a crazy, wild, colourful and truly unforgettable journey with a thousand more stories. A story deserved in each of my buddies alone. Maybe one day I’ll write a book…

As for me, well, I wouldn’t change a thing.

#tuttioi

BOXEO CUBANO

El boxeo llega a Cuba desde los Estados Unidos en la primera década del Siglo XX después de la fundación de la República en 1902. A principios de 1900 algunos caza talentos llegaron a Cuba para buscar púgiles entre los negros cortadores de caña. Sin embargo, el boxeo comienza a coger fuerza en la isla mucho más adelante, cuando las relaciones entre Cuba y la URSS se empiezan a afianzar. Muchos entrenadores rusos van a la isla, es entonces cuando se empieza a desarrollar en  las escuelas de boxeo cubanas un boxeo diferente al resto del mundo, un boxeo que se basa más en la movilidad que en la pegada, en golpear y no ser golpeado.

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Se forman cientos de centros de entrenamiento por todo el país, donde se acogen niños desde edades muy tempranas sacándolos de las calles para que lleven una vida de deporte y buenos hábitos, viéndose así estos centros en muchos casos como centros sociales para la juventud cubana donde poder huir de la mala vida. Los grupos de niños entrenan cada jornada con la mirada fija en un sueño, convertirse en campeones de boxeo. La meta es complicada, llena de golpes, obstáculos y magullones, donde los medios utilizados para entrenar, no son a veces los más apropiados. En muchos casos el material de entrenamiento se consigue mediante donaciones de gente extranjera o de padres de los alumnos. Todo esto es compensando con la ilusión y las ganas de aprender de estos jóvenes púgiles.

Lanzar golpes puede parecer fácil, quizás por eso la mayoría de los cubanos asumen que tienen talento natural para el boxeo. Pero la verdad es que para alcanzar la maestría en el pugilismo se requieren años de práctica y consagración. Por eso los entrenadores señalan los nueve años como la edad idónea para comenzar el adiestramiento.

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En Cuba no existe el boxeo profesional, el boxeo cubano se rige mediante las reglas del  boxeo olímpico, es un boxeo amateur, buscando así salvaguardar la salud del boxeador más que la espectacularidad o el show. Se busca un estilo en el que se le da importancia a las piernas, esa es su base y la que más se trabajan los pasos, los desplazamientos y los giros de cadera. Esto hace que a la hora de la defensa bajen mucho la guardia ya que las esquivas de golpes las hacen mediante los pasos y desplazamientos. Dar y que no te den, ese es el ABC de la escuela del boxeo cubano. Por todo esto, Cuba es la mayor potencia a nivel mundial del boxeo amateur.

Es importante destacar el papel de la TV cubana en el boxeo. En la tv pública hay 2 cadenas importantes a parte de las locales, donde el 90% de la programación gira en torno al deporte, y mucho dedicado al boxeo, convirtiéndolo junto con el béisbol en el deporte más seguido e importante del país. Esto hace que el boxeo tenga mucho seguimiento, ya que todos los campeonatos provinciales se retransmiten por dicho canal. Mediante estos campeonatos provinciales es por donde los seleccionadores cubanos eligen a los seleccionados que representarán al equipo nacional cubano de boxeo en los mundiales.

El torneo más importante es el torneo Nacional, aquí es donde los chavales ven la posibilidad de llegar a las olimpiadas o dicho de otra forma, la posibilidad de salir de la isla y conseguir un gran contrato para poder vivir de su amado deporte. Los campeonatos tienen un nivel altísimo, donde no es nada raro encontrar campeones mundiales amateur o incluso alguno olímpico.

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Uno de los máximos exponentes del boxeo cubano, fue Teófilo Stevenson Lawrence. Fue el segundo atleta de la historia en lograr ser triple campeón olímpico en boxeo. Un mito reconocido como el mejor boxeador amateur de la historia. Se llegó a rumorear con una pelea con Mohamed Alí. Decían que Teofilo podría haber vencido, pero las negociaciones no llegaron a buen puerto. Hasta el mismísimo Fidel Castro participó en dichas negociaciones. Una de las claves por las que no se dio la pelea fue porque los cubanos exigieron que la pelea se hiciese bajo las reglas amateurs y en Cuba, cosa que primero Ali y segundo su promotora rechazaron. Teófilo rechazo hasta dos millones de dólares por ir a pelear a USA por su amor a la patria cubana. “¿Qué son 2 millones de dólares comparados con el amor de 8 millones de cubanos?”. Esa fue su respuesta.

Cabe destacar que durante la época de verano, no es nada raro encontrar a muchos europeos entrenando en los gimnasios locales, encontrandose a gente de grupos ultras europeos como es el caso de la Gate 13 del Panathinakos, donde es muy común encontrar a varios miembros de su grupo entrenando allí en la Habana.

Txorimalo

Mas cerveza, por favor.

En diferentes lugares de nuestras ciudades podemos encontrar máquinas expendedoras con todo tipo de cosas. Desde bocadillos, dulces, salados, bebidas, hasta juguetes sexuales, espuma de afeitar, geles, etc. Restaurantes de autoservicio donde poder servirte tú mismo… pero en el barrio neoyorquino de Williambsburg (Brooklyn) van más allá,  The Randolph Beer acaba de montar un cajero automático de cervezas artesanas en una pared dentro de su restaurante para que los clientes se sirvan cervezas al gusto y combinen sus platos favoritos. Esta idea ya la había visto en un restaurante de la ciudad portuguesa de Porto, donde había diferentes vinos,  metías el dinero en la máquina, y te servía una copa tan llena como dinero metieras.

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Esta pared tiene 24 grifos de cervezas artesanas, la mitad de cerveceras locales de la ciudad, etiquetadas con el nombre, la cervecera, país de origen, porcentaje de alcohol y sabor. La forma de servirse es sencilla, pides una tarjeta al vendedor en la caja, elijes las cervezas que quieras, elijes la medida, pones el vaso y te echas todas las veces que te apetezca. Cuando estés hasta el culo de birra le das la tarjeta al vendedor y te cobra, así de fácil.

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Los pasados 29 y 30 de Abril, y 1 y 2 de Mayo, el Museo del Ferrocarril de Madrid nos ofrecía otra ineludible cita cultural en la ciudad: el Mercado de la Cerveza Artesana.

Para quienes no lo conozcan, el Museo del Ferrocarril se sitúa en lo que antiguamente era la estación de Delicias, y en su interior se conserva una completa colección de material histórico ferroviario, desde los vehículos (de locomotoras a vagones de viajeros) hasta todo tipo de piezas, elementos, fotografías o recreaciones que ilustran las diferentes profesiones relacionadas con el ferrocarril a lo largo de su historia.

Este lugar es conocido por sus actividades, bien sean relacionadas con el ferrocarril en sí, como ferias de juguetes, mercadillo de modelismo, o el famoso “Mercado de motores” (que no tiene nada que ver con su nombre), que está inspirado en los mercadillos tipo Portobello o Camden Market de Londres (para que os hagáis una pequeña idea).

Pero lo que nos llevó al Museo del Ferrocarril este pasado fin de semana fue la cerveza. En el exterior de la estación, se situaban alrededor de unas 60 carpas dedicadas, en su mayor parte, a la craftbeer, mientras que las restantes te lo ponían fácil para meter algo sólido y que la cerveza no cayese a plomo en el estómago. 

Contaban también con una programación musical y otra de cursos, talleres y catas (al precio de 10€ por taller/cata).

Pero centrándonos en el bebercio, que es lo que nos llevó allí, la mayor parte de los stands contaba con grifo y botella, y ofrecían, en cada uno, 2 ó 3 variedades de sus productos.

En la entrada del mercado, había que comprar el vaso (de cristal, 2€) que te acompañaría por tu ruta cervecera. 

Empezamos calentando motores visitando a mis vecinos de Monkey Beer, y nos tomamos una caña de su Akira (que particularmente me gusta bastante): una Pale Ale suavecita (5,5%) con sabor cítrico y afrutado. También me dieron a probar lo que, intuyo, será su nueva cerveza: la Rosemary (con toques de romero y hierbabuena). Y digo que lo intuyo porque había tanta gente que era imposible pararse a hablar.

Siguiendo nuestra ruta, la siguiente cerveza que probamos fue la Amber Eyes, una Golden Ale de los ingleses Greyhound Brewery. También bastante suave (4,2%), con aroma a flores (sí, a flores) y un toque amargo al final que le quedaba bastante bien.

Luego visitamos el stand de Villa de Madrid para probar su Chula IPA (6,5%), con su característico color cobrizo y una alta lupulización, y a continuación nos dirigimos al stand de Freaks Brewing, ya que quería probar directamente del barril una de sus cervezas que ya había probado en botella: la Lord Cobra, una IPA (6,0%) de color dorado y una espuma densa que la hace muy característica (de esta que se te agarra al bigotillo), además de un marcado sabor a mango y lima.

Nos pasamos también por el stand de la gente de Founders Brewing, para tomarme una All Day IPA (4,7%), previo paso a lo que para mí sería el mayor descubrimiento de este evento.

Nuestros pasos nos llevaron a conocer a la gente de La Calavera, dos chavales cojonudos, por los cuales nos dejamos recomendar. Primero nos sacaron su Batard Fruit, una Belgian Strong (9,2%) envejecida durante 6 meses en barricas de vino dulce y fermentada junto a frambuesa.

Luego nos dejaron catar la Horse Piss, una Sour Ale ácida, refrescante, “una locura” en boca de uno de los chavales y, para mi gusto, vinagre puro, a lo que los dos asintieron, con lo cual no iba muy desencaminado.

Y llegó el pepinazo. Disorder, una Imperial Amber Chilli Whisky Barrel Aged (9,3%), que entra bien, dulce y agradable, y que te remata dejándote ese picante en boca y garganta. Una cerveza muy curiosa, sin duda. “¡Volveréis luego a por otra!”, nos dijo uno de ellos. Y sí, efectivamente, salimos del recinto para comer algo (porque un gallego no paga 7 pavos por un bocata de calamares por grande que sea) y volvimos a por otra.

Había muchos más stands de muchas más cervezas: los cada vez más omnipresentes de La Virgen, Oceanía (ambos dentro de la organización del mercado), Arriaca, La Coruja, La Pirata, Bidasoa Basque Brewery, La Quince… Como dije al principio, cerca de 60 carpas que, para nosotros, en un día, era imposible visitar. Buena idea por parte de la organización hacerlo coincidir con el Puente de Mayo en Madrid y que el evento se alargase 4 días.

¡Salud!

ExiliadoRCD

TapRoom Coruña

Para todos los amantes de la cerveza llega un nuevo concepto ya instalado en ciudades como Madrid o Barcelona. Nuestro amigo Manuel, amante del buen fútbol y de la buena cerveza, trae a nuestra zona Taproom Coruña. Es un amplio y bonito local de 425 m2 donde podremos disfrutar de sus 20 grifos de cerveza. Alrededor de la mitad, son rotativos de cerveza artesana de diferentes lugares del planeta.

No solo es beber en este lugar,  también podremos llenar la barriga con hamburguesas, raciones o con carnes hechas en su maravillosa parrilla.

No dudéis en pasar por la Rúa do Polígono 32, El Temple, a pocos minutos de nuestra ciudad y disfrutar de algunas de las cervezas de Naparbier, Brewdog, Brouwerij kess, entre otras, y de paso por qué no acompañarlas con unas sabrosas alitas de pollo a la parrilla.

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